Lo que el viento se llevó

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Anuncié en mi reflexión anterior escaparme a Tarifa una semana para dejar que el levante y el poniente perfumados de brisa atlántica me espabilaran para poder sobrellevar la segunda mitad de este bisiesto. Por supuesto, sin reloj, móvil, guasap, internet, Facebook o Twitter; tampoco televisión, radio o prensa. No osaré afirmar que ello constituye un experimento sociológico pero sin duda sí psicológico en los tiempos que corren. Ha sido una semana de vientos muy fuertes, sobre todo levante, que es el que por aquel pico sur del mapa va de tierra a mar llevándose todo lo que encuentra por delante, con velocidades sostenidas de más de 40 km/hora y ráfagas de 80. Por ello las tumbadas en los dorados arenales indómitos han sido escasas y buscando siempre algún peñasco o duna que me protegiera mínimamente del vendaval.

Pedí expresamente a quien podía localizarme en caso de emergencia que no me informara de nada que representara la actualidad. Así, a la vuelta, supe que en apenas una semana uno de los países esenciales de la construcción europea había decidido irse de casa, que una vez más las empresas de sondeos electorales son una pérdida de tiempo y dinero ya que todos los pronósticos se cumplieron en sentido contrario, que la selección española había perdido ante una modesta Croacia para casi en el momento de mi regreso quedar eliminada de la competición europea… ¿Cómo pude desentenderme de cuestiones tan cruciales sin vivirlas minuto a minuto? ¡Maravillosamente! Ninguno de esos tres importantes acontecimientos hubiera estado bajo mi control y el hecho de conocerlos a toro pasado me ha permitido contemplarlos con una gran distancia y serenidad.

En el reverso del experimento, el vagar día y noche por un pueblo y sus playas salvajes tan peculiar como Tarifa, me consintió observar comportamientos, tendencias, estilos y reacciones con todo lo que eso instruye. En este sur del sur convergen campesinos y pescadores de la vieja guardia, muy “madre patria” como me dijo una vez un algecireño sembrao de arte; advenedizos del turismo, y una pléyade variopinta de locos del surf en sus diversas versiones que provienen de lugares lejanos en los que raramente ven el sol: por el día sortean las olas y por la noche las copas y lo que se tercie. Este mestizaje extremo, apretado en las escasas distancias de un poblado amurallado, supone una fuente inagotable de instantáneas que van penetrando en el cerebro a la misma velocidad con la que el viento se va llevando pensamientos viejos y hábitos inútiles.

De este gazpacho humano de colores, aromas y hechuras tan diferentes hay un ingrediente perverso y tenaz que atrajo mi interés: la ofuscación por huir de la realidad, por escapar del presente. Enganchados a los malignos dispositivos móviles sin mirar a la persona o grupo acompañante; la comida, bebida y fumada compulsivas; las griterías imparables sin escucha, en disputa con músicas machaconas;  los atuendos, tatuajes, peinados o estriptis imposibles… todo ello afectando de forma distinta a propios y extraños pero con el mismo denominador común: no estar, no ser.

En un viejo muro vi una pintada que lo expresa muy bien: un joven blanco con una tabla de surf bajo el brazo dice: “huyendo por una buena ola”; frente a él un muchacho negro con un salvavidas en la mano contesta: “huyendo por una vida mejor”. Hace solo 200 años Tarifa fue defendida de los franceses por un pequeño ejército español ayudado por británicos. Ahora que los británicos quieren abandonarnos, ¿quién nos ayudará a defendernos, y de quién? Preguntémoselo a una empresa de sondeos, o mejor aún, al viento. Pero mientras tanto, propongo vivir plácidamente el presente: estar, ser.

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

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2 Comentarios

  1. Paco
    Jun 30, 2016

    De vuelta a la realidad Luis. Efectivamente demasiada información en una semana, xao Britanicos, nada de sarpaso, técnicos de encuestas que deberían cuestionarse y por último la barbarie terrorista de nuevo.

  2. Javier
    Jun 29, 2016

    Que bien expresas la búsqueda del ideal soñado.
    ¡No dejes de ir a Tarifa!

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