Capítulo 3. El sufijo

El título completo de esta serie es: “La nueva banquia española: todo un mundo de dificultades* al servicio del cliente”. (* El término dificultades es compatible e intercambiable por: tomaduras de pelo, burlas descaradas, putaditas o cabronadas)
Los hechos de fondo de cada capítulo son absolutamente reales. Los nombres de personas que aparecen en la serie son ficticios, como también pueden serlo los lugares en los que sitúo la acción y otros atributos personales como sexo o cargo. Normalmente nominaré a la entidad financiera protagonista de cada capítulo con dos letras mayúsculas que podrán, o no, sugerir su nombre real.

Un banco: sobre las sombrillas de la Playa de la FontanillaCon el fin de dar esquinazo a las chapuzas y jerigonzas de las entidades financieras con las que había venido trabajando la Organización de Pablo, hace algunos meses que estaba probando suerte con otras. Una de ellas, BY, tenía toda la pinta de ir a quedarse con el grueso del pastel pues venía mostrando una gran seriedad, profesionalidad y deseos de dar un servicio decente, amén de haber ayudado a la Organización a cumplir ciertos objetivos sociales.
Una noche, a punto de despedir el mes de junio, cayó sobre la ciudad y sus montes circundantes un diluvio poco habitual, tanto para el lugar como para la época. Los campos de golf se convirtieron en enormes lagos y las decenas de cauces secos de inofensivos arroyos conocieron avalanchas de agua y tierra que tiñeron de ocre la costa. Pudo ser el anuncio de la última lluvia del siglo porque de entonces acá el cielo sólo ha mostrado su azul y ya ha pasado todo un verano, el otoño al completo y parte del invierno más seco que recuerdan los lugareños.
Quizá por ese final tumultuoso de primavera, las pocas gentes sensatas de las oficinas bancarias perdieron la cordura. Pablo llevaba días trabajando codo a codo con Lola para poder gestionar a través de ese mirlo blanco recién aparecido todos los trámites bancarios de la Organización: nóminas, seguros sociales, declaraciones fiscales, remesas de recibos, domiciliaciones, transferencias, en fin, todo ese rosario de operaciones no quirúrgicas sin las que hoy es imposible concebir la más mínima empresa o despacho. Y, tacita a tacita, fueron facilitando a la oficina todo lo que les iban pidiendo que no era poco, oficina que estaba en el centro urbano, a una distancia respetable de la Entidad de Pablo, por lo que cuanto requería presencia en ella no resultaba cómodo, pero todo fuera por recibir un servicio eficaz y sin coste.
Hubo que ir en varias ocasiones, y no sólo Pablo sino los restantes firmantes de la Organización a rellenar interminables formularios de letra infinitesimal en los que se autorizaba a BY a realizar todo tipo de trámites de la vieja y la nueva banca. El que Pablo creyó que era el último día de tener que hacer acto de presencia en la sucursal le preguntó a Soles, la interventora, si ya todo estaba listo para empezar a operar a través de todos los medios de la era moderna, especialmente Internet. Soles afirmó con rotundidad que en 48 horas todo empezaría a funcionar y que ya estaba el expediente completo. Pablo se lo comunicó a Lola que tenía retenidos varios recibos de cuotas para poder remesarlos por vía telemática.
