ABRIL: UNA MUDANZA COMO MEDIDA DE LA EFICACIA DE UN PAÍS

pa270126 A finales del mes pasado me he mudado de casa como muchos de los seguidores habituales de este Blog ya saben. En principio no parece que un traslado de casa dé para un artículo en un Blog pero yo opino que sí, no tanto por lo que todo cambio de casa lleva implícito de revisión interior sino por lo que significa como medida o termómetro del nivel medio de eficacia del país en el que se produce. ¿No os parece? Pues a ello voy.

Digo que cualquier cambio de domicilio implica un cierto examen de conciencia pues al vaciar los armarios, cajones y estantes sin fin de toda casa uno se da cuenta de la cantidad de elementos y objetos inútiles que se van acumulando a lo largo de la vida; unos comprados directamente por creer que iban a dar un servicio, otros adquiridos impulsivamente en viajes a países que los importan del mismo origen que el propio pero que comprados allí parecen más exóticos, algunos regalados con ocasión de cumpleaños, aniversarios, o fiestas navideñas… en fin que las cajas de la empresa de mudanzas se van llenado de vajillas apenas usadas, cristalerías de gusto diverso, objetos llamados decorativos, libros, discos, lamparitas, televisores arrinconados, aparatos de radio o de música que ya se retiraron por enormes pero que dio pena tirarlos… He recomendado vivamente a las personas de mi entorno un libro llamado “Simplifica tu vida” escrito por una ex-ejecutiva americana que me parece muy práctico y cuyos consejos presumo haber aplicado a mi vida, pero en cada mudanza me doy cuenta de que apenas la he simplificado en el sentido de haberme desecho de cosas inútiles que me acompañan por ella.

Pero no era éste el motivo de escribir sobre mi última mudanza sino uno más externo, más desolador: la función de termómetro que una mudanza tiene sobre la eficacia media del país en el que uno vive. Creemos haber alcanzado un nivel envidiable de tecnología, lo digital rige nuestras vidas y lo hará más cada día, departamentos de I+D+i dan un toque de modernidad a nuestras empresas, no hay institución que no se precie de disponer de pléyades de consultoras a ser posible de nombre anglosajón para cualquier decisión, nuestras multinacionales de la telefonía y la distribución son un orgullo patrio, sus mensajes publicitarios nos presentan un paraíso de facilidades para todo y de atención al cliente convertido en rey del mambo. Pura farsa, fanfarria, palabrería, timo de la estampita.

De mi mudanza anterior, no muy lejana en el tiempo, apenas 14 meses, recuerdo experiencias desagradables pero una por encima de todas las demás: la pelea diaria durante medio mes con el 1004 de Telefónica para conseguir línea de ADSL en mi nueva casa. Entonces no tenía blog y las sandeces que tuve que oír y aguantar de los insufribles “call centres” con que ahora nos torturan las grandes empresas y otras no tan grandes, quedó para mis recuerdos íntimos en forma de breves anotaciones en la agenda. Ahora que ya soy moderno y guay, y tengo un blog, puedo contar las peripecias sufridas con nuestra ínclita otrora Matilde, hoy Telefónica (me dicen que tiene registrado en Internet el dominio timofónica, por si las moscas).

Pedí al misterioso 1004 el traslado de línea y de ADSL con quince días de antelación, como mandan los tratados de buenas prácticas de usuario. Me advirtieron entonces que, ya que yo quería mantener el mismo número (el traslado es a poco más de dos kilómetros y dentro del mismo municipio), la línea telefónica tardaría unos 15 días y el ADSL una semana más, como máximo. Me extrañó, indagué, pregunté los motivos, supliqué un plazo más corto pero la interlocutora, en este caso y milagrosamente española y gratamente amable, insistió en que no era posible; acepté sin rechistar y asumí que mi problema se circunscribiría a tener que ir al despacho o casa de algún amigo a despachar los correos electrónicos y realizar las gestiones bancarias y burocráticas habituales. Justo el día antes de la mudanza hicieron el traslado de línea y el técnico indicó que, con suerte, en dos o tres días tendríamos ADSL en la nueva casa. Pensé celebrar por todo lo alto tan inesperada buena nueva pero las cosas se fueron complicando a medida que se producía una nueva conversación con las gentes del 1004, gratuito, y del 902 357 000 específico para asuntos de ADSL, de pago. Tan pronto parecía que la cosa se iba a solucionar en un día, como que en tres, como que en una semana, como que debíamos tener conectado el módem continuamente porque en cualquier momento recibiríamos Internet… el menú de plazos, exigencias y soluciones era más variopinto que los platos de pescaíto en los chiringuitos de la costa. Pasó el fin de semana sin pena, y sobre todo sin gloria, y el lunes opté por invadir un despacho ajeno para tramitar correos y gestiones: ¡sorpresa! La página de telefónica.net no me reconocía como usuario, lógicamente dando los típicos mensajes absurdos y cínicos: “usuario o pasword incorrectos”. La culpa, siempre es de uno, el imbécil siempre es uno mismo, nunca la compañía, nunca el proveedor, nunca el ordenador, nunca quien lo programó, uno siempre es el torpe.  

