Capítulo 1. Estatutos movedizos

ACLARACIONES COMUNES PARA TODOS LOS CAPÍTULOS:

El título completo de esta serie es: “La nueva banquia española: todo un mundo de dificultades* al servicio del cliente”. (* El término dificultades es compatible e intercambiable por: tomaduras de pelo, burlas descaradas, putaditas o cabronadas)

Los hechos de fondo de cada capítulo son absolutamente reales. Los nombres de personas que aparecen en la serie son ficticios, como también pueden serlo los lugares en los que sitúo la acción y otros atributos personales como sexo o cargo. Normalmente nominaré a la entidad financiera protagonista de cada capítulo con dos letras mayúsculas que podrán, o no, sugerir su nombre real.

Capítulo 1. Estatutos movedizos

Un Banco: en el Parque de la Alameda, de MarbellaNo suele apretar el frío por las tierras que se divisan fácilmente desde el extremo septentrional del continente africano pero el mes de febrero tiene fama de actuar con poca cordura y no sólo en lo meteorológico. En un día soleado y de brisa suave de aquel invierno de 2011, Pablo visitó al director de la oficina habitual de LC para darse a conocer y conocer al personal de la sucursal. Unos días antes, Fito había presentado su renuncia como gerente de la Entidad en la que Pablo hacía sus pinitos últimamente y los miembros directivos propusieron a nuestro protagonista para sustituir al orondo gerente que había pedido, con razones de peso, más tiempo para sí mismo y su familia.

Tras los saludos de rigor, Pablo, viejo conocedor de los vericuetos bancarios, le entregó a Moisés la certificación del órgano rector de la Entidad cliente en la que se recogía oficialmente el cambio de persona en la gerencia, con el fin de que LC actualizara las firmas de la cuenta corriente. Todo amabilidad y buen rollito: – Nada, en un par de días nos llegará “bastanteada” tu firma y podréis seguir operando con toda normalidad, ya os avisamos.

Pasados unos días sin recibir aviso alguno, lo que lejos de extrañarle el sabueso Pablo consideró como hábito totalmente normal del sector, o sea, el incumplimiento de las promesas, Absalón, el cajero de la Institución, interrumpió disgustado una reunión que Pablo mantenía con el departamento técnico: – En LC no nos pagan talones ni hacen transferencias desde nuestra cuenta. – Eso no puede ser, Absalón, si Moisés, el director, me dijo la semana pasada que todo estaría resuelto en un par de días, con mi nueva firma reconocida más las dos habituales que no han cambiado; la única que deben eliminar es la de Fito que ha renunciado. – Pues dicen que no, que la Asesoría Jurídica de su Central les pone problemas.

Pablo es, en apariencia, un hombre tranquilo y controlado; procura mantener el tipo ante situaciones ingratas y piensa que una sonrisa y una palabra amable abren más puertas que un taconazo en las ídem. Pero esa interrupción de una reunión importante por algo que él consideraba absurdo, le soliviantó y, como toda persona serena, cuando se le salta el fusible puede resultar algo violento. Abandonó la reunión y de dos zancadas entró en la sucursal de LC; en realidad la cercanía geográfica era una de las razones por las que se mantenía cuenta en ella. Sin deparar en si había o no otras personas esperando, abordó el despacho de Moisés: – ¿Qué me dice Absalón: que no aceptáis nuestros cheques y no hacéis transferencias desde nuestra cuenta teniendo saldo suficiente?  – Efectivamente Pablo, hay un problema jurídico; discúlpame que yo tengo que atender a unos clientes, te lo explica Jordán que es quien lleva directamente el asunto. Jordán es un apoderado de buena crianza que responde al prototipo de lo que se espera de un apoderado de banca como mandan los cánones. Le muestra muy convencido a Pablo la pantalla de su propio ordenador en la que aparece claramente que la Asesoría Jurídica establece que los Estatutos de la Entidad no dejan claro quién puede disponer de la cuenta. Pablo traga saliva y se asegura su postura en la silla para evitar salir autopropulsado por el techo de la sucursal, víctima de su fuego interior. – Vamos a ver, Jordán, lleváis ocho años atendiendo todas las órdenes de pago, -cheques y transferencias-, con dos firmas mancomunadas y ahora, ¿resulta que eso se acabó? – Efectivamente, vuestros Estatutos no establecen claramente las facultades de los firmantes.

Una Caja: de zapatos vacíaPablo vuelve a la oficina de su Entidad en dos zancadas, esta vez casi en una sola de mucho mayor ángulo, de hecho estuvo a punto de abrirse en dos por la costura perineal. Bucea desesperado por los archivos, saca un ejemplar de los Estatutos, se bebe artículo por artículo buscando el que necesita… aquí está: “Las firmas facultadas para la emisión de cheques y/o pagos son las del presidente, el gerente y el cajero; las firmas serán mancomunadas, debiendo cada cheque expedido u orden de transferencia contener, cuando menos, dos de las firmas facultadas”. Vuelve a la sucursal en media zancada, casi se pasa de frenada. – Mira, Jordán, lee. ¿Qué duda tienen vuestros asesores? ¿Dónde no están claras las facultades de las personas que pueden y deben firmar? – Déjame los Estatutos, hare una fotocopia y la enviaré de nuevo a la Central (Pablo no pudo evitar pensar que el término “la Central” se refería a la Agencia Central de Inteligencia: CIA); en 48 horas estará resuelto, te lo garantizo.

