20-1-11 Dejémonos de mandangas y actuemos

Permitidme un breve introito con una noticia de la que todavía no me he recuperado; me llegó en una de esas soporíferas cadenas de correos que hoy me servirán de base para el artículo del Blog; hasta tal punto pensé que había trampa en ella que acudí directamente a la página del Boletín Oficial del Estado, cuyo enlace os incluyo aquí mismo para vuestra información, aclarando un solo detalle: la Gran Cruz de Carlos III incorpora en su centro la imagen de la Purísima Concepción. Sin comentarios. http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2010-17123 

No es una gran cascada pero me mojé en ella, la sentí    Y ahora, a lo que toca hoy. Aunque he pedido a mis contactos que no me envíen las infumables cadenas de correos con mensajes interminables para obtener la felicidad infinita, consejos sobre cómo ser mejor que nadie, superar cualquier adversidad, fotografías maravillosas de cascadas de agua, puestas de sol, niños, perritos, gatitos, música enternecedora, y cuanta cursilería y falta de originalidad es imaginable, sigo recibiendo más de uno y de dos al día. Reconozco que algunos de sus contenidos son muy válidos al igual que lo son  determinados libros de autoayuda, cursos de perfeccionamiento personal, y, en fin, lo que en el lenguaje de la modernidad, se llama coaching. O sea, un mejor conocimiento de uno mismo y de sus prójimos, y propuestas para ayudarnos a crecer interiormente.

Os comentaba no hace mucho en esta mesa camilla: “Cagamos sin controlar el esfínter; la velocidad del consumismo, la prisa con la que se nos ceba de lo que ni siquiera hemos pedido, deseado o necesitado, nos impide ensalivarlo, saborearlo, digerirlo, nutrirnos, enriquecernos por dentro, crecer, sentir. Sólo tragamos a toda prisa y cagamos sin parar” Perdonad que me cite a mí mismo pero viene a cuento ahora y creo que, al margen de la rudeza del lenguaje, deberíamos reflexionar siquiera cinco minutos al día sobre esa realidad. El consumismo no es sólo de objetos materiales, lo es también, y cabe que más, de frases hechas, propósitos sin fin, ilusiones que nunca intentamos seriamente aproximar a la realidad, discusiones y debates en los que nadie escucha y todos gritan a la vez, unas veces en la radio o la televisión, otras en la barra de un bar, otras alrededor de la mesa del comedor de casa.

A propósito de esto último, el domingo pasado, presentes seis extraordinarias mujeres, amigas genuinas, mientras daban cuenta y loaban la sencilla comida que les había preparado, discutían todas a la vez acaloradamente sobre aspectos de política local, con frecuentes escapadas a otros temas que iban y venían, con relación o sin ella con el asunto central. En un momento de efusiva excitación dialéctica, levanté la mano como hacíamos en el colegio para que nos permitieran hablar y, cuando cayeron en la cuenta de mi gesto y optaron por callar un segundo, dije con voz suave y conciliadora: “sólo sé una cosa, que después de esta dura batalla verbal cada una de vosotras seguirá pensando exactamente lo mismo que antes”.

Imagino lo que os estáis preguntando: ¿qué tendrán que ver las cadenas de correos electrónicos, el consumismo y los esfínteres, y la discusión durante un almuerzo? Tiene que ver. Y además me parece una cuestión trascendente en el camino hacia una vida plena: es imposible introducir algún cambio positivo en la propia conducta si uno no lo “etiqueta” como prioritario, y resulta imposible dar prioridad a demasiados compromisos o intentos a la vez. Este escribidor, no estando sujeto a un trabajo de ocho horas diarias fuera de casa, tiene verdaderas dificultades para llevar a buen término escasos propósitos consigo mismo. Durante los dos últimos cursos lectivos, decidí implicarme en mejorar el nivel de inglés a lo que dediqué bastante tiempo y esfuerzo y sólo lo conseguí a medias; además de ello, puse en marcha este Blog que también era un deseo sentido al concluir el libro que le dio nombre, y en ocasiones me ha costado un considerable esfuerzo escribir los artículos con cierta asiduidad (últimamente, procuro que sea quincenal); un tercer y último propósito de estos 24 meses fue hacer algún trabajo de voluntariado, al que, dentro de la asociación local de Proyecto Hombre, le vengo dedicando unas horas a la semana. El resto de los desafíos que me marqué han fracasado a pesar de ser libres, disponer de tiempo, tenerlos bien definidos y no ser excesivos. 

