Becerros de oro

Becerros de oro

Becerros de oro

Lionel Andrés Messi Cuccittini, natural de Rosario, Argentina, nació el día más largo del año, 24 de junio, pronto hará 27 sanjuanes. Hace menos de un año pactó pagar una multa de cuatro millones de euros a la Hacienda española por fraude fiscal, para eludir la cárcel. Su equipo, el Fútbol Club Barcelona, le ha premiado renovando su contrato por cuatro año a razón de unos 20 millones de euros anuales (tres mil trescientos millones de pesetas al año), 2.214 veces el salario mínimo interprofesional en España. Sí, no hay error: 2.214 veces el salario mínimo de nuestro país. 2.300 € la hora incluso cuando está durmiendo, vomitando en medio del campo o poniéndose ciego. Cuatro veces balón de oro por la FIFA, el jugador que más veces lo ha conseguido de la historia. Un ídolo de masas, de messis, de jóvenes, de padres, un becerro de oro que le produce nausea a quien esto escribe.

Los clubes españoles deben más de 3.000 millones de euros a las arcas públicas, 900 de ellos entre el Madrid y el Barcelona. No se les embarga, ni se encarcela a sus representantes, ni se les cierra el campo. Desgrávese usted amigo autónomo una comida de trabajo y verá la legión de requerimientos que se le viene encima. Uno de los negocios más sucios, como negocio, no como deporte, falsea cuentas y contratos, presiona a políticos y banqueros, incumple las obligaciones con la sociedad que lo mantiene, pero despilfarra cifras que marean en operaciones de compraventa y alquiler de personas que por su propia naturaleza y cuantía son repugnantes. La cifra de rescisión de contrato al argentino es igual a todo lo invertido por la Junta de Andalucía en la obra del AVE transversal entre Antequera y Sevilla, abandonada por la falta de fondos. ¿Demagogia? Llámenlo como quieran, a mí me parece ignominia. El mentado ídolo de masas no es el único, ni mucho menos, pero valga como ejemplo.

¿Tienen la culpa ellos? ¿Sus padres o representantes? ¿Los presidentes de los clubes? Ellos son los untados, los agasajados, pero es la sociedad que lo permite y lo aplaude la responsable última de este escarnio. La gesta del Atlético de Madrid en esta temporada, en cuyos despachos tampoco es blanco todo lo que luce, demuestra que no es preciso dilapidar demasiado para ganar ligas y atraer seguidores. El deporte es juego, épica y estética, pero también debe ser ética. O debería. Cuando se habla de un enfoque del deporte en el que valores como respeto al rival, cooperación y compañerismo, juego limpio antes que resultado, aceptación de decisiones arbitrales incluso cuando perjudican, o aprender a perder y no solo a ganar, lo más amable que se oye es: ¡pues vaya aburrimiento! A pesar de ello, el programa PIVESPORT que estamos intentando promover en esta ciudad seguirá adelante buscando seguidores debajo de las piedras. Alguien habrá en Marbella que desee de verdad empezar a hacer las cosas de otra manera y no sólo en el deporte.

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

 

1 Comentario

  1. Jose
    May 21, 2014

    Indignante y sin embargo lo permitimos.

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