De pajas y vigas

Todo se nos vuelve paja en ojo ajeno...

Todo se nos vuelve paja en ojo ajeno…

Que nadie piense mal, no habrá nada pecaminoso en la reflexión de hoy; se basa en una de tantas enseñanzas en parábola que Jesús impartió a sus discípulos; una por cierto de total actualidad. Le preguntó a algún hipócrita de los muchos que campan a sus anchas desde que el mundo es mundo: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? Seguro que a todos nos resulta cercano; cercana sobre todo la paja ajena, aquello que otros no hacen como nosotros quisiéramos. Los padres respecto a los hijos, estos en relación con aquellos; los maestros sobre sus discípulos y viceversa, los jefes en reclamo de la conducta de sus empleados mientras estos apelan a la de sus superiores y así hasta el infinito.

Seguro que hasta nuestros gobernantes tienen queja por nuestras protestas y críticas: son unos desagradecidos, pensará más de uno. Nos desvelamos por su bienestar y nos pagan con pataletas. Claro, luego el ministro de Cultura no va a una gala del sector para no perturbar sus cándidos oídos y le ponen a caer de un burro. Cuán fácil resulta echar balones fuera. Ahora que me estoy entregando al deporte como instrumento educativo y precursor de valores, me encanta esta expresión popular que solo solemos aplicar a los demás, lo mismo que la paja y la viga, o la sartén y el cazo. ¿Estamos de acuerdo en que somos expertos en ver la falta por acción u omisión ajena y ciegos para la propia? ¿Cómo podemos compensarlo? O, mejor aún, ¿apetecemos compensarlo o nos sentimos confortables tal cual?

... pero apenas vemos vigas en los nuestros

… pero apenas vemos vigas en los nuestros

Queremos amabilidad y vamos como cafres. Reclamamos respuesta a nuestras proposiciones y pasamos olímpicamente (de nuevo el deporte) de las que recibimos. Suplicamos comprensión hacia nuestras manías pero no pasamos una al de enfrente. Queremos ser escuchados, mas apenas concedemos palabra al interlocutor. Exigimos premura en la solución de nuestros reclamos mientras arrojamos al limbo las peticiones ajenas. Si actuamos como clientes lo esperamos todo del proveedor pero una vez sentados al otro lado del mostrador encontramos impacientes y mal educados a quienes se acercan a comprarnos.

No sé si por haber nacido Libra y pretender vivir libre me hago demasiadas preguntas intentando encontrar el fiel de la balanza. No niego hurgar también en pajas de ojos ajenos llevando vigas maestras en los míos pero sí me lo cuestiono a diario. Intento llegar a tiempo a las citas, responder cuantos correos llegan a mi bandeja, atender las llamadas, no escatimar un consejo pedido o una palabra de ánimo, y lo que me resulta de mayor beneficio personal: trabajo a conciencia el perdón, no como virtud religiosa que no practico sino como bálsamo infalible de salud y bienestar. Invito a volver la mirada hacia nosotros mismos con igual nivel de exigencia al que sometemos al prójimo.

(Artículo emitido hoy, 12-2-14, por Onda Cero Marbella)

 

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