Examen de conciencia

Fue una mañana de domingo memorable para la ciudad

Fue una mañana de domingo memorable para la ciudad

Septiembre y enero son meses de hacer balance pero los balances han de cuadrar, no admiten desequilibrios; los exámenes de conciencia sí.

En un examen de conciencia las deudas pueden pesar más que los activos como así lo percibo en el que me propongo hacer público. Vamos despidiendo un verano que, como es habitual en Marbella, estuvo saturado de galas y saraos con vocación benéfica. Este año lo he vivido muy en primera persona porque la televisión municipal me invitó a presentar cada semana un espacio dedicado específicamente a su promoción.

Empezaré por el final para alterar la tradición de que los dulces son el postre. Dulce fue hace dos fines semana el éxito de la carrera urbana que convocó Deportistas por una Causa en la que se sobrepasaron las expectativas: nos inscribimos más de 1.100 personas y corrieron más de 700. El resto no quisimos saturar los servicios de urgencias con lipotimias por imprudencia. Casi 10.000 euros de recaudación permitirán a Ana Garrido y su entusiasta equipo de voluntarios seguir dando de comer a quienes ni para eso les da el bolsillo.

Nos inscribimos más de 1.100 personas y corrieron más de 700

Nos inscribimos más de 1.100 personas y corrieron más de 700

Tampoco faltaron comensales a las mesas de pomposas cenas o a los torneos de golf y otros deportes. ¿A qué viene entonces ese lloriqueo con el que comencé este examen? Viene a que no sólo de pan vive el hombre aunque pan requiera para no morir antes de hora. Viene a que los cortes, ajustes y recortes de todo tipo que en los grifos públicos se vienen produciendo han generado un aluvión de necesidades básicas de conciudadanos que han de cubrirse con la activa participación de quienes no sólo llegamos a fin de mes sino que disponemos también de unas horas libres para emplearlas en algo mejor que envenenarnos con broncas televisadas sobre piruetas en cama ajena o lamentarnos inútilmente por corrupciones y desvergüenzas.

¿Propongo una ciudadanía acrítica? En absoluto. Quiero una ciudadanía informada, crítica, rebelde pero sobre todo que predique con el ejemplo. ¿Puedo criticar la vagancia ajena repanchigado en una hamaca? No es ético censurar la usura si vivo a costa de engañar al prójimo ¿Tengo derecho a pedir más servicios para las personas dependientes si soy incapaz de echar una mano a quien me necesita? No debo quejarme de la suciedad urbana si arrojo colillas, papales o cáscaras de pipas allá donde me halle ¡Contemplo tantos ejemplos de hipocresía, tanta distancia entre los dichos y los hechos!

Le he dado más de un hervido en mi cabeza a esa aparente paradoja entre la concurrencia generosa a carreras urbanas, torneos benéficos o cenas solidarias, y la falta de compromiso en algo tan necesario y apremiante como comprometerse en alguna actividad de voluntariado. Me doy dos explicaciones: la primera es la idea de intercambio: doy si recibo. En una carrera me divierto, practico lo que me gusta, lo hago con amigos, me pongo a prueba, libero adrenalina. En una cena, me arreglo, me luzco, puedo disfrutar de alguna novedad gastronómica, me relaciono, lo cuento. Parecidas razones me animan a participar en otros torneos deportivos. Un compromiso de voluntariado, ¿qué me da? Para empezar la palabra compromiso me disuade. En esta sociedad licuada que vivimos, la idea de comprometerme, de tener que realizar un esfuerzo a cambio aparentemente de nada, me echa hacia atrás. Cuando reclamo a voluntarios veteranos el cumplimiento de un horario o la calidad de un trabajo me responden sin mala intención y total naturalidad que lo que hacen es voluntario y por tanto exento de ese tipo de exigencias.

Se puede hace Voluntariado atendiendo una tienda solidaria, por ejemplo

Se puede hace Voluntariado atendiendo una tienda solidaria, por ejemplo

La segunda explicación es más profunda y puede parecer contradictoria: hacer voluntariado es una experiencia liberadora, productora de honda satisfacción que sólo puede experimentarse con la práctica. No se puede aprender a nadar en seco, hay que tirarse al agua. No se puede saborear la plenitud de salir de uno mismo y darse a los demás, de forma ordenada, organizada, comprometida, si no se realiza por un tiempo determinado.

Feliz coincidencia: Las asociaciones benéficas de Marbella necesitan voluntariado para atender necesidades perentorias de muchas personas. No se puede alcanzar el significado pleno de vida sin realizar voluntariado. ¿A qué esperas?

(Artículo emitido hoy, 10-9-13, por Onda Cero Marbella)

 

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