La peligrosa hipocresía del buenismo

Cada tarde-noche se venden los mismos productos falsificado

Cada tarde-noche se venden los mismos productos falsificados

El SIP se extrañó hace unos días por la ayuda que un ciudadano de Marbella prestó al delincuente que propinó una paliza a un policía local.

Este sindicato independiente ha lamentado que este tipo de agresiones se están produciendo cada vez más frecuentemente ya que apenas tienen consecuencias para los agresores. Aclararé que el atacante fue un vendedor ambulante senegalés de artículos falsificados de los que las playas y paseos de nuestra ciudad y de casi todas las demás están hasta la bandera. Hace unos meses un hecho similar fue aun más trágico pues la paliza no se produjo en el momento sino cuando el agente iba de paisano con su mujer y su hija pequeña. También ha habido recientemente otro altercado grave de igual naturaleza en la costa valenciana.

El hambre genera hostilidad y en eso no hay discusión pero España no es culpable del hambre en el mundo y su solución no ha de venir por la vía de proteger a las mafias que explotan a personas en negocios ilegales. España ha sido uno de los últimos países de Europa en incorporarse al modelo de estado de derecho regido por normas democráticas, con todas sus imperfecciones pero no mejorado todavía por ningún otro, y no debemos tirarlo por la borda con falsos buenismos cargados de hipocresía cuando no de puro aprovechamiento.

En un estado de derecho todos estamos sometidos al imperio de la ley, que por naturaleza es coactiva y a veces molesta e incluso cara, pero la observancia de la norma que nos damos los ciudadanos a través de nuestros representantes y de los gobernantes que elegimos democráticamente no admite excepciones. Ni para el esposo de la Infanta Cristina, el tesorero del Partido Popular, los cargos ejecutivos del mismo en Madrid, Valencia y Baleares, o los del otro en Andalucía. Pero tampoco para los grupos criminales de importación que se saltan a la torera todas las leyes, reglamentos, ordenanzas y controles.

Los economistas sabemos que la oferta sigue a la demanda. Si la gente compra productos ilegales habrá oferta de productos ilegales. Si la gente compra en mercados clandestinos habrá mercados clandestinos. Me sorprende que quede algún comercio en el paseo marítimo de nuestra ciudad con todo el viacrucis que ha de pasar para establecerse y ejercer su actividad, viendo como cada tarde-noche se venden los mismos productos, falsificados, delante de sus puertas, sin someterse a control alguno de horario, espacio, higiene, personal y cargas sociales, ni nada de nada. Los bancos instalados para descanso de los paseantes se invaden sin miramiento con todo tipo de objetos de origen ilegal que se venden ilegalmente por personas en situación irregular. Y la gente los compra. Y para tranquilizar hipócritamente sus conciencias dice que es para ayudar a los pobres negritos, cuando saben que los pobres negritos están siendo explotados por grupos criminales y seguirán así mientras el negocio marche.

Los bancos para descanso de los paseantes se invaden con todo tipo de objetos de origen ilegal

Los bancos para descanso de los paseantes se invaden con todo tipo de objetos de origen ilegal

Las entidades benéficas de utilidad pública, y sé de lo que hablo, han de pasar, sin excepción ni contemplación de plazos o formas, continuas inspecciones y exigencias burocráticas que les generan costes indirectos enormes. Las personas que hacen Voluntariado, y sé de lo que hablo, han de firmar un contrato con la entidad en la que lo prestan, de acuerdo con las estipulaciones (derechos y deberes) de las leyes españolas y andaluza del voluntariado, y tener en vigor un seguro de responsabilidad civil.

En este país está resultando muy desmotivador actuar al amparo de la ley y muy jugoso saltársela a la torera. El negocio millonario de las mafias además de criminal es pura economía sumergida. No deberíamos confundir el tocino con la velocidad ni el culo con las témporas. Elijamos: estado de derecho o jungla. Que prueben dos mujeres o dos hombres no ya a realizar actividades ilegales en Senegal, Camerún o Rusia, países de origen de algunas mafias, sino algo tan inocuo como ir cogidos de la mano por la calle. Verán dónde y cómo acaban. A los que llegan de fuera debe exigírseles los mismos deberes que a los que estamos dentro, ni uno más pero tampoco menos.

Decir que compramos falsificaciones para ayudar a los pobres negritos es como decir que vamos de putas para ayudar a esas pobres mujeres. 

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