Año bisiesto

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Arrastran mala fama los años bisiestos y a poco que asomemos la cabeza por entre las sábanas diríase que va a ser con razón. Sea con las lentes de cerca o con telescopio lo que se observamos parece invitar más a taparse bien y no poner los pies en el suelo.

Apenas descorchado el nuevo año nos abofetea un contubernio entre piratas del siglo XXI que desoyen urnas y pisotean principios democráticos para abrazarse impúdicamente a su trastorno obsesivo compulsivo de sajar el cuerpo común sin medir el daño que causen tanto al miembro amputado como al tronco del que se avergüenzan y reniegan. Aprovechan la convalecencia de este que acaba de pasar por un incierto resultado electoral del que aún no ha sido capaz de recuperarse porque tampoco sus glóbulos rojos, azules, naranjas y morados han conseguido alear una sana hemoglobina.

En lo económico no acabó en festín 2015 pero sí creíamos que después de ocho años de agujeros negros, montañas rusas, caídas libres y timidísimos indicios de estar entrando en aguas mansas sería casi imposible ir a peor, entre otras cosas porque voceros y charlatanes nos reiteraron hasta el tedio que lo peor había pasado, pero hete aquí que al cambiar de calendario se nos están cayendo las paredes sobre las que asentábamos la esperanza. El petróleo, otrora oro negro, va camino de igualar su precio al del agua mineral y lo que en apariencia debería ser bueno para el común se lleva por delante las bolsas y las vidas. El oropel de las pagodas chinas también se ha demostrado falso y sus vistosos dragones huyen como ratas asustadas llevándose consigo expectativas y ahorro popular.

Esos jóvenes virtuosos que acuden como moscas a la miel del dinero fácil y la promesa de una vida eterna sin más ocupación que yacer entre virginales doncellas, andan cargando cinturones con dinamita para rodear sus siniestras caderas y jugar a ver quién la tiene más grande: la mascletá, se entiende. Como van y vienen a gastos pagados lo mismo les da un barrio cercano a sus guaridas infestas que un hotel o discoteca a miles de kilómetros. Y esto va para largo porque la empresa de trabajo temporal que les contrata y les anima con cantos de sirenas no escatima en medios.

Si a alguien se le ha pasado por la cabeza la idea de escapar de este circo ensangrentado y haraposo en busca de un lugar sosegado, alejado del torbellino, para abrazar una vida en armonía con la naturaleza sin más ambición que ser uno con ella trabajando la tierra y alimentándose de los frutos que obtenga, desengáñese, allá donde recale, por lejos y virgen que le parezca el lugar, las consecuencias del cambio climático que entre todos vamos acelerando sin freno ni contención le dispensarán ciclones, diluvios y sequías en diabólica alternancia.

¿Qué nos queda pues? ¡Tanto!: Salir de la cama con buen ánimo, no hacer caso de agoreros, trabajar honradamente, querer a los nuestros, decir te quiero a la pareja, ser garbanzo de puchero, gota de océano, escuchar música, disfrutar de sol y de luna, del aire, mar y montaña, besar más y pregonar menos, escuchar más y mejor, no dejar de aprender, aceptarnos y aceptar, estrechar manos y rodear hombros, seleccionar en qué empleamos cada hora, desechar lo inútil, atraer lo bello, desterrar rutinas… vivir, vivir, vivir.

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

2 Comentarios

  1. Javier
    Ene 19, 2016

    ¡Gracias por este rayo de luz!
    ¡Prometo besar más!

  2. Cristina
    Ene 15, 2016

    Bella prosa y magnifico texto; ha sido un placer leerlo

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