El discreto encanto de asociarse

Arrastramos los españoles fama de individualistas y creo que es bien ganada. Sentimos más orgullo sintiéndonos cabeza de ratón que cola de león. Por eso nuestra historia está jalonada de figuras que sobresalieron con hazañas singulares pero no demasiadas gracias a gestas colectivas. Nuestra capacidad de pacto ha quedado claramente en evidencia durante todo el año pasado en el que la forma de gobierno provisional estuvo a punto de convertirse en definitiva por incapacidad de nuestros representantes para llegar a acuerdos.

Quienes alguna vez hemos asistido a reuniones de propietarios hemos sentido vergüenza ajena al ver cómo cuestiones de importancia similar al voltaje de una bombilla en un portal o el tipo de planta que debía predominar en los adornos navideños podía acabar en batalla campal y enfrentamientos vecinales de por vida. Esa mezcla de culturas que nos ha ido conformando como pueblo explica probablemente nuestra poca conciencia de grupo… ignoro si para bien o para mal.

Todo colectivo requiere de un líder, y de las cualidades de este dependerá la consecución de los objetivos que el grupo persiga. Tendemos a menospreciar el poder individual del liderazgo en la legítima creencia de que un pueblo, un país o una comunidad de intereses no pueden depender del talento o la torpeza, de la bonhomía o la infamia de una sola persona pero tenemos ejemplos flagrantes sin necesidad de rebuscar en la historia o en países exóticos. La nación más influyente del planeta no atraviesa su mejor momento en tal sentido y las consecuencias de cómo el albedrío de un botarate puede influir en la vida presente y futura de millones de personas aún no están escritas.

Acercando nuestro zum nos encantaría confiar en la capacidad reivindicativa de las asociaciones más próximas: de vecinos, de mayores, de mujeres, de colectivos vulnerables. Pero la penuria económica que suelen padecer las lleva a depender de dádivas envenenadas procedentes del poder establecido que a cambio exigirá fidelidad y pocos dolores de cabeza. Quien paga manda. ¡Es tan fácil encontrar justificaciones reglamentistas para dejar sin ayuda a aquellos pequeños colectivos que sean díscolos con el bastón de mando!

Enfrentarse al poder, a los poderes, requiere dosis ingentes de valentía, perseverancia, tesón e independencia. Necesita de líderes íntegros que solo defiendan los intereses legítimos del colectivo al que sirven y que cuenten con su apoyo, si no unánime sí mayoritario y expreso. Pero los tentáculos del poder son muchos aparte de la limosna: la presión, la amenaza velada, la manipulación, el engaño, la falsa promesa…

Así que por todo lo dicho, no lo tiene fácil el movimiento asociativo: perfil individualista de los pobladores de esta rebelde península ibérica, necesidad de un liderazgo inteligente,  ético, valiente junto al reconocimiento expreso del grupo hacia el líder para que este se sienta apoyado, e independencia económica y administrativa del poder político. ¿Tienen todo esto hoy nuestras asociaciones de vecinos y similares? Me temo que no pero aquí más que nunca me encantaría estar profundamente equivocado.   

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

   

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