Intentando controlar la ira, o dicho en términos menos finos, procurando no ahogarme en mi propia espuma bucal, llamo al venturoso 902 357 000 y cuento lo que me ocurre. No reproduzco aquí las variadas tonterías que uno tiene que decir y escuchar en este tipo de llamadas, ora de maquinitas, ora de personas de carne y hueso. Para ir al grano: “usted ha realizado un traslado con portabilidad y se le ha dado de baja en ADSL y en sus cuentas de correo”. No sé por qué pero lo de haber realizado un traslado con portabilidad me dio morbo. ¡Tonto de mí!, haber pasado por algo tan extraordinario y no haberme enterado. Pronto salí de mi ensoñación y fui consciente de la segunda parte del mensaje: había sido dado de baja y había perdido mis cuentas de correo que hoy por hoy es como perder la propia identidad. Juré en arameo, aunque a decir verdad no sé cómo se jura en arameo. Dije palabrotas al interlocutor. Me admira y revienta al tiempo lo educados que están en los “call centres” de las narices para no inmutarse por nada. Me dijeron que podría recuperar las cuentas pagando una mensualidad extra a Telefónica Premium (si eso es un premium me pregunto cómo serán los “castigum”) pero que tenía que volver a llamar al 1004 para reclamarlo, en el 1004 tras las mil bobadas de rigor me dijeron que tenía que solicitar la recuperación de cuentas en el 902, en el 902 ya no recuerdo lo que me dijeron y yo ya estaba colgado de la lámpara del despacho de mi amiga. Pero se obró el milagro: como Telefónica es masoquista siempre hace una encuesta al final del calvario y pide que se valore el servicio recibido (¿servicio recibido?, ¡qué fe tienen!). Me dieron la oportunidad de elegir entre cero y 10: cero si ha sido muy deficiente, 10 si ha sido excelente. Se me quedó el dedo pulgar pegado al cero y se oyó una voz metálica al otro lado: por favor, no cuelgue le va a atender un agente.

Me atendió un agente, también español, y al que he empezado a llamar San Francisco, ya que se llama Paco. Es del departamento de calidad; empecé a hablar con él con muy poca fe pero poco a poco se fue acrecentando. Me prometió llevarme de la mano en la solución del problema. ¡Una persona en esa compañía que se compromete a seguir paso a paso la solución de tu problema! No le está resultando fácil pero es como tener un “coacher” personal ahora que eso se lleva tanto (para los antiguos, aclararé que un “coacher” es como un paño de lágrimas pero que cobra un pastón por hacer lo que hace unos años hacían gratis los amigos o los confesores, y algo más tarde y por un módico precio los asesores y los psicólogos). Me prometió que no tendría que pagar por recuperar las cuentas de correo y que podría rescatar los mensajes recibidos en todo este tiempo.

El desenlace es que he tenido ADSL nueve días después de haber realizado el traslado de línea, o sea que lo que me pareció un mundo en la primera noticia fue a peor; he recuperado las cuentas de correo once días después del traslado, me han enviado un módem que no es el que he pedido pero como tengo el viejo sigo usando el mismo y me han asegurado que lo de recuperar los correos recibidos en estos días ni hablar, que se han quedado perdidos para siempre. Pero he redescubierto un buen método para afrontar los problemas aunque ya lo conocía: ponte en lo peor y a partir de ahí cualquier atisbo de que las cosas salgan algo mejor de lo esperado es una gozada. Cuando volví a tener ADSL en mi propia casa me sentí como si me hubiera tocado la lotería y cuando recuperé mi identidad, o sea, mis cuentas de correo, grité de alegría por la terraza como un poseso.

Un amigo de la Serranía de Ronda, joven, emprendedor y con los pies sobre la tierra, me ha dicho que me lo debo hacer mirar: que me preocupo por tonterías y que lo malo sería tener cáncer. Tiene razón y se la doy, pero si todos los que no somos conscientes de tener cáncer, porque afirmarlo siempre es una temeridad, hemos de tragar por carros y carretas y dejar que nos toreen las telefónicas, eléctricas, aguadoras, gasistas, pintores, carpinteros, cristaleros, fontaneros, escayolistas, grandes almacenes, talleres mecánicos, bancos, cajas de ahorro, ayuntamientos… me niego, el mundo sólo puede mejorar, poco a poco, si a cada cual se le exige el cumplimiento cabal de aquello a lo que se compromete. Es duro, es pesado, es cansino pero no hay que tirar la toalla. A pesar de todo, gracias al rondeño por recordarme que soy muy afortunado. Eso es verdad, sobre todo en amigos.

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