30-3-2010 ¿HASTA DÓNDE QUEREMOS LLEGAR CON LA DICHOSA IGUALDAD?

Soy consciente de que me meto en terrenos procelosos, pantanosos y hasta movedizos. Sé que lo que voy a tratar en este artículo no es políticamente correcto, pero como tal me defino en el encabezamiento de mi propio Blog. Quiero creer, con sinceridad, que cuantos visitan estas páginas practican y defienden la libertad de pensamiento y que sabrán admitir opiniones distintas a la propia e incluso contrarias a la moda y a la corriente general.

       Dicho lo cual a modo de defensa preventiva, me pongo manos a la obra para explicar por qué me hago la pregunta que encabeza este artículo. Se ha celebrado este fin de semana una reunión (encuentro se dice ahora) de mujeres dirigentes en Valencia, entre ellas la reina de España, la vicepresidente de nuestro gobierno, la ex presidente de Chile, la presidente de Liberia y otras mujeres con mando en plaza, algunas con mucho mando, como es el caso de la alcaldesa de Valencia, doña Rita. El lema de la reunión era algo así como “Mujeres para un mundo mejor”. Si una palabra prendiera fuego cada vez que es pronunciada, Valencia habría sido de nuevo una enorme falla a partir de la palabra “igualdad”. Ni qué decir tiene que al susodicho encuentro no podía faltar ni faltó la ministra de la cosa, o sea doña Bibiana.

      Personalmente me aburre sobremanera, por no decir que me cabrea hasta el paroxismo, esta cansina y monocorde obsesión con la igualdad. ¡Pero si somos diferentes! Somos diferentes, aunque todos compartamos la condición humana, los listos de los tontos, los pobres de los ricos, los blancos de los negros, los bondadosos de los hijos de puta, los oprimidos de los opresores, los bomberos de los pirómanos, los pederastas de los respetuosos con la infancia, los creativos de los burócratas, y por supuesto, somos diferentes las mujeres de los hombres. Diferentes por fuera y por dentro. Diferentes en funciones primordiales para la perpetuación de la especie. Diferentes en la forma de expresar y sentir el afecto, el amor y el rencor. Diferentes en cómo afrontamos la toma de decisiones, en longevidad, en hábitos, en vestimenta, en hormonas, en estatura media, en fuerza física, en la prevalencia de enfermedades, en la capacidad de sufrimiento… ¡Somos tan diferentes! ¿A cuento de qué nos pasamos el día hablando de igualdad? ¿Cómo puede igualarse por huevos lo que es diferente?

      No soy un retrógrado, en absoluto. No pretendo volver a la caverna ni defender el código social entre mujeres y hombres vigente en unos cuantos territorios del mundo actual con los que, para otros aspectos, somos tan condescendientes. No. Defiendo sin reservas la equiparación o equivalencia total, absoluta y real de derechos y obligaciones para todos los ciudadanos del mundo. Pero equivalencia no siempre es igualdad: un euro equivale actualmente a 1,35 dólares, pero no es lo mismo. Dos paquetes de medio kilo de garbanzos equivalen a un paquete de un kilo, pero no es igual: los primeros son más pequeños, más manejables, más versátiles, pueden colocarse separados o uno al lado del otro mientras que con el de kilo no tenemos esa posibilidad. No son iguales, pero son equivalentes. Con un euro podemos comprar en España cualquier cosa que tenga ese precio o inferior, pero con 1,35 dólares es posible que no nos despachen nada en las tiendas de nuestra ciudad, a pesar de ser equivalentes. Vale lo mismo pero no es igual.

