AGOSTO: EN VACACIONES ALGO SOPORÍFERO, LA POLÍTICA

           mapa-renfe-2007 Al leer un periódico, oír una emisora de radio, especialmente en programas de tertulias, ver los informativos de televisión, puedo anticipar sin mucho margen de error con lo que voy a toparme. Preveo lo que cada periodista o contertulio va a escribir o decir sobre tal o cual tema y con qué tipo de arma atacará las declaraciones o decisiones de este partido político o del de enfrente. Las pocas veces que hablo de política en un grupo familiar o de amigos sueño con llevarme alguna grata sorpresa: que Fulano o Mengana reconozca algún mérito o valor a palabras o acciones del partido político con el que no simpatiza o que, por el contrario, critique o matice desde el intelecto las del color al que vota. Jamás llega tal sorpresa.

 

             Suelo defender que las grandes decisiones de nuestra vida las tomamos, con excesiva frecuencia, por pura casualidad, por simple azar, sin que sean fruto de reflexiones o análisis concienzudos y elaborados. Se elige pareja por corazonada, sin desde luego agotar una mínima cantidad de alternativas posibles. Se selecciona el colegio de los hijos por la opinión de amigos o familiares sobre algún centro que conocen mejor o peor. Se decide la compra de la casa que nos albergará durante años, en no pocas ocasiones, por algún detalle nimio, sin importancia, y muchas veces por agotamiento en el proceso de selección: elegimos casa cuando nos agobia en demasía el cansancio. De igual modo, nos hacemos simpatizantes de un club deportivo por cuestiones de azar: un padre, un abuelo, un tío nos llevó de niño a un acontecimiento deportivo y nos marcó desde ese momento la simpatía hacia sus colores. A partir de ahí, celebramos sus triunfos y sufrimos sus derrotas como si en ellas nos fuera parte de nuestra propia vida.

 

            Así también, casi siempre nos identificamos con una determinada ideología política por un hecho o una secuencia de ellos que nos inclinan instintivamente a considerar que ese es nuestro partido político o nuestra concepción social del mundo. No conozco a nadie, lo cual no niega su posibilidad, que me diga que vota, simpatiza, milita o trabaja por un partido político porque éste representa en su programa de acción y en sus postulados fundamentales una coincidencia razonable con sus propios planteamientos. Más frecuente es, sencillamente, desbarrar contra los líderes o figuras destacadas del partido oponente sin más argumento, sin más debate ideológico, tachándoles de carcas, de fachas, de rojos, de corruptos, en fin no es muy larga la lista de tópicos con los que piropeamos en España a los contrarios. No sólo los ciudadanos “normales” tenemos ese comportamiento que yo llamo “de orejeras”, los propios dirigentes políticos jamás encuentran medianamente bien alguna decisión de los otros, ni reconocen el más mínimo error en los suyos. Es una pena.

 

            Cabe decir, estoy convencido de ello, que ningún partido está en posesión absoluta de la verdad ni en la garantía de no equivocarse. En el mundo occidental posterior a la segunda guerra mundial, prevalece una política general de centro, a veces inclinada hacia la socialdemocracia, con más acento hacia lo público en detrimento de la libertad individual y de la iniciativa privada; a veces inclinada hacia el liberalismo conservador que otorga más apoyo al libre mercado y prefiere achicar el tamaño de lo público. No hay diferencias significativas en la defensa clara de las grandes conquistas de nuestro tiempo: la justicia social, la separación de poderes, la ayuda a los más necesitados, sanidad, educación y justicia para todos, conviviendo con proveedores privados de las dos primeras para quien no necesite o desee hacer uso de la oferta pública. Sin ningún tipo de justificación ni añoranza de la época autocrática que me tocó vivir durante más de un cuarto de siglo, salvo la de ser mucho más joven que ahora (durante la que, dicho sea en honor a la verdad, estudié lo que decidí, trabajé donde elegí, amé a quien quise, descubrí las bondades y maldades de la vida, viajé al extranjero, fui niño feliz, púber, adolescente, joven y casi maduro), debo decir que no he encontrado grandes diferencias sobre mi vida y la de mis próximos cuando, a partir de 1977, el gobierno de España ha sido ejercido por el centro-centro, por el centro-izquierda o por el centro-derecha. Pequeños matices, si cabe, han modificado algunas cuestiones poco sustanciosas.

