El color del cristal

Plaza de los Naranjos, corazón de Marbella

Plaza de los Naranjos, corazón de Marbella

Terrazas de restaurantes y bares en las plazas y avenidas, hamacas y sombrillas en las playas, manteros en los paseos, músicos de diverso gusto en las esquinas, quioscos en los parques… ¿Cómo conciliar los bienes públicos con los intereses privados? ¿Qué es un servicio público y qué una actividad meramente mercantil? ¿Dónde empieza la solidaridad y dónde el abuso? ¿Cómo deben actuar los poderes públicos? ¿Qué intereses se conculcan y cuáles se defienden?

Cuestiones nada fáciles que se complican aún más con el avance de lo políticamente correcto y de la defensa de los animales: encierros de vaquillas, corridas de toros, fuegos artificiales en las fiestas con el consiguiente sobresalto para los perros, botellones en los parques y cascos urbanos, fiestas con ruidos infernales hasta las tantas en zonas habitadas, ciclistas por aceras y paseos peatonales…

Podríamos seguir citando actividades que concitan polémica no sin razón y que rara vez suelen generar el acuerdo de quienes lo afrontan desde posiciones diferentes por no decir antagonistas. Al igual que las tendencias políticas o los fanatismos deportivos el debate sosegado no suele arrojar luz alguna porque se parte de estados cargados de emoción y sin el menor deseo de ocupar siquiera por unos minutos el lugar del otro.

Confieso que no me gustaría verme en la piel de la autoridad que deba decidir sobre estos asuntos. No sólo por el coste político que cualquier opción conllevaría sino porque en conciencia tendría un verdadero conflicto moral para elegir la mejor opción suponiendo que haya aquí no solo una mejor opción sino siquiera opciones buenas o malas. El color del cristal con que observamos y juzgamos la vida en comunidad define nuestra inclinación hacia una u otra alternativa. No hay certezas, no hay verdades absolutas.

La base, me parece a mí, está en el respeto al otro pero siempre aduciremos que es el otro quien no nos respeta. El ciclista se queja del automovilista, el peatón del ciclista, el automovilista de que cada vez le dejan menos espacios… y así sucesivamente. El hostelero alardea de generar empleo y pagar impuestos y el paseante de que no puede disfrutar de la ciudad invadida por sillas, mesas y todo tipo de instalaciones. El comercio legal protesta del top manta y los manteros de que solo intentan ganarse la vida. Sobre las fiestas locales y tradiciones no digamos nada; algún día habrá un accidente grave entre defensores y detractores.

El color de mi cristal me dice que en democracia debe primar el imperio de la ley porque de lo contrario primará el poder de la jungla. En democracia lo que no está explícitamente prohibido está autorizado, las leyes se aprueban por mayorías libremente elegidas, y los reglamentos y ordenanzas no puedan restringir derechos reconocidos por las leyes. Por tanto, defiendo que se cumpla la ley y se persiga su infracción. Y que se aplique sin favoritismos, sectarismos o paños calientes. Y que caiga quien deba caer procurando que el bienestar de la mayoría prime sobre el de las minorías sin perjuicio de la legítima protección de estas. Nadie dijo que fuera fácil.

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

Playa de Levante, Benidorm

Playa de Levante, Benidorm

 

4 Comentarios

  1. ANTONIO
    Ene 12, 2017

    Totalmente de acuerdo, sobre todo en la última parte: “la mayoría prime sobre el de las minorías”.
    La democracia, en resumen, es la voluntad de la mayoría. Algo que se suele olvidar con frecuencia.
    Bien es sabido que lo que favorece a unos perjudica a otros y que algunas declaraciones pueden molestar a los que tienen la opinión contraria. Pero las minorias tienen que acatar las decisiones mayoritarias y si les perjudica no tienen otro remedio que aguantarse ¡Ah! pero esto hoy dia está mal visto. Nadie quiere soportar nada y enseguida se aduce que tal o cual disposicion les perjudica y por lo tanto no es legal. Consecuencia de no tener claro lo que significa la democracia.
    Asi ocurre que estamos sometidos a “la tirania del debil” y al “abuso de las minorías”.

  2. Adelaida Bolea
    Ene 12, 2017

    Tienes mucha razón, pero ¿Quien dialoga con quien no sabe o no quiere cambiar las cosas, por intereses económicos?

  3. jotta rivera liébana
    Ene 12, 2017

    APLAU S.O.S.

  4. Jose
    Ene 11, 2017

    Bravo!!!

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