      Mujeres y hombres somos equivalentes, merecedores de derechos y obligaciones  equiparables, pero NO somos iguales. Estamos emperrados en igualar, por ejemplo, las obligaciones en la crianza de la prole. Lo considero aberrante. El padre pone su parte, la semilla o semen, la madre pone mucho más: su cuerpo entero durante casi un año, puesto que su naturaleza y fisiología cambian en este periodo bastante más que en el simple aspecto de su abdomen. Alumbra ella y sólo ella, aun cuando el marido pueda asistir a la sala de partos. Y amamanta ella, exclusivamente ella, aunque el hombre podría dar un biberón al bebé y, por supuesto, limpiarle, bañarle, cambiarle, acariciarle y cogerlo en brazos. Los latidos que el recién nacido identifica una vez llegado a este mundo son exclusivamente los de su madre porque, durante una eternidad para él, los sintió mientras flotaba en su líquido amniótico. La madre representa para el desarrollo psicológico, afectivo y social del niño unos modelos diferentes a los que representa el padre.

      Pero no sólo en este ciclo de la vida del hombre y la mujer, la paternidad y maternidad, se ensancha la diferencia. El rendimiento femenino en determinadas tareas domésticas, sociales, deportivas y laborales es diferente, mayor a veces, menor en ocasiones, al del hombre. La mujer tiene durante su vida fértil un ciclo fisiológico nada desdeñable, como bien sabéis muchas de vosotras, que no tiene el hombre. El otoño de este ciclo tampoco es igual que la andropausia o climaterio masculino, sino más complejo y difícil, por lo general. La violencia física en la relación de pareja, drama que nos asola día sí y día no, es ejercida casi exclusivamente por el hombre, mientras que el acoso psicológico, más taimado y silente, suele provenir de la mujer. Porque son conglomerados mente-cuerpo distintos, diferentes, por mucho que nos empeñemos en querer, ¿realmente lo queremos?, que sean iguales.

      Delegar en el estado o las instituciones la educación de la prole puede ser razonable, incluso conveniente, cuando el nacido ha superado los cuatro años pero no antes, porque cada día hay más indicios de que en esa primera etapa vital en el diseño del carácter y la personalidad, del que dependerá la felicidad del nuevo ser, debe ser tarea indelegable de los inmediatos: madre y padre preferiblemente. Ya sé que hay casos de todo tipo y que niños criados en guarderías han salido hermosos, rollizos y hasta inteligentes. Incluso niños abandonados en contenedores han salvado su vida. Las excepciones sólo confirman la regla.

      El mercado requiere productividad para afrontar la competitividad internacional y debe contar con los factores de producción más rentables. En determinados puestos de trabajo la mujer ha sido más productiva que el hombre; en otros resulta todo lo contrario. Porque somos diferentes. En los últimos 30 ó 40 años se ha modificado más el modelo de igualación de funciones del hombre y la mujer que en toda la historia precedente de la humanidad. En ensayos clínicos de mucha menor repercusión universal, se prueba y se observan resultados, a veces durante decenios antes de lanzar un nuevo producto. En la fiebre por la igualdad no estamos aplicando el método científico. Hemos partido de la base de su infalibilidad y no nos estamos dando tiempo para comprobar si realmente es así o puede tener fatales consecuencias para la mejora de la especie y su felicidad en la edad adulta.

            No seamos tan tercos como en el cambio de horario: sabemos ya que no supone ahorro alguno de energía y seguimos erre que erre cambiando la hora dos veces al año en todo el orbe occidental, creando molestias, alteraciones e ineficacias sin razón alguna ya. El reloj se inventó para no tener que mirar continuamente al sol y las estrellas. Es absurdo cambiar los relojes pretendiendo alterar lo que, en realidad, deben señalar: el mediodía, la medianoche, y los intervalos horarios intermedios. ¡Pues no señor!, en Marbella, por ejemplo, cuando nuestros relojes ya marcan las dos y 20 de la tarde, es cuando el sol está en el mediodía. ¡Y tan felices! En lugar de ajustar nuestras actividades a la luz solar, cambiamos los relojes. No hagamos lo mismo con el avance atropellado de la igualdad. Si somos diferentes, vayamos despacio, chequeando las consecuencias de los pequeños avances, sin dejar de perseguir, eso sí, la equiparación o equivalencia real de derechos y obligaciones: pero hasta ahí, sólo hasta ahí.

