ENERO: ¿TENDREMOS ARREGLO?

el-tren-del-mineral            No sé si será por el cambio de año, algo tan absurdo y artificial, pero me pongo a escribir el artículo mensual de mi ventana virtual sin tener muy claro el contenido. Así que supongo que va a ser un popurrí (del francés pot pourri, olla podrida) de asuntos que me concomen bastante el humor en estos días. Para empezar retomo lo dicho al comienzo: la artificialidad que supone el año calendario como espacio de tiempo en el que tratamos de empaquetar la realidad, nuestra vida. Deseamos feliz año nuevo, nos hacemos proyectos en cada salto de diciembre a enero para, lógicamente, nunca cumplirlos, las empresas hacen su balance y deben presentar cientos de papeles con datos verídicos y cocinados a autoridades, mercado, socios y otros públicos. Pero el tiempo es un continuo y, a lo sumo, tiene más lógica en nuestra sociedad hacer ese corte en el verano, como hacen por lo general los programas docentes, donde se mezcla el sopor, las vacaciones, la inactividad. Lo único común a ambos momentos del año son las rebajas, ese enloquecimiento colectivo que, observado con cierta distancia, pareciera asemejarse a los prolegómenos del fin del mundo o del fin de las provisiones para subsistir.

 

            Estamos en crisis, vocean hasta la nausea políticos, analistas (¡qué invento los analistas!), informadores y, como un eco becerril, el común de los mortales. Se supone que atravesamos dificultades económicas desconocidas hasta ahora en nuestro irreparable mundo consumista. Hay, dicen, cuatro millones de personas sin empleo en España; si a ello añadimos los niños, estudiantes, amas de casa de las de toda la vida y jubilados, ¿qué porcentaje de población produce en nuestra tierra? Y si ello fuera así, y la cosa estuviera tan fea como se dice, ¿cómo es posible que en las pasadas fiestas los centros comerciales hayan estado igual de abarrotados e imposibles que cuando no pintaban bastos? Dijo ayer el ministro de Trabajo que estima una horquilla (¡otro gran invento, la horquilla!) de un 16% a un 20% de economía sumergida. Imposible, me digo: cada vez que encargas un trabajo de cualquier actividad relacionado con la vivienda, lo primero que te preguntan es: ¿con IVA o sin IVA? Me temo que hay escaso sentido de equidad fiscal entre nosotros. Observo muy poca solidaridad a la hora del comportamiento y un desparpajo sin precedentes cuando toca pedir, exigir, protestar. Y me duele.

 

            Otra guinda un poco más al norte, exponente de la hipocresía reinante: la muy cristiana, ultra defensora de las buenas costumbres y moral intachable, la legítima del ministro principal de Irlanda del Norte, el equivalente nuestro a presidente de comunidad autónoma, ha estado poniéndose ciega con su carnicero de cabecera y cuando la ha palmado de cáncer ha empezado a ofrecer sus encantos de entrepierna al hijo adolescente de éste; no contenta con el pecado de la carne, le ha puesto un chiringuito con dinero público de su distrito electoral, reservándose el 10% para sí misma, que una cosa es el amor y otra hacer el primo. Líbrenos el destino o el azar de quienes tratan de impartir moral: para ella la homosexualidad es algo abominable, por citar sólo una de sus prédicas habituales. Dame gentes pecadoras que vayan por la vida procurando hacer el menor daño posible al prójimo, incluso a veces echándole una mano y no precisamente a la bragueta o al sujetador.

 

 el-muelle-de-hierro           Y para acabar, -este año voy a procurar ser más breve que luego mi sabia amiga Adelaida dice que estos artículos son demasiado largos-, me atrevo a meter baza en otro asunto de actualidad: el de los controladores aéreos, confesando de antemano que uno de mis buenos amigos malagueños lo es; espero que no lea este Blog y si lo hace que me disculpe. No entro en guerra de cifras pero está claro que ganan una pasta por hora trabajada que les hace pertenecer a la cúspide de la pirámide retributiva. Tienen una gran responsabilidad y un trabajo estresante pero no son los únicos: cirujanos, médicos, enfermeros, camilleros, bomberos, pilotos, policías, jueces, padres en general, profesores, cajeras de supermercado, conductores de autobuses urbanos, y tantas otras profesiones requieren una formación más o menos costosa, difícil y larga y unas condiciones personales específicas, están mucho peor remuneradas, algunas míseramente (la de padres ni siquiera remunerada y sin formación específica para su desempeño) y no se quejan cada dos por tres de sus condiciones económico-laborales haciendo la puñeta, con sospechosos parones, a un número de personas inocentes desproporcionadamente mayor que al que pretenden defender con sus reivindicaciones.

 

            Ahora entenderéis el título del artículo de este mes. Para suavizar el agrio contenido de lo escrito incorporo dos pinturas de la Marbella de los años 20 que evocan bastante paz. ¡Feliz 2010! 

2 Comentarios

  1. Jose Rodriguez
    Ene 24, 2010

    En relación al asunto de los controladores creo que ya está encarrilando el problema Pepiño. Viene de largo el asunto y es inconcebible que un colectivo privilegiado y que pretende mantener a toda costa sus privilegios sin importarles los perjuícios que ocasionan, pueda actuar con esa impunidad. Hay que poner freno a ese grupo de poder y recortar las retribuciones y prebendas y ampliar el número de plazas.

  2. Adelaida
    Ene 20, 2010

    Tu reflexión de este mes da para varios comentarios, hoy me centraré solo en el paro.
    Como tu, pienso que si en este país hubiera cuatro millones de parados, habría estallado la guerra, pero entre las ayudas del Estado, el per, la economía sumergida y quien sabe que otras historias, hay una gran distancia entre el paro real y la encuesta de población activa. Como decía un buen amigo gaditano, el problema de este país no son los parados, son los quietos. Las ayudas sociales, no seré yo quien opine en contra de ayudar al que lo necesita, sirven en muchos casos, demasiados, para fomentar el número de quietos.

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