Barrios: este, ese y aquel

Que la célula primaria de convivencia es la familia creo que no genera demasiada polémica, otra cosa es que esa célula sea siempre armoniosa y pacífica. Pero, ¿cuál es el siguiente nivel de relación entre personas que comparten cercanía o intereses comunes? Sin duda, el barrio. Verdad es que en las grandes ciudades este módulo de convivencia ha quedado un poco diluido pero se mantiene a duras penas aunque sus límites no coincidan con los diseños municipales.

Dice la Real Academia en su primera acepción que barrio es  “cada una de las partes en que se dividen los pueblos y ciudades o sus distritos”. Hasta ahí nada que objetar y encaja con lo dicho antes pero lo que me llama la atención y hasta me dibuja una sonrisa socarrona son dos definiciones más del término que, acompañado de otros, nada tienen que ver con la original: “barrio chino” y “el otro barrio”.

Los pobres chinos arrastran una mala fama no sé si bien o mal ganada. “Te engañan como a un chino” es un proverbio popular que encuentro totalmente erróneo porque es más fácil que un chino te engañe que seas tú quien lo haga. Pero para lo que aquí nos interesa es que barrio chino es aquel en el que “se concentran los locales destinados a la prostitución y otras actividades de malvivir”; ¡toma castaña! Así lo mantienen los académicos de la lengua hasta nuestros días. Ríete tú de las expresiones políticamente incorrectas.

¿Y qué decir del otro barrio? Pues en este caso la corrección o incorrección política no es lo grave, lo verdaderamente desagradable es que tras ese ya no hay más porque nuestro diccionario lo define como “el otro mundo, la eternidad”. Ya me gustaría a mí tener la certeza de que cuando alguien se va a ese otro barrio de nombre desconocido tuviera la garantía de eternidad, aunque… bien pensado me parece que no nos hemos planteado seriamente lo que supondría vivir para siempre sobre todo si no encontramos la horma de nuestro zapato. Si un mal rato se nos hace interminable no quiero imaginar lo que sería una eternidad en compañía de ciertas gentes.

Así que, cuidado, que cualquier palabra por inocente que parezca, ¿puede haber alguna más cándida que barrio?, tiene tras de sí vericuetos y escondrijos que perturban el significado y, en este caso, seguro que alteran el deseo de empadronarnos en alguno de estos dos últimos tipos de barrio.

Tampoco nos encandilará que nos llamen barriobajeros porque estarían considerándonos “ineducados, desgarrados en el comportamiento o en el hablar”. Pero sobre todo, vamos a procurar que por el momento nadie pretenda mandarnos al otro barrio. A pesar de los pesares, a este ya nos hemos acostumbrado y ya se sabe que más vale lo malo conocido que lo incierto por conocer. Feliz Semana Santa. 

Artíulo emitido hoy por Onda Cero Marbella   

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