El gran dilema

Dilema: Argumento formado de dos proposiciones contrarias. Duda, disyuntiva

Dilema: Argumento formado de dos proposiciones contrarias. Duda, disyuntiva

El mes pasado hice público examen de conciencia ante estos micrófonos. Expresaba mi satisfacción por la generosa asistencia a actos deportivos o galas con fines benéficos pero me dolía de la falta de un vínculo más permanente hacia estos fines a través de un compromiso de voluntariado. Mencioné la idea de “intercambio”, esa esperanza subconsciente de recibir algo a cambio de lo que damos, lo que en el caso de la acción voluntaria no es posible percibirlo si no se experimenta.

Me voy más lejos en los recuerdos: pocos meses después de comenzar este tiempo difícil para una gran mayoría, que vivimos desde hace seis años, comencé a decir en todos los foros en los que se me ha invitado o permitido intervenir, que por razones de fondo, que ahora no tenemos tiempo para volver a detallar, debíamos asumir sin posibilidad de vuelta atrás un cambio en el modelo de estado social de bienestar del que habíamos disfrutado durante cuatro o cinco décadas, depende de cada país.

He recibido muchas muestras de incredulidad e incluso de manifiesto desacuerdo, se me ha llegado a decir que se me veía mucho el plumero. No lo tuve en cuenta porque nunca he tratado de defender ideologías: si respetan los fundamentos de la democracia todas son legítimas. No hacía previsiones desde posicionamientos ideológicos sino desde la constatación de hechos irrefutables de demografía y cambios sociales que dejaban ver con toda claridad lo que era inevitable. El problema es que quienes han de tomar decisiones difíciles se juegan su parcela de poder a corto plazo y por eso las vienen posponiendo, ocultando y disfrazando. A más retraso en el comienzo de la terapia, más dolor y dificultad para superar la enfermedad. A más tiempo negando la verdad más duro será su descubrimiento.

En otros tiempos, los grandes cambios se resolvían mediante dos enormes tragedias... y las guerras

En otros tiempos, los grandes cambios se resolvían mediante dos enormes tragedias… y las guerras

En otros tiempos, los grandes cambios se resolvían mediante dos enormes tragedias: una no planificada, las epidemias, y otra que sirvió para dar contenido al término “estrategia”: las guerras. Hoy no queremos ni las unas ni las otras pero tampoco estamos dispuestos a realizar cesiones en nuestros hábitos de confort y seguridad para permitir un desarrollo sostenible en la concepción más literal del término.

Nos conmovemos, permítaseme decir que hipócritamente, cuando decenas de inocentes mueren junto a las costas italianas o españolas, o al ver con nuestros ojos casos concretos de injusticia social o abandono, pero seguimos esperando que todo vuelva a ser como en los felices decenios anteriores. Y eso, ya no volverá. Sencillamente no volverá. Puede parecer una barbaridad pero en muchos aspectos, por suerte, eso no volverá.

Estamos en tiempos de sociedad civil. Vivimos un momento de gran dilema: podemos salir de esta reforzados y renovados o, con perdón, cagarla. Por ahora veo más papeletas vendidas para la segunda opción, pero no tiro la toalla todavía. No esperemos que todo lo resuelvan los otros. A nuestro alrededor hay muchas oportunidades de resolver problemas en lugar de crearlos o agrandarlos. Es cierto que las diferencias entre muy ricos y muy pobres, poderosos y parias se han estirado vergonzosamente pero eso no nos justifica la inacción. Si quiero y me siento impulsado a ello puedo dedicar una hora al día a luchar contra las grandes injusticias universales, pero, ¡caramba!, ¿no será más práctico y ético que resuelva las que se están produciendo a mis pies y para las que sí tengo soluciones factibles?

Aquí mismo, en Marbella, podemos intentar mejorar, entre todos, el bienestar básico de los más desarraigados

Aquí mismo, en Marbella, podemos intentar mejorar, entre todos, el bienestar básico de los más desarraigados

Vivimos en un lugar privilegiado por geografía y clima pero también, todavía, por oportunidades para intentar mejorar, entre todos, el bienestar básico de los más desarraigados. No echemos balones fuera. Podemos llegar a estar mucho peor de lo que estamos; ojalá no lleve razón. Ojalá tenga que decir dentro de unos años: ¡cómo me equivoqué! De momento, mientras sigo aprendiendo cada día, trabajo por aquello en lo que creo: devolver al mundo parte de lo mucho bueno que el mundo me ha dado, de lo contrario, ¿qué van a hacer con ello mis cenizas? ¿Te animas tú también?

(Artículo emitido por Onda Cero Marbella hoy, 8 de octubre de 2013)

 

 

 

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