La fuerza de la utopía

Respeto cuanto vive; personas, animales y plantas, incluso roca y pedregal

Respeto cuanto vive: personas, animales y plantas, incluso roca y pedregal

Respeto cuanto vive: personas, animales y plantas, incluso roca y pedregal. Ello no me impide sentir una profunda conmiseración por esos millones de semejantes que dilapidan su precioso tiempo cada tarde frente a una pantalla doméstica que vocifera y escupe líos de falda y bragueta de personajillos sin más oficio que embarrarse en su propia bazofia. Nunca pude entender ni lo pretendo qué beneficio personal puede hallarse en la contemplación diaria de tanto grito soez, exhibicionismo hortera y mentira remunerada. Doliéndome como me duele que nuestros representantes y gobernantes se queden con porción tan rumbosa del famélico pastel colectivo más me repugna saber que por vomitar excrementos públicamente se pueda vivir del cuento.

A esas personas que dejan consumir su vida viviendo la de los demás o que “matan” su tiempo esperando por la mañana que llegue la tarde para enseguida ansiar la cena, la cama y vuelta a empezar, quisiera darles un pescozón cariñoso. A cuantas veo vagar cada día por las calles o parques con la mirada perdida y la ilusión marchitada les conmino a darse un buen pellizco en los glúteos y descubrir de nuevo o por vez primera lo más valioso que tienen: su vida. Vida, como madre, no hay más que una y camina tan ligera que cuando queremos echarle cuentas el pasado es obeso y magro el futuro. ¿Y el presente? Es todo y nada a la vez. Todo porque es lo único que podemos vivir y nada porque como la luz de los faros cuando llega ya se fue. Pero si nos quedamos un rato mirándolo, tras una ráfaga viene otra y luego otra y así sin parar. Igual que en esa sucesión de instantes imperceptibles entre futuro que viene y pasado que huyó, transcurre nuestro vivir.

... como la luz de los faros cuando llega ya se fue

… como la luz de los faros cuando llega ya se fue

Sabido es que no existe el camino a la felicidad sino que ella es el propio camino. La más grande de las libertades personales es la de poder elegir qué hacer con cada hora, día o año de nuestro paso por este mundo. Pensamiento, emoción, sentimiento y acción son ciclos que se retroalimentan sin parar. Si hablo de dolor o de rencor generaré un sentimiento paralelo que me dificultará actuar de forma positiva. Si me abandono a la desidia, el sedentarismo y la vida pasiva, mis emociones y pensamientos se alimentarán de desgana y desánimo. Es una rueda que hay que parar, un tiovivo del que hay que tirarse en marcha, decir ¡basta! y cambiar ese círculo vicioso por otro virtuoso.

¿Quién no tiene fantasías, sueños o metas que le parecen inalcanzables? ¡Utopías! Todos trajimos talentos y habilidades en el equipaje de mano pero algunos no se molestaron siquiera en abrirlo. Lo depositaron en el altillo de su existencia y no llegaron a averiguar lo que contenía y para qué podría servir. Lo dicen esas sentencias inapelables que oímos tantas veces: si es que yo no valgo para nada; a mí me ha mirado un tuerto; todo me sale mal; cómo ha podido ocurrirme esto a mí; para qué voy a intentar nada nuevo si siempre fracaso; tengo las rodillas hechas polvo, o la espalda, o la cabeza, o la garganta, o los codos… ¡Deja de lamentarte! Levántate del letargo, arrincona el sofá o el sillón, niega el saludo al lamento y a la queja sin fin, no admitas la que te venga de fuera; pon el hombro una vez a quien te llore pero no cada mañana. Abre las ventanas de esa casa de carne y hueso, sacúdete el polvo, deja que entre la brisa, el aire y el yodo de la mar cercana. Mira al cielo y respira hondo. Sal a comerte el mundo o te comerá él a ti.

Persigue la utopía porque si sólo buscas lo posible te quedarás en el nada. La utopía, lo irrealizable, el sueño, la fantasía son las brújulas que nos van señalando la buena dirección. En eso consiste una vida plena: en caminar en la dirección elegida sin obsesionarnos por la meta porque a medida que nos acercamos a ella, como sucede con el horizonte, se nos va alejando; no porque sea inalcanzable sino porque va cambiando con nuestro propio andar. Si no sabes por dónde empezar acércate a una entidad solidaria, a cualquiera que te suene. Descubrirás un filón de oportunidades de las que nunca te hablaron en los programas vespertinos tóxicos. Ahora mi meta se llama Pivesport pero sé que cuando me quiera dar cuenta habrá cambiado de nombre. Es igual, seguiré persiguiendo sueños.

Artículo que publico hoy, 3-3-14, en la edición impresa del Diario SUR

Ahora mi meta se llama PIVESPORT

Ahora mi meta se llama PIVESPORT

 

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