Haciendo las maletas: 1 – Plan de viaje

Solitario románico rural en Pedraza de la Sierra (Del libro “Vías de Soria” páginas 19 a 24) El libro que tiene en sus manos está escrito por un cántabro viajero que se autodefine como políticamente incorrecto y que desde hace una docena de años reside en Marbella. Y esta extraña trilogía, -Soria, Marbella y Cantabria-, puede suscitar alguna curiosidad inicial: ¿qué tienen en común Marbella y Soria?, ¿qué pinta un cántabro políticamente incorrecto en esta extraña relación? Lo explicaré enseguida. El cántabro viajero es quien esto escribe y aunque cuando era mozalbete no nos llamaban cántabros sino montañeses, cántabro soy al fin y al cabo. La relación casi imposible entre Marbella y Soria tampoco es producto de insondables arcanos o del próximo plan de comunicación por alta velocidad del ministerio de Fomento.

Marbella fue la meca de mi huída de la gran urbe capitalina a comienzos de 1996, cuando Madrid, donde vivía, se me iba haciendo insufrible y eso que sólo iba todavía por los comienzos de la M40. Marbella era un punto de clima envidiable en mi soñado Mediterráneo, rodeado de escarpadas montañas y paradigma de la saludable gastronomía basada en la calidad de sus materias primas; por aquel entonces Marbella había iniciado su milagro de desarrollo económico y social pero aún no habían comenzado a divisarse, para los no avisados, los desmanes, las pillerías y la chabacanería que más tarde iría siendo la basura nuestra de cada día, no sólo en este encantador municipio sureño sino en muchos otros lugares de la costas españolas.

Pero cuando el brillo plateado de su mar, la frondosidad de sus sierras penibéticas, el encanto casi rural de su casco antiguo con sus auténticos lugareños y su limpio cielo inabarcable siempre soleado, empezaron a nublarse con el hedor insoportable de los desmanes urbanísticos, del crecimiento desmedido, de la invasión de indeseables de diversa condición y de la falta de probidad en varios de sus sucesivos gobernantes, hube de cambiar sin miramientos el objeto geográfico de mis sueños. En Madrid lo había sido Marbella, y ahora en Marbella comenzaba a ser… ¡Soria!

Soria es la provincia de España con más baja densidad de población, lo que visto desde aquí abajo ya supone un gran respiro. Soria representa la adustez castellana frente al tenaz jolgorio y afición al vocerío de esta maltratada Andalucía. Soria es centro mundial del desarrollo sostenible en oposición a la permanente victoria del ladrillo sobre la naturaleza. Soria es gélida en invierno y tórrida en verano, Marbella es tibia doce meses al año. Soria es cuna de Numancia, el pueblo que resistió la invasión romana hasta el suicidio para evitar la rendición, el pueblo de Marbella en cambio se rindió, votó y adoró sin tapujos al becerro de oro sin ser consciente de que con ello comprometía su propio futuro. Y una relación adicional: Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella entre 1991 y 2002, había nacido en El Burgo de Osma, la sede episcopal soriana.

Así que soñado y realizado: en la primavera de 2004 efectué el primer viaje a Soria de esta etapa vital, 33 años después de haberla visitado por primera vez. En esos tempranos días de mayo, había nevado en la Tierra de Pinares, pisé nieve virgen visitando en plena soledad matinal la Laguna Negra y repetí idéntica experiencia, insólita para este viajero, en las cercanías del nacimiento del Duero, junto a Castroviejo. Atravesé el Duero infante saltando de piedra en piedra en Salduero, en dirección opuesta a la que lo hacía una manada de vacas, con pleno respeto recíproco. Me estremecí contemplando sin más compañía que la de los buitres leonados y las águilas reales la sobrecogedora profundidad del Cañón de Río Lobos y el misterio de su ermita templaria. Y me enamoraron otros escenarios, más pueblos, otros ríos, arroyos y sierras, ermitas solitarias, castillos en pie o medio derruidos, pastores con sus ganados, más caminos y caminantes, páramos desolados, campos de verde cereal, arboledas inabarcables, silencios sólo rotos por el cierzo, ecos machadianos… en suma, me enamoró ese pezón henchido de la región castellano-leonesa que señala hacia el viejo y sabio Oriente.

Regresé en los días más fríos de enero de 2007. Y volvió a nevar. Primavera blanca en Soria, invierno blanco en Soria. Y de nuevo volví a ella en un mayo soleado y en un septiembre caluroso. Durante muchos años de mi vida profesional, pongamos un cuarto de siglo, he viajado por diversos países y ciudades, algunos de renombre mundial por número de visitantes y atractivos: Francia, Estados Unidos, México, Irlanda, Suiza, Río de Janeiro, Buenos Aires, Quito, Ciudad del Cabo, Londres, Ámsterdam, Lisboa… pero ningún país, ninguna región o ciudad, me provocó la imperiosa necesidad de escribir sobre ellos. Soria sí, a Soria quiero contarla; algo sublime tendrá. 

