El siglo de la Mujer

Llevo mal los “días de”. Cuando accedí al uso de la poca razón que siempre me ha acompañado solo existía el Día de la Madre y hasta ese me lo pasaron de diciembre a mayo cuando ya me había acostumbrado a él. La hemorragia de conmemoraciones de causas diversas que saturan hoy el calendario me parece que las ha convertido a todas en inútiles.

Me dicen que hoy es el día internacional de la Mujer. Bien, ¿y el resto del año? Agotamos hoy al personal con banderitas y reivindicaciones de variado gusto y ya podemos dormir tranquilos. Mañana cambiamos el color del lacito y el lema de la consigna y lo que hoy patrocinamos caducó como caducará lo que defendamos mañana. Si es difícil allegar derechos y recursos para causas nobles con esfuerzo permanente y lucha sin descanso poco podemos esperar de lo que solo nos enamora un día al año.

La mujer merece una atención mucho mayor de la que podamos prestarle un día: reina por día fue un programa exitoso en tiempos remotos. No creo que a la mujer de hoy le interese ser reina por un día sino ciudadana con plenos derechos desde su cuna a su tumba. No comparto el término igualdad porque igualar lo diferente es injusto. Hombres y mujeres somos diferentes por dentro y por fuera. Ambos sexos somos, por ahora, la culminación de la evolución de las especies pero no somos iguales.

Hombres y mujeres deben poder acceder a derechos y contraer  obligaciones equiparables en función de nuestras propias singularidades, eso desde luego, pero encuentro necio tener que renunciar a los atributos visibles e invisibles que nos constituyen. Me pregunto si ese ha sido el error para que tras tantos años de lucha por la igualdad andemos todavía tan retrasados en la consecución de las metas. Quizá la lucha deba centrarse en no admitir discriminación alguna por razón del sexo pero sin renunciar a lo genuino de cada uno de ellos.

Represento a una asociación benéfica, Horizonte, en la que la mujer tiene una presencia cercana al 90% en sus diferentes perfiles: profesionales, voluntariado y órgano directivo, siendo mujer la que nos lidera desde hace más de 30 años. Las mujeres ganan exactamente lo mismo que los hombres por puesto similar y asumen responsabilidades de todo tipo. Nadie habla de igualdad, nadie renuncia a su identidad femenina o masculina pero a nadie se le ocurre discriminar por razón del sexo; ni por ninguna otra, por descontado. Y funciona a la perfección.

Yo espero y deseo que este sea el siglo de la mujer. Confío en que seamos capaces de superar prejuicios en todas las direcciones y en todos los ámbitos, no solo el sexual. Sueño con que el XXI no sólo sea el siglo de la revolución tecnológica sino el de la revolución moral de la aceptación del diferente, permitiendo que siga siendo diferente sin tener que renunciar a ninguna de sus señas de identidad pero que las oportunidades, los derechos, los deberes, el bienestar y las dificultades las disfrutemos y afrontemos equitativamente. ¡Por vuestro siglo, mujeres!               

Reflexión emitida por Onda Cero Marbella.

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