Mientras, es fin de mes y coincide que hay que pagar la nómina del personal, que se realiza por transferencia automática y, ¡claro!, se niegan. ¿Cómo van a hacer algo que llevan ejecutando ocho años sin problema alguno cuando ahora los sapientísimos burócratas han descubierto que todo era irregular? Solución: que las nóminas se paguen por cheque. – Ah, ¿pero para los cheques sí están claras las firmas? –Sí, para los cheques podéis firmar dos personas mancomunadamente. – ¿Y las transferencias no? – No, transferencias, no. – ¡Coño!,  pero los cheques les va a suponer un incordio a nuestro personal porque tendrán que ir a sus bancos a ingresarlos y además les cobrarán comisión. – No, no, nosotros les ofrecemos ingresárselos gratis si abren cuenta aquí. Uno, dos, tres, cuatro… Pablo, contó veinte y salió de la sucursal echando espuma por la boca.

No se solucionó el problema en las 48 horas garantizadas, ni en los 48 días siguientes. En LC seguían admitiendo pagos por cheque pero no por transferencia. Los paquidermos de la CIA seguían en sus trece y llegaron a la conclusión de que los Estatutos no autorizaban las firmas para las transferencias. Y el hecho de que llevaran ocho años haciéndolas no era problema suyo, se habían dado cuenta ahora y desde ahora las cosas se harían “bien”. Pablo, que aparte de defender el fuero, también defiende el huevo, le pidió humildemente una solución a Moisés desde la lámpara del despacho a la que no había podido evitar subirse de un salto. Unos días después llegó la bomba: – Pablo, ya tenemos la solución, y es comodísima para vosotros. – ¿Cuál es? – Dadnos una carta firmada por las personas que tenéis firma en la cuenta diciendo que sois las que realmente tenéis poder para firmar. – Me lo repita. Moisés, se lo repitió. Pablo quiso asegurarse de que lo que oía era cierto. Le formuló la pregunta completa: – ¿Quieres decirme: 1) Que los Estatutos no aclaran las facultades de los firmantes, aunque cuando se leen es evidente que lo dejan clarísimo, 2) que durante ocho años no ha habido problemas con la interpretación de los Estatutos, 3) que por el mero hecho de cambiar a la persona del gerente pero manteniendo sus facultades, los jurisconsultos consideran que no se puede contravenir su nueva interpretación de los Estatutos, y 4) que todo se soluciona con una simple carta en la que los que firman digan que son los que firman y que sus firmas son las fetén? – Sí.

Son irreproducibles en un texto impreso, por respeto a la audiencia, los exabruptos que salieron de la garganta de Pablo. Hay que decir que cuando este hombre pierde los estribos, cosa que no es totalmente imposible, puede resultar, y de hecho resulta, manifiestamente desagradable. Aún así, envió al Director de LC el siguiente acuerdo firmado por los firmantes: “Confirmar a los órganos jurídicos, directivos, técnicos y administrativos de LC que desde hace ocho años se vienen realizando operaciones bancarias de todo tipo y por cualquier medio, tanto de abono como de cargo en cuenta, con DOS FIRMAS MANCOMUNADAS CUALESQUIERA, del Presidente, el Gerente y el Cajero, y así se continúa realizando sin problema alguno en cuantas instituciones financieras esta Entidad mantiene posiciones bancarias, por lo que PIDEN a LC aceptar las firmas indicadas para cualquier medio de disposición de la cuenta, INCLUIDAS LAS TRANSFERENCIAS, LAS TRANSFERENCIAS ELECTRÓNICAS Y CUALQUIER OTRO MEDIO DE PAGO QUE EN EL FUTURO PUDIERA APERECER. Todo ello sin perjuicio de adoptar las decisiones que convengan a los mejores intereses de esta Entidad”.

De entonces acá, a decir verdad, las relaciones entre Moisés y Pablo no han estado a partir un piñón. Pero de esos postres y de esa sobremesa de tan suculento banquete tratará un capítulo futuro; la fiesta no ha terminado. ¿Es LC una entidad bancaria pequeña, insignificante o puramente local? No, es grande, molt gran.

Próximo capítulo: Marta y María.

6 Comentarios

  1. Adelaida
    Oct 20, 2011

    Estoy de acuerdo con Oscar, el esfuerzo de escribir y firmar la carta debía haber servido para cancelar la cuenta, una victoria pírrica, pero el gustazo de ver la cara del director de la sucursal hubiera merecido la pena.

  2. Oscar
    Oct 20, 2011

    Molt bo, m’ha agradat molt.

    Lo que no entiendo es como siguen con la cuenta en LC y no se han cambiado de Entidad, aunque la verdad, como decía mi abuela, todos son el mismo perro con distinto collar, mas vale lo malo conocido que lo bueno por conocer ..

    Tendremos que volver al sistema tradicional, el colchon, la caja en la viga, etc etc.

  3. Paqui
    Oct 20, 2011

    Doy fe de que todo lo aquí expuesto el la purísima verdad, aunque parezca sacado de una de Almodovar; la cosa promete… yo ya estoy deseando leer Marta y María.

  4. Antonio Francisco
    Oct 19, 2011

    Por desgracia suele pasar mas amenudo de lo normal, no se si es de risa o es para llorar, viva la banca.

  5. Jose
    Oct 19, 2011

    Es para morirse, de risa, de pena, de rabia o de todo ello junto. ¿ Al servicio del cliente?, ¿El cliente eres tu?, ¿Queremos estar cerca de ti?, ¿ Te lo solucionamos todo, todo y todo?, ¿La estrella eres tu?…Que poca vergüenza. Pero sobre todo, ¡Que gran mentira! Y encima cobran.

  6. Ramón
    Oct 19, 2011

    JUA JUA JUA!!!!
    Me he partido, literalmente, de risa. Máxime cuando conozco la historia, al protagonista y la entidad “banquiaria”…Sólo una pega, querido Luis. La central no es la CIA, sino la T.I.A. de Mortadelo y Filemón. Es una situación tan absurda que es digna de Berlanga o Almodóvar…

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