Al mal tiempo buena cara

03112011

Probablemente sea precisamente el tiempo lo que nos está dando un respiro en este otoño doblemente caliente que estamos atravesando: caliente por unas temperaturas mucho más propias de agosto y caliente por acontecimientos que cada mañana nos sobresaltan y nos pueden hacer pensar que estamos en un lodazal sin posible salida. Ni todo lo que ocurre cada día en nuestros pueblos y ciudades sale en los medios de comunicación ni todo lo que más exhiben estos representa lo fetén de nuestras vidas. Los niños siguen yendo a los colegios e institutos, los jóvenes tratan de preparar su futuro en las universidades, nuevas parejas caen cada día en el éxtasis del enamoramiento y se olvidan de cuanto les rodea; incluso en este preciso instante, en el servicio de partos del Costa del Sol, alguna pringosa criaturita estará llegando al mundo.
Es verdad que en ocasiones las circunstancias nos obligan a realizar esfuerzos adicionales para sobrevivir: unas veces rachas personales o familiares que parecen cegarse con nosotros; otras, sucesos de carácter más general que, multiplicados sin fin por televisiones, radios, prensa escrita y redes sociales, llegan a convertirse en realidades inmanejables. No hace muchos días un caso de Ébola en nuestro país nos sumió en el más absoluto pesimismo cercano al pánico, midiéndonos todos la temperatura por si, vaya a usted a saber, una mutación del virus lo había hecho trasmisible por el levante y el poniente. Hoy está casi olvidado. La semana pasada todos nos sentimos heridos en nuestro orgullo por no disponer de unas tarjetas negras sin límite de saldo por aquello de la igualdad llevada al extremo. Asunto apaciguado.
Esta semana toca otro escándalo de apaños entre políticos y empresarios a cambio de algo más que una suculenta pata de jamón. Si por la parte folclórica añadimos ese sinvivir en el que nos tiene sumidos la posible encarcelación de una veterana coplera y la ya consumada de otro personaje que fue portada de revistas y protagonista de circos romanos años ha, no cabe duda de que esto parece el anuncio del fin del mundo. Pero no lo es. Lo que ocurre es que nos va demasiado la marcha. Las buenas noticias no interesan, el esfuerzo cotidiano por la superación personal y de los nuestros, la convivencia pacífica y en armonía de muchas familias, las ingentes muestras de solidaridad que cada día se producen en el mundo y en nuestro pueblo, no despiertan el morbo.
Lo primero que aprenden los periodistas es que las buenas noticas no son noticia. Está bien para ellos pero no para los demás. Sin querer cargarme audiencias de nadie, animo a vivir más las propias vidas, a escuchar más música, a leer más libros, a ser posible clásicos, donde descubriremos que siempre hubo lo que ahora hay; es más, que todo tiempo pasado fue peor aunque algunos días nos cueste admitirlo. Y un último apunte: mirémonos hacia dentro, procuremos mantenernos en silencio total unos minutos al día para dejar que se ordenen nuestro aprendizaje, nuestras experiencias, nuestros proyectos. Todo está dentro pero no lo escuchamos: hacemos demasiado ruido.

Artículo emitido hoy a través de Onda Cero Marbella.

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