Estos relatos viajeros que ahora comparto con usted no pretenden ser una guía turística de la provincia de Soria, ya las hay excelentes tanto impresas como en Internet; sin ir más lejos, las publicaciones gratuitas de su Patronato de Turismo son extraordinarias, comparadas incluso con las de áreas de mucha mayor tradición turística. Aquí, amigo lector, encontrarás, encontrará, -elija el tratamiento que prefiera, utilizaré ambos indistintamente-, una narración de emociones, percepciones, sentimientos, observaciones con mayor o menor objetividad de lugares visitados sin pretender agotar cuantos visita merecen, de personas con las que compartí grata charla, de entrañables tascas y humildes casas de comida en las que gocé de plato y compañía, de posadas con categoría de hotel, hostal o casa rural en donde las estrellas no estaban en el rótulo de la puerta sino en el trato y la cordialidad de sus anfitriones.

Y encontrarás todo ello conducido sobre un sueño: descubrir Soria desde los entrañables trenes que atravesaban la provincia a mediados del siglo pasado, de este a oeste y de norte a sur. Los trenes me apasionan sin límite de razón y combinar este relato con la fantasía de viajar en los viejos Expresos, Ómnibus o Correos, arrastrados por gallardas locomotoras de vapor, por todas las costuras de esta asombrosa provincia castellana representa el placer sumo. Te invito a compartirlo.

Las fotos que se incluyen en este trabajo fueron tomadas por su autor en los distintos viajes realizados a la provincia. Intencionadamente se han preferido para su inclusión en esta obra las de los lugares y edificios más sencillos y recónditos: ya hay excelentes publicaciones con imágenes realizadas por grandes profesionales de aquellos monumentos o espacios más representativos y conocidos de la provincia. Se publican ocho fotografías históricas en blanco y negro, consideradas de interés, que han sido amablemente cedidas por el Archivo Histórico Provincial de Soria y así se hace constar al pie de cada una de ellas, y cuatro de viejas locomotoras de vapor que ilustran muy ajustadamente los relatos en los que se insertan tomadas de un sitio público de Internet como también se deja constancia en ellas.

En los viajes realizados he visitado más localidades de las que finalmente aparecen en esta obra, por razones de espacio u oportunidad, al quedar muy alejadas de las líneas férreas. Es tanto el respeto y el afecto que siento por cada núcleo habitado o deshabitado de la provincia que quiero dejar aquí constancia de esos lugares recorridos pero no citados en el texto: Alcubilla de Avellaneda, Quintanilla de Nuño Pedro, Guijosa, Villálbaro, Matanza de Soria, Fuentearmegil, Berzosa, Fuencaliente del Burgo, Fuentelmonge, Zayas de Bascones, Nograles, Rebollosa de Pedro, Fuentepinilla, Aldehuela de Calatañazor, Muriel de la Fuente y Muriel Viejo, Ocenilla, Buitrago, Momblona, Maján, Velilla de los Ajos, Serón de Nájima, la ermita de la Virgen de la Vega, Mazaterón, Miñana, Deza (inolvidable), Cihuela, Los Campos, Las Aldehuelas, Cerbón, Trébago… todos dignos de cita y atención.   

Deseo concluir esta presentación con algunas reflexiones más formales que de contenido: la primera es que ni una sola vez utilizaré en este viaje que ahora empezamos juntos la cursilería políticamente correcta de sorianos y sorianas, viajeros y viajeras, lectores y lectoras, o sandeces de semejante jaez. Aunque el nuevo Estatuto de Andalucía ya lo ha incluido en su cuerpo legal me niego a caer en tal desatino. Los hombres nos encontramos confortablemente incluidos entre las personas o la humanidad, espléndidas palabras femeninas, y así considero que las sabias mujeres no experimentarán complejo alguno por sentirse incorporadas en el plural común usado en género gramatical masculino con función de neutro; es la primera guinda de mi incorrección política. La segunda es que, salvo algún nombre propio en latín cuando sea de provecho, no emplearé en todo el texto ni una sola palabra o frase, tan de moda hoy, en inglés, francés u otra lengua que no sea puro español, el hermoso castellano de Santo Domingo de Silos, Fray Luis de León, Cervantes, los hermanos Machado, Bécquer, Unamuno, Menéndez Pelayo, Gerardo Diego, Andrés Bello, Miguel Delibes… Porque me preocupa no sólo lo que digo, sino cómo lo digo. Deseo que me comprendan sin mayor esfuerzo cuantos ferroviarios me lean, las personas jubiladas, los académicos y quienes sólo conocieron la escuela primaria, los profesores y las amas de casa, los bachilleres y los doctores, y los entregados a cuantos oficios o trabajos dan sustento a sus vidas, incluso quienes no tienen empleo. Doy por supuesto que no hay ya abuelo, pensionista o campesino que no sepa lo que es Internet y por ello sí hago uso de este término; y me propongo rescatar del inconsciente olvido que la pereza acarrea palabras que quizá más de un joven tenga que bucearlas en el diccionario.

