En casa del herrero

El algodón no engaña

El algodón no engaña

La empresa tecnológica española por antonomasia necesita 25 minutos, dos PCs  y dos cuadernos  para gestionar la venta de un móvil de 19 €.

No me lo han contado, lo he vivido y así lo relato porque me llamó la atención y me animó a no sentirme un inútil cuando las máquinas la emprenden contra mí. Todo empezó con una llamada del 1004 en la que me ofrecían un paquete de esos irresistibles por el que pasándome a Movistar en mi servicio de móvil no sólo me saldría este gratis sino que me bajarían la cuota del fijo. Está muy bien esto de que para que a uno le bajen el precio de lo que viene utilizando desde el siglo XIX tenga que incorporar nuevos servicios. Por una vez y sin que sirva de precedente decidí escuchar la oferta hasta el final e incluso aceptarla. Sólo tenía que pasarme por la tienda Movistar más cercana a mi domicilio (Parque Comercial La Cañada) a firmar el contrato y a que me cambiaran la tarjeta SIM del teléfono, antes de que entrara en vigor la “portabilidad”. Cuando mi hasta entonces empresa de móvil, Vodafone, supo que quería abandonarla como el desodorante, me hizo una oferta tentadora que nunca antes se había dignado proponerme, a pesar de llevar casado con ella desde que tenía un nombre más castizo: Airtel.

Aprovechando que esa tarde hacía un calor de mil pares y de que la tienda más cercana de Movistar queda a 20 kilómetros de mi casa, ida y vuelta, me armé de valor y me metí en el horno, digo en el coche, y allá que me fui. Carrusel de sorpresas: no había contrato alguno para firmar ni lo habría nunca, simplemente me lo enviarían al domicilio más adelante; no podían entregarme la tarjeta hasta después de entrar en vigor la portabilidad, pero tampoco sería posible en mi teléfono porque era de la competencia por lo que tendría que comprar uno nuevo. Ante mi manifiesta sorpresa de por qué no me habían dicho todo esto por teléfono me aconsejaron hacer oídos sordos a las ofertas telefónicas y gestionar todo a través de las tiendas. Eso es lo que se llama “defender la marca”.

A la mañana siguiente, sin ningún plan veraniego mejor, aparecí como un solo hombre en el primer minuto de apertura del centro comercial para evitar colas mayores de las de estos días para salir de Gibraltar. Cuando abandoné la tienda, la fila no tenía nada que envidiar a la del concierto de Pablo Alborán. Por supuesto la primera respuesta al explicar lo que pretendía resolver, confirmado la tarde anterior, es que no aparecía ninguna portabilidad para mi número. El segundo intento resultó positivo. Eran las 10.03 de la mañana y comenzó la gestión para venderme el modelo más barato y básico de  Movistar: 19 €, que sólo sirve para recibir y enviar llamadas y SMS. ¡Por fin un teléfono que sólo es teléfono! Interrumpo el relato para confesar que estoy enamorado de él hasta los tuétanos cuando apenas llevamos juntos una semana: me es incondicionalmente fiel.

Estoy enamorado de él hasta los tuétanos

Estoy enamorado de él hasta los tuétanos

Sentí no haber ido provisto de cámara de vídeo de larga duración para grabar todo el proceso. Nunca pude imaginar que para realizar la venta de algo tan elemental para la compañía tecnológica por antonomasia de mi país, y una de las más globalizadas, la persona que lo gestionó requiriese de: 25 minutos de reloj, pasar de la pantalla de un ordenador a otro con fruición e indisimulado entusiasmo y, más difícil todavía, sí, lo juro, mis ojos lo vieron, tenía testigos que estarán dispuestos a declarar: dos hermosos cuadernos, dos, para escribir en ellos infinidad de larguísimas anotaciones de números y letras. ¡Dos cuadernos! Uno pinzado en la parte superior al estilo americano y otro de nuestros cuadernos tradicionales con espiral. No pude reprimir la lagrimilla. ¡Angelicos míos!

Teniendo en cuenta que la susodicha tienda sólo estaba atendida por dos señoritas y que la otra se pasó todo ese tiempo tratando de explicar y explicarse por qué a un señor que viajó al norte de Marruecos con un teléfono prepago se le había quedado sin saldo a pesar de no haberlo usado ni una sola vez, a las 10.28 las miradas-flechas al abandonar el local se me clavaron por doquier.

Agradezco a Movistar este barato espectáculo, 19€, en el que pude constatar que mis torpezas tecnológicas sólo son un juego de niños chicos.

1 Comentario

  1. Jose
    Ago 7, 2013

    ¡Juro por tu blog, que nunca mas volveré a aceptar ni contratar un servicio que tenga condiciones de permanencia o penalizacíones !

    De pena….

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