Una caja: mojándose despiadadamente bajo la lluviaPablo prefiere trabajar en casa. En sus últimos años de vida profesional en una multinacional aprendió que cuando una empresa tiene sedes en varios continentes es imposible estar físicamente en todas y da igual el lugar en el que uno tenga su ordenador conectado a la Red, incluso si mientras toma decisiones de gran envergadura está afeitado, con barba de seis días, con la última corbata italiana o con un viejo pijama de Zara. Y en casa, y cubierto con una vieja camiseta portuguesa, recibió un correo electrónico de Lola, de los más breves que recordaba: “Para poder enviar la remesa de recibos, BY necesita el sufijo”. A Pablo siempre le hizo gracia la pregunta por antonomasia de los almerienses: “¿Y eso qué e lo que e?” Y esas mismas palabras escribió en la respuesta al correo de Lola. “Al parecer son unas claves numéricas que tienen que darnos pero que no me pueden dar a mí y que tienes que recoger tú personalmente en la sucursal”. Tragar saliva siempre es bueno cuando se nos cruzan los cables ante algo que no esperamos y mucho menos deseamos. Y Pablo tragó saliva, tanta que a punto estuvo de ahogarse en su propio jugo. Se hizo los 10 kilómetros de rigor desde su ordenador hasta la sucursal bancaria y después de tres días intentando encontrar aparcamiento en el centro, consiguió llegar a ella. Soles no estaba pero sí el subdirector, Fernan, que llevaba también los asuntos de la high tech.
– Buenos días, Fernan, mira me dice Lola que me tienes que dar el sufijo para poder operar y que no se lo puedes dar a nadie por teléfono, que tengo que venir yo a por él. – Sí, sí, siéntate, vamos a ver si lo saco. – ¿Si lo sacas, de dónde? – Del sistema. – ¿Y, dime Fernan, qué es eso del sufijo? – Son dos o tres caracteres que tenéis que introducir cuando enviáis remesas. – ¿Y no se las podéis dar a Lola por teléfono que, como sabéis, es la que lleva todo esto? – Bueno, en teoría no… uf, el sistema va fatal, no me da los caracteres; ¿puedes llamar a Lola y que pruebe con 00? – Sí claro, ¿pero tanto misterio para esto? Lola, por favor entra en la página de BY y prueba a ver si funciona con 00. Larga espera. – No, me dice contraseña incorrecta. – Fernan, le dice que no. – Que pruebe con 01. – Lola, prueba con 01. – Me dice lo mismo. – Le dice lo mismo. – Que pruebe con 02. – Mira Fernan si el puñetero sufijo es de dos caracteres nos podríais haber dicho que probáramos entre 00 y 99 y en algún momento habría funcionado, para eso no he bajado yo desde la montaña. – Lo siento es que el sistema va fatal; voy a llamar a Madrid; aquí Marbella, ¿me puedes dar las coordinadas de un cliente? Larguísima espera. – Gracias. – Eran tres cifras: 000. -¡Aaaaaaaaaaaaah! – Lola, prueba con 000. Espera. -¡Bingo!
Cuando Pablo regresó a casa tecleó nervioso la Web del Diccionario de la Real Academia Española y buscó ansiosamente el significado de la palabra “sufijo” por si había sido modificado recientemente, pero no, seguía diciendo lo de siempre: “1. adj. Gram. Se dice del afijo que va pospuesto y, en particular, de los pronombres que se juntan al verbo y forman con él una sola palabra; p. ej., morirse, dímelo. U. m. c. s. m. “
Y en algo estuvo de acuerdo: esto era para morirse, díselo. ¡Qué narices tendrá que ver una pedestre y vulgar contraseña con un sufijo! ¿Es BY una entidad bancaria pequeña, insignificante o puramente local? No, más bien todo lo contrario: es una marca internacional con fuerte presencia en toda Europa y no poca en España. Esto es lo que hay.
Próximo capítulo: Cancelando en Nochevieja.

3 Comentarios

  1. Adelaida
    Mar 25, 2012

    Querido Luis:
    Después de una temporada “Horribilis”, me pongo al día en tu web.
    Lo peor del “sufijo” seguro que fue tener que quitarse el pijama para ir a la entidad bancaria. Es lo que tiene trabajar en casa. Pregúntale a Pablo y seguro que te lo confirma.
    Un abrazo.

  2. Antonio Francisco
    Ene 21, 2012

    Si querido amigo, esta es la era moderna que en ved de ayudar te da… sin mas comentarios, un aqbrazo.

  3. Eulogio
    Ene 20, 2012

    Hijo tienes toda la razón del mundo , pero, no te lo tomes tan a la tremenda que te puede dar un ataque al corazón. Es lo que toca en el mundo de las tecnologias. Nos toca pasarnos el dia recordando contraseñas.Besos

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