Si no nos sentimos plenamente satisfechos con nuestra vida, y no creo que nadie lo esté al 100%, rehusemos introducir en ella demasiado ruido: tertulias radiofónicas, correos, periódicos, revistas, radio, televisión, Internet, difamaciones, consejos sin fin, discusiones estériles, cotilleos y un largo etcétera. Rechacemos intentar varios cambios simultáneos en nuestra vida. Comencemos por uno o dos; como mucho, tres. Hay uno que os recomiendo vivamente a todos: tomar conciencia de lo que hacéis en cada momento; sea leer, cocinar, pasear, tomar una ducha, lavarse los dientes, fregar los platos, pasar el aspirador, escribir, jugar al tenis, hacer el amor, oír música… Parece sencillo pero no lo es. El Zen consiste básicamente en eso y funciona. Tampoco es sencillo dejar la mente en blanco aunque solo sea un par de minutos, probadlo; enseguida os vienen duendes a la cabeza. Ambos ejercicios mentales están relacionados y son excelentes: 1) Concentración en la acción, y 2) Meditación o dejar la mente vacía. Convienen a cualquier persona y son una base extraordinaria para emprender otros compromisos de cambio. Si no somos capaces de pensar sólo en lo que estamos haciendo en cada momento ni de dejar en blanco la mente dos o tres minutos al día, difícilmente podremos obtener otras metas.

La vida es eso que se nos escapa mientras nos quejamos de ella    No podemos ni debemos cambiar el mundo porque cada cual lo intentaría a su antojo y menudo lío. Pero podemos y nos vendrá bien ir modificando nuestra percepción del mundo y nuestra relación con él, entendiendo por tal lo que nos afecta cada día: el entorno, la familia, los amigos, la ciudad, el vecindario, el país, el trabajo o el desempleo, el estudio, el ocio, la relación de pareja, los hábitos sanos y los malsanos. Poco a poco, estableciendo prioridades y etiquetándolas en nuestra conciencia como verdaderamente importantes. Atravesamos un apasionante momento histórico de transformación del modelo, de cambio de ciclo, a una velocidad vertiginosa con infinidad de contradicciones,  paradojas, injusticias y zafiedades difíciles de asumir, pero también de oportunidades. Disponemos de suficiente libertad de elección para influir en la medida de nuestras posibilidades en el modelo que queremos: actuemos. Dejémonos de mandangas, no perdamos el tiempo en críticas y lamentos estériles y reiterativos. Busque cada cual cómo quiere vivir su propia historia. No recuerdo quién dijo que la vida es algo que nos sucede mientras hacemos planes. Yo sería más radical: la vida es algo que se nos escapa mientras nos quejamos de ella; y, por el momento, sólo tenemos una. Vivámosla intensamente y lo más ajustada posible a nuestros sueños y valores.

7 Comentarios

  1. Javier
    Mar 23, 2011

    Sacar la cabeza por la ventana al levantarme, dar gracias por estar vivo y sano, pensar que voy a hacer hoy por el mundo, sentir el calor del sol o el aire frio y deleitarme mientras desayuno esta siendo mi receta para vivir mejor la vida.

  2. Ramón
    Ene 31, 2011

    Querido Luis.
    He releído con deleite este post varias veces antes de decidirme a expresar mi opinión. Soy, bien lo sabes, de los que presume de gustarle discutir por discutir, en el bien entendido de que las discusiones en las que entro lo son dialécticas, sin ofensa, defendiendo mis ideas y contradicciones. Me has oído decir que mis temas preferidos son la política, la religión y el sexo. Una lástima que no me guste el fútbol. Es decir, justo los asuntos en los que nadie puede convencer a nadie y que los que las palabras resultan vacías de contenido convincente, con argumentos que nunca resultan válidos para el oyente y que siempre son rebatidos con igual ardor. Pues bien, estas discusiones me gustan, lo reconozco, mea culpa. Supongo que, en el fondo, soy una víctima del tiempo que me ha tocado vivir. El pensamiento único no está hecho para mí. Las discusiones, lejos de ser estériles, cuando son civilizadas, fertilizan nuestras ideas con nuevas perspectivas, nos enseñan que ni somos el ombligo del mundo ni poseedores de la verdad absoluta, que nada es blanco ni negro y que los matices de grises son incontables. Permiten conocer más íntimamente a la persona con la que tienes el intercambio de opinión, y el respeto mutuo se antepone a todas las diferencias ideológicas, sociales y raciales. Respetar no es sinónimo de callar. Viva la diferencia.
    Avísame cuando engroses las filas de los Hare Krishna. Con el moreno, el color naranja sienta muy bien…
    Ramón