 

          9-indescifrable-parte-humana-con-flor-2-rodoendros-en-el-maraton  ¿Por qué entonces este enconamiento, mejor diré encanallamiento, de la vida política en nuestro país? ¿Por qué hay quien se lava las manos después de tocar un periódico que  representa o defiende al partido de “los otros”? ¿Por qué despilfarramos tal cantidad de energía, de tiempo, de discusiones encarnizadas pero no argumentadas, de malos ratos, de rupturas en relaciones que en lo personal funcionaban perfectamente? Llevo unas cuantas semanas procurando, en la medida de lo posible, ver muy poca televisión nacional, oír escasamente tertulias radiofónicas y de la prensa leo sólo información económica (por supuesto también sesgada) y cuestiones de interés social, véase en estos momentos la amenaza de la extraña gripe, medioambiente, energías alternativas, crucigramas y sudokus, etc. Me siento mejor, he tomado una saludable distancia sobre el día a día, repetido, cansino, aburridísimo, del enzarce político. Defiendo la Política, con mayúsculas, porque de ella depende el progreso de los pueblos y la libertad de los individuos. No quiero salva-patrias (como Chávez), ni militares, ni señores feudales, ni profetas religiosos; quiero políticos elegidos por sufragio universal en elecciones libres; quiero parlamento, democracia, debate, poder y contra-poder, jueces independientes, empresarios creativos y dispuestos a arriesgar, investigadores entusiastas, profesionales y trabajadores honrados y con disposición a la mejora permanente. Me da igual que en la cúspide de la representación política de mi país haya un rey o un presidente de república. En el 78 nos dimos, libre y mayoritariamente, una monarquía parlamentaria y no parece que ese sea un gran problema, por el momento. Pero me gustaría que los políticos fueran capaces de gobernar, cuando les toca, con generosidad, con honradez, con eficacia, con cierta modestia, al igual que lo hicieran con lealtad e inteligencia cuando les toca controlar al poder. Eso quiero, eso espero, con eso sueño.

 

            Como contraste a un artículo tan tedioso y soporífero y para acabar, un chascarrillo para sonreír: nuestra Ministra de Igual Da es “una carga pública”; no lo digo yo, lo dice ella que no consiente que al referirnos a mujeres usemos atributos masculinos, por lo tanto, no podemos decir de ella que es “un cargo público”… sería machismo. Feliz final de verano. 

2 Comentarios

  1. Ramón
    Sep 28, 2009

    Vamos, vamos, el que no te conozca diría que quieres vivir en los mundos de yuppie. Creo que no hay un país en el mundo conocido donde cohabiten todos y cada uno de tus deseos. Hablas de trabajadores honrados y empresarios creativos. Mejor nos iría si fuera al revés. Empresarios honrados y trabajadores creativos. Ahí se te ha visto el plumero, querido Luis. Porque en tu demagoga exposición dices que existen solo diferencias en matices con tu expereciencia preconstitucional. Y luego dices que no quieres salva patrias como Chávez… He de pensar que los calores del tórrido agosto pasado hicieron mella en tu siempre sana y activa capacidad intelectual. Ten cuidado, que con estas expresiones puede querer ficharte como ideólogo algún grupo extremista de los que se pasean cada 20 de Noviembre…

  2. PEPE
    Sep 5, 2009

    Hola, Luís…me parece excelente tu artículo, tu reflexión…así es ésta nuestra España…cainita como dijo Machado. Yo por mi parte te diré que este Agosto he estado desconectado de esta madre y madrastra nuestra; he estado deambulando por Croacia, por el “Mediterráneo tal como era”, como dicen ellos en su publicidad…y aunque se resistió a dejarnos marchar, ya estamos instalados de nuevo en la realidad cotidiana en este Sur profundo.
    En cuanto pueda te doy un toque y charlamos un rato sobre lo divino y lo humano de este verano que agoniza.
    Un abrazo.

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook