5-3-11 Con “E” de Emociones

Nuestra media nuez grisácea y geletinosa  Temo que el artículo de hoy vuelva a resultarle deja vu a Ramón. Dicen los buenos escritores que después de la Biblia todo es plagio. Al menos, lo que me ronda desde hace días por el ático me lo plagiaré a mi mismo porque es cierto que, en parte, lo he tratado antes. Pero, ¿no oímos a políticos las mismas frases huecas cada día?, ¿no leemos en los periódicos las mismas noticias perecederas?, ¿no nos bombardean hasta la nausea con los mismos anuncios hora tras hora? Llevo procurando últimamente dejar de lado la rabiosa actualidad, más rabiosa que actual, para dejar aquí, con el ánimo de compartirlos y debatirlos con vosotros, unos canapés minúsculos que nos sirvan para descubrir nuevos sabores, olores, miradas, sonidos, sensaciones. Pero por aquello de comenzar con la última memez oída recientemente, os traslado la emitida por la boca de una política local de un municipio andaluz: “… aquí vamos a incorporar a los mejores y a las mejoras para conseguir que todos los ciudadanos y ciudadanas de este pueblo…”  Ya sabéis, de ahora en adelante, los hombres son los mejores, y las mujeres, las mejoras.

Oficina de Correos y Telégrafos            Hoy toca escribir con E de emociones, y para hablar de emociones no hay que hablar del corazón, como suele decirse erróneamente. El corazón, se sabe ya desde hace siglos, no es más que un músculo abnegado y trabajador que no tiene vacaciones, ni días festivos, ni baja laboral transitoria, ni fines de semana, pero un músculo al fin, lleno de canalones de mayor o menor grosor por los que, cual moderna oficina de correos, recibe y distribuye sin pausa millones de postales, cartas y paquetes (hematíes, leucocitos, hemoglobina…) transportados a través de un embravecido mar rojo.

            Las emociones, los sentimientos, el placer, el dolor, la pena, la alegría, el éxtasis teresiano, la congoja, la euforia, el deseo, el repudio, la amistad, las aficiones, el amor, el odio, hasta el aburrimiento, se hospedan sólo y exclusivamente en el cerebro. En esa pequeña habitación con vistas (a través del nervio óptico) de duras paredes (el cráneo) y de apariencia gelatinosa y grisácea. Podéis pensar, con razón, que tengo fijación por el cerebro. Pero lo que me extraña es que no todo el mundo la tenga. ¡Cómo no tenerla si todo lo que somos, hacemos y sentimos está regido por esta media nuez untuosa! El fulgurante e imparable avance de la tecnología informática se basa en él, pero aún no ha llegado a emularle. Cabe que desconozcamos aún más de lo que sabemos sobre nuestro puente de mando pero ya aceptan todos los estudiosos del ser humano (biólogos, médicos, filósofos, etc.) que la relación mente-cuerpo es innegable. La mente es el producto, -la actividad-, del cerebro. Sin embargo, se avanza más en el estudio y tratamiento de otras partes de nuestra anatomía que en la que lidera a todas.

            No es mi intención entrar en terrenos ajenos, sólo quiero compartir una certeza. Certeza teórica que, por otra parte, todavía no soy capaz de llevar a la práctica cotidiana pero lo voy intentando; es un proceso lento y con recovecos, porque son muchos años de inercia. ¿Cómo describir esa certeza con pocas palabras? Allá va: estoy profundamente convencido de que las personas no somos plenamente conscientes de nuestros actos y por lo tanto no podemos modificar la conducta a nuestra voluntad. ¿Qué consecuencias acarrea esta certidumbre? No pocas ni pequeñas.

Añadiré que el comportamiento básico de cada ser humano se construye en los primeros cinco o seis años de vida con dos materiales fundamentales: los genes heredados y los estímulos del entorno durante esos años, tales como familia, hogar, ambiente, cuidadores, amiguitos, alimentación, clima, visiones, sonidos, etc. Ni somos una página en blanco al nacer ni venimos predefinidos al 100%. Venimos con los cimientos; la estructura se completa en esos primeros años, incluyendo los nueve meses que pasamos dentro del útero materno. Después podremos cambiar los colores de la fachada o de las habitaciones, tirar algún muro o crear nuevos espacios, tirar muebles viejos y decorar la casa con otro estilo, poner más o menos plantas en la terraza, pero la casa: los cimientos y la estructura (los muros de carga y las paredes maestras) ya no se modificarán de por vida.

 La cabra tira al monte           Pruebas al respecto tenemos todos a nuestro alrededor. Intentos de cambiar a alguien que pasado un tiempo nos hace repetir aquello de que “la cabra tira al monte”; uno de los proverbios más ciertos que existen. O el chiste de la rana, que le ayuda a cruzar el río al escorpión y al final se ahogan los dos al no poder evitar éste contravenir su propia naturaleza, envenenándola. La adolescencia es un tiempo tormentoso y turbulento en el que se produce una auténtica revolución hormonal y se completan ciertas estructuras cerebrales, pero la intensidad y los efectos de ese terremoto tienen mucho que ver con los materiales y la maestría con que se haya construido el edificio.

            Si aceptamos esta teoría, si consideramos que “la cabra tira al monte”, ¿por qué nos torturamos en pretender que las personas cambien?, ¿por qué nos aferramos a creer que el violador o el maltratador pueda dejar de serlo?, ¿por qué damos más valor a las personas con talento que a las torpes?, ¿por qué recomendamos al amante que deje de amar a su objeto amoroso cuando nos parece “racionalmente” perjudicial?, ¿por qué nos ponemos pesadísimos en la seducción cuando no obtenemos respuesta positiva?, ¿por qué esperamos que los poderosos y los tiranos sean diferentes a cómo son?, ¿por qué tratamos de evangelizar al ateo o de hacer descreído al creyente?, ¿por qué no aceptamos a cada cual como es o al menos como proyecta que es? Otro sabio proverbio español afirma: “de donde no hay no se puede sacar”. Ese y “la cabra tira al monte” se les tuvieron que ocurrir a individuos inteligentísimos e intuitivos.

La razón apenas pesa en las decisiones aunque nos parezca lo contrario. Es la intuición la que actúa, el sexto sentido, que viene a ser lo mismo. Porque la intuición es el programa informático humano que tras manejar toda la información disponible en nuestro disco duro nos alumbra automáticamente la respuesta adecuada. A veces la respuesta puede parecernos equivocada, pero si es así es porque introdujimos algún dato incorrecto o información manipulada. La razón lo hubiera hecho peor, muchísimo peor.

            Una última consideración: el cerebro humano no ha evolucionado mucho respecto al de nuestros antepasados; ha ido añadiendo capas pero sin eliminar lo primario, por eso mantenemos el cerebro de los reptiles y de los primates; apenas se ha acrecentado con una delgada corteza y un área dedicada al lenguaje. Las dos instrucciones básicas con las que nace todo ser vivo, ya lo mencioné en la entrada anterior, son: la supervivencia y la perduración de la especie. El mecanismo del estrés, hoy prácticamente inútil e insano, sigue intacto para decidir lucha o huída ante un peligro; el peligro se percibe ante lo extraño, lo desconocido. Por ello existe la xenofobia, el miedo a lo diferente, sea religión, color de piel, idioma, sexo, orientación sexual, ideología, formación, profesión, clase social o acento. La cultura intenta motivarnos hacia una actitud políticamente correcta, y las leyes prohíben y sancionan conductas xenófobas, lo cual es inmensamente positivo y esperanzador a largo plazo. Pero no podemos ignorar que nuestras instrucciones genéticas ancestrales, idénticas a las de los reptiles y los chimpancés, aún no han desaparecido. Conviene tenerlo en cuenta y no desesperarse por ello. Es lo que hay.

5 Comentarios

  1. Javier
    Mar 10, 2011

    Querido Luis,

    Permíteme discrepar un poco de tu conclusión.

    La mente es un magnifico criado pero un amo terrible. Si piensas solo cosas negativas, es porque no has cuidado tu mente y no has dedicado el tiempo necesario para entrenarla a pensar en lo bueno. Winston Churchill dijo que “el precio de la grandeza es la responsabilidad sobre cada uno de tus pensamientos”.

    En estudios recientes se ha calculado que en un dia normal, una persona adulta normal tiene unos 60.000 pensamientos, de los cuales, el 99% son iguales a los del dia anterior, en su mayoría, fruto del cautiverio del pasado. Problemas financieros, fracasos sociales o incluso nimiedades, como el trato de un dependiente o el comentario malicioso de un compañero de trabajo privan a la mente de su fuerza vital ¡Administrar la mente es administrar la vida!

    Cada dia que amanece es una nueva oportunidad para disfrutar.