9 Comentarios

  1. Ramón
    Abr 8, 2010

    Maravillosa e ilustre Adelaida:
    Debieras explayarte más en tus comentarios, es una delicia leerte.
    Lúcida y clarividente tu anécdota Kenyata.Viajar abre la mente y el espíritu.
    Desafortunado, por excesivo e incierto, el comentario de que llamar machista a Luis sería insultar a los machistas.
    Recuerda que, en este país, las mujeres sois más machistas que los hombres.
    Como mucho Luis es, al igual que yo y que todos los hombres, un poco misógeno.
    Intentamos que no se nos note, pero a veces el subsconsciente nos la juega..

  2. Adelaida
    Abr 7, 2010

    Con tu artículo de este mes has hecho que recuerde un viaje que hice hace tiempo a Kenia, paramos en un poblado Masai, compuesto por una docena de chozas, reunidas dentro de un cercado. Las mujeres se afanaban por limpiar, cocinar, lavar y atender a los pequeñajos, además hacían collares y pulseras con abalorios, que después nos vendían a los turistas. A unos metros del cercado, unos niños, chicos y chicas, aún en edad púber, cuidaban del ganado. A pocos metros de la entrada, los hombres de la tribu, sentados en el suelo hablaban y extendían unas piedras sobre la tierra.
    Intrigada le pregunte al guía que era lo que hacían los hombres de la tribu y con la mayor naturalidad me contestó: -Son guerreros masai y se preparan para la guerra-.
    En kenia no hay guerra desde hace mas de de cincuenta años.
    Los guerreros masai matan animales para entrenarse, no se los comen, se considera un signo de pobreza, para comer tienen las vacas, cabras y ovejas… que cuidan y ordeñan los niños.
    Hay sitios donde queda mucho por hacer….
    http://www.100destinos.com/imagenes/masai-mara-kenia.jpg

  3. Adelaida
    Abr 5, 2010

    Podría llamarte machista, pero sería un insulto para los machistas…….y además no sería justa contigo. Mira si hace años que te conozco y no dejas de sorprenderme.
    Si me pidieran que resumiera en pocas palabras lo que constituye tu esencia diría que eres todo un caballero, de esos que a una mujer le hace sentir querida, mimada y valorada.
    En un correo personal entro a valorar con mas detalle tu artículo, aquí extraigo solo algunos comentarios para no extenderme:
    Dices: ¿Cómo puede igualarse por huevos lo que es diferente?
    De todos es sabido la escasa aptitud para la reflexión de los hombres, especialmente cuando no les interesa, las mujeres no pretendemos ser iguales en los colgajos, a los que haces referencia en el texto, de hecho nos parecen unos apéndices poco estéticos y que ni si quiera suelen cumplir su función en el tiempo y forma para la que fueron fabricados. Lo que queremos es que se reconozca que cuando hacemos el mismo trabajo, se nos pague el mismo salario, que cuando tenemos actitud y conocimientos para acceder a un puesto de trabajo se nos valore con el mismo baremo que a los hombres, sin pre-juicios. Si fuera sí, no harían falta cupos.
    Me temo que para ti esto es solo una cuestión semántica, deberíamos cambiar la palabra igual por equiparable y así resolveríamos de inmediato la cuestión.
    Dices: En determinados puestos de trabajo la mujer ha sido más productiva que el hombre; en otros resulta todo lo contrario.
    Si escribes la frase al contrario, te encontraras con el responsable de muchos de los desaguisados. La avaricia tiene nombre de mujer, por eso es tan perseguida por los hombres. Solo seremos iguales cuando una mujer incompetente acceda a la presidencia de una empresa del Ibex 35. Lo dijo Cristina Alberdi, Juez y Magistrado del Supremo. Yo lo suscribo.
    Dices que vamos demasiado deprisa en los cambios. ¿Mas despacio? Hace un siglo que las mujeres dijeron ¡¡basta ya!! Y eso después de que durante cientos de miles de años los hombres impidieran lo que era natural, aunque tu no lo veas así. Hoy las universidades están llenas de mujeres, que en la mayoría de los casos obtienen mejores calificaciones que sus compañeros varones, ellas son las que dictarán las reglas de equivalencia pasado mañana y estoy segura de que lo harán buscando lo mejor para todos porque beneficio tiene nombre de hombre y a la mayoría de las mujeres, nos encantan los hombres.

  4. Jose
    Abr 2, 2010

    Jesús!, que polémica. Efectivamente te metes en unos berenjenales que…Creo que lo que expresas en este artículo algunos no lo entienden bien. No estás defendiendo la injustícia, si la igualdad de derechos y obligaciones. Somos personas. Y vamos a olvidarnos de “los hombres y las mujeres”. Como tales, personas,debe existir esa igualdad, pero no existe como género. Observo en algún comentario referencias a Jesús y a la religión, y estamos con lo mismo. La católica, ha crecido bastante en amplitud de pensamiento al contrario que otras en las que la mujer, por el simple hecho de serlo, está relegada a ser un fantasma. En algunos pasajes de Corán, queda fielmente reflejado. Por favor, olvidémonos de la religión en ese aspecto, que aunque es cierto que siempre ha manipulado a la sociedad para poder perpetuarse hasta el infinito, algunas han avanzado mientras otras condenan al ostracismo a la mujer y nadie parece oponerse a ello. Que en los consejos de dirección de las empresas, que son privadas, no lo olvidemos, opten a los puestos de responsabilidad las personas mejor cualificadas para ello, independientemente del género. Que sea el acuerdo mutuo el que prevalezca en las relaciones de pareja sobre los asuntos domésticos. Y si efectivamente se dan casos de desigualdad en los salarios entre hombres y mujeres en igualdad de funciones, ¿ donde están los sindicatos?, los comités de empresa…¡venga ya!. Estoy totalmente de acuerdo en lo que has escrito. Felicidades.

  5. Mercedes y Jesús
    Mar 31, 2010

    Hola Luis:
    claro que somos diferentes, pero existe la injusticia entre hombres y mujeres en la igualdad de derechos y reponsabilidad en el trabajo.
    Creo que la mujer deberia de protestar, porque en unas opocisiones para policias o bomberos, las pruebas fisicas para las mujeres son inferiores, desde aquí animo a todas las mujeres a que subais seis metros de cuerda y no cuatro, y asi todas las pruebas, para demostrar que no sois inferiores.

  6. Cristina Guerrero
    Mar 31, 2010

    …pues nada lo siento se corto la conexion, si es que ya se sabe que las mujeres y la informatica no puede ser, siempre tocando alguna tecla que no habia que tocar.
    Y entonces… ah, que estabamos debajo de la falda, donde todo esta bien si se quiere, pero no cuando es asi, que quieras o que no.
    Y cuando no hay igualdad esas cosas no se pueden discutir , ni se pueden rechazar, y los que no tienen los mismos derechos no se pueden defender.
    No pueden defender ni a sus hijos, ni a sus hijas del abuso de poder de los hombres.
    A proposito, me enterado que el rey de Inglaterra tiene todavia derecho de pernada entre sus subditos, y aunque no lo utilice, esa ley es igualemente humillante para las mujeres, para sus maridos y para los hijos.
    Bueno, y yo aqui opinando “a tontas y a locas” (como decia ese capullo de Valle Inclan) y las lentejas pegandose, las empanadillas quemandose y la mesa sin poner…

  7. Cristina Guerrero
    Mar 30, 2010

    si claro es un lio, que las mujeres puedan expresar opiniones distinatas de los hombres como si supieran lo mismo o incluso mas, que quieran que se las escuche en las reuniones de empresa en vez de estar calladas tomando nota y sin immutarse cuando les meten la mano debajo de la

  8. Seli
    Mar 30, 2010

    Querido Luis:

    Es estupendo que vallas sacando comentarios todos ellos interesantes.
    Sobre este de igualdad o desigualdad de los seres humanos yo siempre lo he tenido muy claro. Es delicioso que hombres y mujeres seamos diferentes es decir fisiológica y físicamente, adoro a los hombres por ser diferentes a mí. Esta consecuencia es la que sigue manteniendo la procreación de nuestra especie. Esta diferencia es natural y justa.
    Todas las demás diferencias son culturales, religiosas y sociales, son antinaturales, controladoras y por lo tanto injustas.
    Nuestros progenitores nos educaron a las mujeres y a los hombres siguiendo su tradición pero está en nosotros abrir nuestras mentes y hacer valoraciones y estadísticas en base a seres humanos, no en base a hombres y mujeres.
    La iglesia se ha encargado de mantener a la mujer muy en segundo plano para poder controlar a los dos sexos.
    Socialmente se ha tenido a la mujer en unas condiciones de desigualdad, posiblemente porque la sociedad está gobernada mayoritariamente por hombres y como la cultura y la religión han tenido y tienen mucha fuerza hoy en el siglo XXI seguimos con los mismos conflictos.
    Creo que los hombres deberían sentirse bien sabiendo que sus mujeres son socialmente iguales pudiendo participar en los gastos familiares y no dejar toda la carga a los hombres, y sabiendo que fisiológicamente son diferentes, teniendo una matriz para que nuestros hijos se desarrollen y dos tetas para amamantarlos.
    Creo que las mujeres debemos sentirnos bien sabiendo que los hombres tienen fuerza y resistencia suficientes para llevar a los niños en brazos.

    Todo se basa en compartir y respetar, ningún hombre es igual a otro ni una mujer es igual a otra ¿Por qué un hombre y una mujer deben ser iguales?
    La lucha de hombres y mujeres debe ser por alcanzar la igualdad social, cultural.

  9. Ramón
    Mar 30, 2010

    Querido Luis:
    ¿No había más tópicos para incluir en tu artículo?
    Aunque comparto en gran parte el fondo de tu análisis social, no puedo, ni quiero, dejar pasar ciertos comentarios, a mi modesto entender, desafortunados.
    Te has metido, a conciencia, en aguas pantanosas. Por supuesto que somos diferentes, afortunadamente añado, (todos los hombres llevamos un misógino en nuestro interior) pero es que el tema de la igualdad no radica en que los hombres puedan amamantar, sino en que las mujeres puedan decidir hacerlo. Y aquello de, a igual trabajo y responsabilidad, igual salario.
    Nuestra infancia se desarrolló en una sociedad diferente. La mujer, en casa y con la pata quebrada, se hacía cargo de niños y mayores. Dependientes económicamente del marido, necesitaban su autorización hasta para abrir una cuenta. Está en los genes desde el principio de los tiempos, cuando el homo erectus era el encargado de cazar y la mujer de cocinar y adecentar la cueva.
    La religión también ha tenido su culpa en el estatus de la mujer. Culpable de que nos arrojaran del paraíso, su protagonismo junto al personaje histórico de Jesús fue manipulado hasta convertirla en puta redimida, tardaron más de quince siglos en reconocer su derecho a tener alma…no sigo por aquí, porque después me enrollo y Adelaida me critica por ser tan extenso.
    Conozco empresas regentadas por mujeres que capean mucho mejor el temporal de la crisis que la mía, capitaneada por un machote de pelo en pecho. Absurdo, por manido y vacuo de contenido racional, tu comentario sobre la productividad.
    El modelo de familia, aunque fastidie a muchos, ha cambiado. Patrimonio y matrimonio han perdido el significado proveniente de su raíz latina. La mujer puede ser lo que desee, igual que el hombre, la educación de los hijos no se ve afectada por ser familias monoparentales, homoparentales o pluriparentales (palabros inventados, creo).
    Bueno, hemos pasado de un extremo a otro. Y en el término medio está la virtud. Pero lo inicios de los cambios han de ser traumáticos. Con la llegada de las nuevas generaciones no hará falta, espero, la existencia de cuotas femeninas. Lo que tal vez pase es que haya que poner cuotas masculinas. Porque, según estadísticas, el porcentaje de mujeres universitarias va in crescendo. Y ahí radica nuestro miedo, ¿verdad?
    Ramón

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