JUNIO: VAGANCIA GLOBAL

          imagen076  Hemos consumido ya dos tercios del mes de junio y he sido incapaz de escribir una sola línea para esta sección del Blog. Me preguntaba la semana pasada mi amiga Curra García, que es quien realmente me descubrió cómo crear el Blog y cómo darle vidilla, si ya había colgado el artículo de junio y le dije que no, que andaba muy vago este mes; será por el calor, o como dicen los andaluces por la caló. ¡Pues será! No tengo energías ni para llevar la contraria.

 

            A decir verdad he pensado más de una vez sobre qué tema escribiría mis pensamientos compartidos de este mes y se me ocurrían un par de ellos, pero ninguno de los dos acabó llevándome al huerto: los deslices lingüísticos de los medios de comunicación, y el coste de oportunidad. Reconozco que ambos argumentos pueden resultar más que aburridos para quienes tengan la caritativa idea de entrar aquí buscando algo divertido. El primero, el relacionado con el lenguaje, es recurrente en mí; me parece vergonzoso el poco cuidado que ponen quienes viven de la palabra en el buen uso de ella. En algún momento lo afrontaré con mi mejor voluntad de que sea riguroso y ameno a la vez. El segundo, el coste de oportunidad, es un concepto mucho más cotidiano y válido para todos que lo que a primera vista podéis imaginar, pero hace falta por mi parte eso: imaginación, para tratarlo de forma divertida y comprensible por quienes nunca se acercaron al mundo de la Economía. Tampoco renuncio a tratarlo más adelante. Estoy seguro de que os gustará.

 

            Y no se me han ocurrido más asuntos para este mes, de modo que, como no quiero que queden meses en blanco en esta sección (“Con permiso”) pues he decidido en esta tarde sofocante y bochornosa, víspera de la llegada del verano oficial en el hemisferio Norte, que al menos escribiría unas líneas para justificar mi vagancia; vagancia que en los tiempos que vivimos no podía llamarse de otra forma sino global.

 

           p6020438 El próximo lunes, día 22, voy a hacer mi primer viaje en el AVE de Málaga a Madrid y luego en el ALVIA de Madrid a León. Viajé hace años en el AVE a Sevilla pero era imperdonable que un fanático del tren no se hubiera subido aún a la modernidad sobre raíles de su provincia de residencia. Sí, quiero pasar unos días en la tierra de mis ancestros maternos, donde, además, vive una de mis hermanas, uno de mis sobrinos y su asturiana esposa, sus hijos, en fin, una tierra a la que me siento muy vinculado afectivamente y que cuando pasan muchos meses sin pisarla siento que me falta algo. Me acercaré desde la capital a ese pueblo que es la postal de mi infancia: Pola de Gordón, La Pola para los íntimos, y… ¡quién sabe!, quizá me lance el curso próximo a escribir algo sobre esa tierra y mis recuerdos, mis vivencias, las gentes que allí traté, las correrías que viví y la belleza de sus montes y de su paisaje. Prometo que no se llamará “Vías de León” ni “Vías de Pola”, pero, si lo escribo, volverán a aparecer trenes, máquinas, estaciones, trasbordos, fondas, esperas, y la ilusión infantil de ir a echar las cartas al correo. Literalmente. Cuando yo era niño las cartas se echaban en el coche-correo del tren, así llegaban antes, sobre todo si al dejarlas caer en el dorado buzón que llevaban en su costado, se decía en voz alta cuál era el destino. Al menos eso era lo que me decía mi padre: castizo de nacimiento y vocación hasta su último suspiro.

 

            Lo dicho: no me resigno a no afrontar en algún momento esos temas tan apasionantes para el gran público que menciono en el segundo párrafo. Tampoco renuncio a  escribir un nuevo libro, pero 30 grados de temperatura a la sombra son muchos grados para Marbella y aquí ya estábamos muy mal acostumbrados. ¡Feliz verano, amigos!

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