Adiós al tren de La Pola

Poco antes de las 10 el Ómnibus de Busdongo a León (desde luego tren y autor más en época)

Poco antes de las 10 el Ómnibus de Busdongo a León (desde luego tren y autor han cambiado un poco)

La Pola puede ser cualquier maravilloso pueblo al que la prioridad de rentabilidad económica sobre servicio público haya dejado sin tren.

Los veranos de mi infancia los pasaba en La Pola de Gordón, a 33 kilómetros al norte de León, bañado por el río Bernesga cuyas aguas bajaban heladas desde el puerto de Pajares y negras por el lavado de carbón en las minas de Santa Lucía y Ciñera. No llegaba a 1.000 habitantes pero en julio y agosto los “veraneantes” duplicábamos la cifra. No éramos turistas, éramos veraneantes, aunque algunos teníamos partida el alma al ser “hijos del pueblo”; en mi caso, el pequeño de Remedios: ¡Hay que ver cómo ha crecido! ¡Sí mujer, el sobrino de Chonina y Carmina, las modistas, y de Luis, el sastre!

El edificio más grande de La Pola era el “preventorio”, una inconfundible casona blanca y azul al pie de los pinos

El edificio más grande de La Pola era el “preventorio”, una inconfundible casona blanca y azul al pie de los pinos

Por la mañana subíamos a los pinos o nos bañábamos en el río Beberino antes de que mezclara sus aguas con las negras del Bernesga. Para llegar a la poza había que cruzar un puente metálico del ferrocarril, por un caminito de menos de 40 cm de ancho, medio roto y pidiendo que no pasara en ese momento ningún tren. El agua cortaba las venas y el sol se tomaba tendido en alguna piedra con pocas aristas. Los pinos eran más civilizados y su aire venía muy bien para los bronquios. Nunca me cuestioné por qué los que veníamos de Cantabria, -o de Asturias la mayoría-, padecíamos todos de los bronquios. Incluso el edificio más grande de La Pola era el “preventorio”, una inconfundible casona blanca y azul al pie de los pinos donde críos sin recursos de todo el norte iban a curarse con sólo espirar el aire del pueblo y comer caliente.

...corríamos por el puente para llegar a tiempo al otro lado del río donde estaba la estación y unas pocas casas

…corríamos por el puente para llegar a tiempo al otro lado del río donde estaba la estación y unas pocas casas

Pero uno de los momentos sublimes de aquellos veranos de cielo limpio y noches frescas, era el paso del Correo de la tarde. Se congregaba en la estación mucha más gente que en misa. Unos iban a echar sus cartas: sí, entonces se escribían cartas a las novias, a los novios, a los amigos, a la familia, y se echaban directamente en el boquete que a tal efecto tenía el coche-correo del tren; otros iban a despedir a quien terminaba su veraneo o a esperar a quien lo comenzaba. La mayoría íbamos simplemente “a ver pasar el Correo”. Por la mañana hacía el trayecto León-Gijón y por la tarde el descendente. El de la tarde era el acto social del veraneo. Una potente y majestuosa locomotora eléctrica inglesa, pintada de verde botella, entraba ufana por la primera vía de aquella centenaria estación, arrastrando seis o siete coches de madera: el furgón, el coche-correo, dos o tres terceras, un segunda y un primera. Paraba generosamente, casi 10 minutos, porque no sólo subían y bajaban pasajeros, sino mucha mercancía de la que se denominaba gran velocidad: quesos, embutidos, bicicletas, en fin todo lo que urgía porque el transporte de pequeña velocidad se realizaba en trenes de mercancías que nunca se sabía cuándo llegarían a cada estación.

Una potente y majestuosa locomotora eléctrica inglesa, pintada de verde botella, entraba ufana por la primera vía...

Una potente y majestuosa locomotora eléctrica inglesa, pintada de verde botella, entraba ufana por la primera vía…

Algunos nos sabíamos todos los horarios y corríamos por el puente para llegar a tiempo al otro lado del río donde estaba la estación y unas pocas casas, además del camino de Los Barrios, otro paseo obligado cuando pinos o río necesitaban una alternativa más andariega. En La Pola paraban todos los trenes entre León y Asturias. Antes de las 6 de la mañana paraba el “Asturiano”, el Expreso de Madrid a Gijón. Poco antes de las 10 el Ómnibus de Busdongo a León y apenas 20 minutos después el Correo matinal de León a Gijón. El Rápido en sentido inverso pasaba sobre el mediodía. El TAF de Gijón a Madrid hacia las 4 de la tarde; el Rápido en sentido Asturias, pasadas las 6; hacia las 7, el Ómnibus a Busdongo; a las 8 en punto, lo de en punto es un decir, su majestad “el Correo” que, en ocasiones se cruzaba aquí con el TAF de Madrid a Gijón. Y el último: el “Asturiano” con destino Madrid, cerca de las 2 de la madrugada. En verano había un segundo Expreso en días alternos al que allí llamaban “el Botijo” y en Santander, “el Fantasma”. Y decenas de mercantes variados, muchos de ellos cargados de hierro de Ensidesa, en Avilés, arrastrados por dos locomotoras, con estruendo parecido al del fin del mundo. ¡Era La Pola, era la pera!   

Los cambios de prioridad... convierten las estaciones en espacios fantasmagóricos

Los cambios de prioridad… convierten las estaciones en espacios fantasmagóricos

Los cambios de prioridad no sólo nos quitan los trenes y convierten las estaciones en espacios fantasmagóricos, también nos roban lo sueños.

La ermita del Buen Suceso, con su apeadero, era otro lugar de peregrinación veraniega

La ermita del Buen Suceso, con su apeadero, era otro lugar de peregrinación veraniega

3 Comentarios

  1. Pensando en organizar el XIV Encuentro Jóvenes Gordoneses de los 60, y tomando como tema del mismo “los trenes y la estación de La Pola de Gordón”, me encuentro con este artículo tan evocador y bien escrito. Me ha hecho mucha ilusión.
    También, en su momento, me paré a recordar aquellos trenes, aquellos veranos y aquellas cartas que echábamos directamente al tren correo de la ocho de la tarde. Lo dejé en un articulito que se publicó en el libro de fotografías con textos costumbristas “Miradas del ayer.- La Pola de Gordón” (2015). Te dejo el enlace del cuaderno Lucernarios donde también está recogido, por si tienes curiosidad:
    https://lucernarios.net/6-en-prosa/la-estacion-de-tren-de-la-pola/
    Lo dicho, si los hados nos son favorables este próximo verano hablaremos de nuevo del tren y la estación, incluso es posible que algunos vayamos con alguna carta en la mano que nos quedó pendiente de echar…
    Un placer, Luis. Enhorabuena.

  2. Jose
    Ago 26, 2013

    La nostalgia de los momentos vividos en la niñez, el veraneo, vacaciones para disfrutar, la afición de un niño por el ferrocarril influenciado por un padre ferroviario…bonitos recuerdos que forman parte de tu vida.
    Todo eso está muy bien, pero sin duda hay un gran perjuicio hacia todos los habitantes de esos núcleos de poblaciones pequeñas y no tan pequeñas, a los que han dejado sin un medio de transporte ejemplar y esencial. Potenciar y no desmantelar el ferrocarril ayudaría a evitar accidentes de tráfico, a una menor dependencia energética y contaminación ambiental.
    Felicidades por esos buenos recuerdos.

  3. Adelaida
    Ago 23, 2013

    Ahora podrás comprar la estación y hacer un hotel rural y un restaurante de cocina tradicional y productos de la zona. No te pongas nostálgico.

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