No tengas prisa; los viejos trenes eran pródigos en retrasos e impuntualidad y Soria no es tierra para apresuramientos: todo es quedo, sosegado, sereno y excelso. No la turbemos con inoportunas ansias. Viajar es mucho más que hacer turismo: viajar por Soria en sus viejos trenes es conocer su alma, su esencia y su profunda e insondable belleza. A cuantos quieran subirse a este convoy, ¡feliz viaje! 

 
 
 
 
 
 

 

 

 

5 Comentarios

  1. david
    Ene 29, 2013

    Es curioso lo de los cantabros. Pues si bien es cierto lo de llamarnos montañeses décadas atrás, lo cierto es que si se ven documentos del siglo XIX, Cantabros nos llamabamos generalmente. No entiendo porque se empezó con lo de montañeses, ya que este gentilicio era como nos llamaban fuera, pero no nosotros mismos.

  2. Adrián
    Jul 25, 2011

    Me encanta la narración. Me encanta el uso (correcto en mi opinión; opinión semejante a la de Luis Domingo) del lenguaje castellano, y del uso de toda la vida del masculino o femenino en los casos que sea. El machismo o feminismo (no sé a veces cuál es peor), radica en la violencia de las personas. Radica en un uso malintencionado del lenguaje, no en el lenguaje en sí.

    Y dejando el lenguaje castellano a parte, me encanta que una tierra como la mía enamore a la gente. Coincido con Álvaro en que muchos nos hemos ido a estudiar fuera porque la provincia no nos daba oportunidades. Coincido en que muchos se han ido con resquemor de la provincia porque les atrae febrilmente la ciudad, como atraen a los pececillos la luz de ciertos y feroces peces abisales que les devoran sin remordimientos (así veo yo a ciudades como Madrid, no siempre, pero sí muchas veces). Pero también coincido con Álvaro en que muchos otros amamos nuestra Soria. Sin ir más lejos, y hasta ahí llega mi amor, que hace unos años decidí empadronarme en un pueblo de 13 habitantes (14 conmigo). Y como Álvaro (perdona que te desgaste el nombre), también me gusta salir a los pueblos y sus zonas verdes (y otras no tan verdes, que tienen el mismo o mayor encanto), y perderme entre sus piedras, ríos, árboles, campos, gentes, su cielo,… De esta misma afición, y cámara en mano, me surgió la idea de intentar recorrer la provincia soriana pueblo a pueblo (y para mayor de mis locuras, despoblado a despoblado, algunos “redescubriéndolos”). Tardaré años, pero tengo todo el tiempo y la paciencia del mundo. Una tierra tan paciente sólo crea gentes pacientes.

    Por último un apunte. Si el “Villálbaro” al que se cita es el que pertenece a San Esteban de Gormaz, es Villálvaro con “V”. El paso de los años así lo ha dejado, pero también tuvo esa escritura en sus tiempos. Con “B” no es la actual. Le ha pasado a más pueblos, como es el caso del Valdealvín. En el cartel de entrada al pueblo podemos leer Valdealbín, pero tanto sus vecinos, como otros escritos, apoyan que es Valdealvín.

    Por lo demás un blog genial, que me encanta. También invito a visitar el mío, http://lospueblosdesoria.blogspot.com/

    Un saludo.

    Adrián.

  3. alvaro
    Abr 10, 2010

    Hola. Que ilusión encontrar alguien que desea irse a vivir a Soria en vez de huir de ella.
    Es mucha la gente que conozco que estudia en soria y tiene ganas de acabar la carrera e irse fuera, pero es cierto que hay unas pocas personas que buscan tranquilidad y la verdad es que aquí se puede encontrar bastante y más si viajas por la provincia.

    Yo ahora estudio en Madrid pero vuelvo casi cada fin de semana a mi tierra, a mi Soria querida.
    Y es que no es la ciudad lo que más me atrae, sino su provincia. Siempre que puedo me escapo con algún amigo en coche con intención de hacer una excursion no premeditada. Nos dejamos llevar por las carreteras nacionales y comarcales, hasta que nos vemso envueltos en un bosque tenebroso, un pueblo curioso, un bello río , o simplemete una esplanada infinita en la que olvidarnos de todo y disfrutar de un aire puro y un paisaje virgen.

    Te recomiendo aunque pienso que hay sitios mucho mejores. Quizás no en España pero si en el mundo.

    Gracias por tu blog. Muchas cosas que he leido me han parecido interesantes.

  4. ideas
    Abr 27, 2009

    Me sorprende gratamente el impacto de Soria en su vida. Me halaga encontrar entre esos lugares que visito algunos que forman parte de mi vida de una manera imprescindible…

    Gracias

  5. Javier
    Abr 21, 2009

    Querido Socio y Amigo.

    Que grata sorpresa que mantengas tu ilusión, creando este Blog para el disfrute.

    Nunca imagine encontrarte en un sitio como este.

    Espero que avancemos en el disfrute de la vida por este nuevo medio.

    ¡Un Blogazo!

    Javier

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