    Un abrazo

    Javier

  2. Ramón
    Mar 10, 2011

    Con “E” de evolución.
    Efectivamente, idolatrado Luis, al leerte y releerte hay algo en mi cerebro que me avisa de que algo parecido a lo leído está almacenado en algún recóndito rincón del mismo. Libre albedrío ¿Recuerdas? Bueno, al menos queda demostrado que nos interesa lo que dices, con independencia de que estemos o no de acuerdo.
    Dos hermanos criados, aparentemente de la misma forma, con el mismo entorno familiar y escolar pueden ser diametralmente opuestos. Ahí están en el primer gran best seller que mencionas, Caín y Abel. Entonces, y plagiándome a mí mismo, ¿nacemos o nos hacemos? ¿Realmente tiene que ver la situación astral de los planetas en el momento de nuestro nacimiento como se asevera en prácticamente todas las culturas?
    Bien, somos de donde venimos, acumulamos a lo largo de nuestra vida vivencias, experiencias vitales, tomamos decisiones, se cruzan en nuestro camino personas que dejan su huella en nosotros…EVOLUCIONAMOS.
    Tomando el símil de la casa, en un muro de carga, con las debidas precauciones, puede hacerse una ventana que ilumine una parte que hasta entonces permanecía oscura. Eso es lo que pasa a lo largo de nuestra vida, vamos evolucionando, madurando, reflexionamos más que cuando éramos hormonas con patas, incluso hay quien de joven era rojo y de maduro conservador…mil ejemplos.
    Si no creemos en la capacidad de evolucionar estamos homologando la pena de muerte para los asesinos y violadores, ya que nuestro actual código penal se basa en dos pilares: resarcir el daño e introducir de nuevo al individuo en la sociedad, si esto segundo es imposible, nos los quitamos de en medio y así, además, ahorramos costes.
    La educación en valores, tan denostada por parte de ciertos sectores, inculca el respeto a la diferenciación. En la cultura está nuestra arma contra la xenofobia, que como su propio nombre indica, es un miedo irracional, esto es, fuera de la razón.
    Comparto contigo y con quien te sigue dos experiencias recientes, ambas relacionadas con el cerebro, y que me conmueven:
    María, 82 años sin cumplir, mujer humilde, trabajadora incansable en el campo y en una casa con 5 hombres a su cargo, persona inmejorable, se encuentra cruzando los mares de la demencia senil, alzheimer o lo que quiera que sea. Todavía es capaz de reconocernos, pero la enfermedad avanza inexorable. Es cruel que, al final de tu vida, te roben los recuerdos. Y lo peor es que se da cuenta de lo que le pasa, y sufre por ello. Recuerdo de ella unos refranes que pueden añadirse a los por ti expuestos: “Cuando a una yunta le da por un carril, déjala ir” y “La buena yunta, dios la cría, y ella se junta”.
    Benji, compañero de trabajo, 31 años, casado con dos niños pequeños, ha tenido un accidente de moto con tan mala suerte que impactó con tanta fuerza contra el quitamiedos que rompió el casco. Después de tres semanas en la UCI, lo mandan a su casa, no porque se haya recuperado, sino porque está en coma y no hay esperanzas de que salga. El cerebro, ese gran desconocido, permite que se mantengan las constantes vitales en un estado de inconsciencia. Además de la inmensa pena, la carga para la familia de tener a su ser querido como si fuera una pesada planta a la que hay que alimentar, limpiar, etc. Eso no es vida, ni para el enfermo ni para la familia.
    El que quiera sacar alguna lección de lo expuesto, que lo haga. Yo, por mi parte, ya he sacado las mías.
    Un abrazo

  3. jesús
    Mar 7, 2011

    Querido Luis:
    Sólo de pensarlo se me ha puesto un dolor de coco cerebral que no lo soporto.
    Y lo que dices es utilizando el 10% de la masita gris, partiendo de esta suposición ¿que nos pasaría si llegásemos a sacarle el jugo y le utilizásemos al 50%?, que escalofrío me acaba de dar.
    La verdad es que la cosa tampoco está muy clara, algunos estudiosos dicen que le utilizamos al 100%, todo depende de de la actividad que usamos en cada momento, ¿mito?, pues igual sí, lo cierto es que algunos no saben para qué y dónde lo tienen, y el campo está abonado. Si hurgas un poco te metes en un pozo bastante profundo, por ejemplo, ¿efectos paranormales?, ¿telepatía?, ¿poderes extrasensoriales?, vamos que el dolor de coco cerebral va en aumento.
    Y de los perjuicios por el uso del móvil ya ni te cuenta, por lo visto el uso desmedido provoca efectos perniciosos, creo que algunos estudios se han realizado para medir el metabolismo cerebral de glucosa, y se corre el riesgo de padecer cáncer en el cerebro, y la cosa sigue sin resolverse, ¿¿??.
    Pues nada, cuanto menos utilicemos el móvil, mejor cerebro, y así igual llegamos a utilizar algo más del 10%, salvo que realmente sea un mito.
    Al final igual tenemos que decir lo que decía la canción: cada loco con su tema…..
    Yo con el mío tengo bastante, a veces ni yo mismo entiendo porque unos días actúa de una manera y otras…………¿todo lo contrario?.
    Un abrazo.

  4. Adelaida
    Mar 5, 2011

    Reconozco que cuando escribes sobre el cerebro humano, me siento perpleja y desconcertada. Además la foto de esa masa gelatinosa y grisácea, me da cierto asco.
    Sin embargo, por pura intuición y no por mis conocimientos sobre el tema, hay algo en lo que estoy de acuerdo contigo: el comportamiento básico de cada ser humano se construye en los primeros cinco o seis años de vida. He observado a mis primos y a mis sobrinos y realmente me recuerdan mucho al niño que era cuando tenían cinco o seis años, sus emociones, su manera de relacionarse, de SER.
    Entonces ¿Por qué nos empeñamos en cambiar a las personas que tenemos cerca?
    Cuando yo tenía apenas siete años recuerdo que un día le dije a mi madre:
    – Mamá, la gente es como es y no como tu quisieras que fueran-.
    De adulto, intento recordarlo con frecuencia.

  5. Jose
    Mar 5, 2011

    Nada que decir, creo que después de rebuscar en todos los cajones y recovecos y apartar muchas de las cosas que lo ocultan, en el fondo queda lo que queda y hay lo que hay. Y esto es lo que hay.

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