  3. PEPE
    Ene 26, 2011

    Querido Luís. Me ha gustado mucho mucho este último artículo –o post como se dice ahora- del blog. Como casi siempre, coincido contigo, es más, me has recordado aquello de la meditación –trascendental decían algunos-, que hace ya tanto no practico…aquello de dejar la mente en blanco unos minutos es algo que hay que disfrutar y que es casi terapéutico, diría yo…la verdad es que con esta vida tan acelerada que te pide días de 40 horas no hay tiempo para nada, pero desde ya me hago la promesa de intentar sacar unos minutos al día para meditar, para dejar la mente en blanco…y recuerdo que no es sencillo llegar a ese abstraimiento.
    Aquello de la concentración en la acción sí es algo que siempre he intentado practicar. Poner el alma en lo que haces. Como me decían al poco de iniciar mi carrera en las armas, pon ganas, empeño, energía en lo que haces…así aunque te salga mal, tu esfuerzo importará más que el resultado. Además quien pone los cinco sentidos en lo que hace disfruta más mientras lo hace.
    Creo que alguna vez hablamos de ello, pero creo que sería bueno para todos, para tomar conciencia del mundo, de la vida propia, viajar. Conocer cómo es este vasto mundo, cómo viven otros…para relativizar problemas, para vivir, para dedicar el tiempo a vivir, no a quejarnos de la vida, como bien dices…para otorgar a cada problema su verdadera dimensión y aprender a enfrentarlos, a ver la parte positiva de cada tropezón en este deambular…y sobre todo, a tener empatía con nuestros coterráneos.
    Perdona que esté un poco desconectado pero aquí no siempre hay tiempo ni ancho de banda.
    Un fuerte abrazo.

  4. guapaterro
    Ene 23, 2011

    eres un crack 😉

  5. Jesus y Mercedes
    Ene 20, 2011

    Hola Luis.
    Esto me hace recordar, un día que no quice hacer nada de lo que solia hacer todos los días, me fuí a Málaga.
    Desayunar, ir de tapas, visitar museos, merendar churros con chocolate, descubrir una Málaga distinta, siempre la visitaba para papeleos o males.
    Algo tan simple, y disfrutar tanto, hay que pasar de la rutina diaria, si se puede claro.
    Ese día no estaba en mis planes, y es verdad que la vida se nos escapa, mientras nos quejamos de ella.

  6. Curra
    Ene 20, 2011

    carpe diem…. mi amiga Milagros dice que a mi se me nota en la cara.

  7. Adelaida
    Ene 19, 2011

    Muchas cosas importantes en pocas líneas.
    Un día en el que me quejaba de pérdida de memoria, una amiga me dijo: -no se te olvidan las cosas, lo que pasa es que no estás concentrada en lo que haces-.De forma que, a partir de los cincuenta: CONCÉNTRATE EN LO QUE HACES EN CADA INSTANTE.
    Si a principios de año haces una lista de propósitos, valora los resultados antes de enunciar los nuevos para el siguiente año.
    Cuando un amigo te invite a su casa, deja la agresividad y los zapatos a la entrada: que la conversación gire sobre lo que os une y no sobre lo que os separa.
    Creo que fue Jonh Lenon, quien dijo “La vida es lo que nos sucede mientras hacemos planes”.
    Escuchemos a los demás, aunque después sigamos pensando lo mismo, la razón absoluta no existe y “como dijo alguien que no recuerdo”: Todo cambia tan deprisa que para cuando tenemos las respuestas ya nos han cambiado las preguntas.

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