MARZO: PARA EMPEZAR, HABLEMOS DE LO QUE PREOCUPA: LA CRISIS

 2-mirada-creativa-para-tiempos-de-crisis Estamos sacando las cosas de quicio. Hace unos días me llegó por dos canales distintos y distantes el mismo temor: hay que sacar el dinero de los Bancos y guardarlo en casa, incluso comprar alimentos para almacenar, por si acaso; y quizá, oro en lingotes para no tener demasiado efectivo bajo el colchón; el sistema no aguanta, se viene abajo.

Uno, que ha estudiado Ciencias Económicas con más edad de la habitual, extrajo dos ideas ciertas y valiosas de la Carrera: la infalibilidad de los ciclos económicos y la propia función básica de la Economía: asignar recursos escasos a fines alternativos. De esta segunda me ocuparé otro día, hoy quiero extenderme en la primera.

No hay organismo vivo que crezca indefinida y continuadamente y menos a medida que el organismo es más complejo. En cierto modo, ello está relacionado con la escasez de recursos que menciono en la segunda idea valiosa. Durante la Historia de la Humanidad siempre ha habido períodos de crecimiento y períodos de estancamiento o caída (utilizo este término para huir por el momento de los más técnicos como recesión o depresión). Incluso en los escritos bíblicos ya se habla de épocas de vacas gordas y otras de vacas flacas.

Cuando surgió, en la segunda mitad del siglo pasado, el profundo e imparable desarrollo tecnológico, se llegó a pensar que éste acabaría con los ciclos y entraríamos en un período largo de crecimiento continuo. Craso error. En los 70, en los 80, en los 90 y también al poco de comenzar el siglo XXI, se produjeron parones de crecimiento. ¿Por qué ahora hemos entrado en pánico? ¿Qué tiene de diferente esta crisis con relación a las anteriores?

Se ha escrito mucho y por plumas muy autorizadas. Quizá se ha escrito demasiado y la ingente cantidad de árboles (opiniones, teorías, artículos, paquetes de medidas…) no nos dejan ver el bosque. A mí me parece que esta crisis en la que andamos metidos hasta los calzones tiene unas causas específicas que la diferencian de las anteriores, pero siempre dentro de la lógica de los ciclos:

a)      Una industria financiera desmadrada. En muy pocos años se crearon instrumentos financieros de alto riesgo que no sólo no entendía una mayoría sino que tenían, tienen, objetivos espurios. El mercado financiero en sentido amplio y el mercado de valores, fueron concebidos como instrumentos para armonizar el ahorro de los ciudadanos con la inversión de las empresas y las instituciones. Este nuevo tipo de instrumentos sólo busca la rentabilidad a corto plazo, a veces, incluso, a costa de hacer caer cotizaciones sin criterio económico-financiero alguno.

b)     Una sociedad globalizada con acceso inmediato a la información, casi siempre interesada y distorsionada, posibilitando e incluso estimulando decisiones de pánico que se retroalimentan continuamente provocando desplomes de cotizaciones y solicitudes injustificadas de reintegros de efectivo o reembolsos de participaciones en Fondos de Inversión.

c)      Una burbuja inmobiliaria, en países como Estados Unidos, España, Irlanda y otros, que creó en los ciudadanos un engañoso efecto riqueza y convirtió la propiedad inmobiliaria en producto especulativo, estimulado enloquecidamente por las entidades financieras que en este aspecto han actuado con una dosis impensable de imprudencia, avaricia y falta de inteligencia.

d)     Una incapacidad de liderazgo internacional que ha dejado que el problema se agravara hasta niveles en los que su solución va a ser complicada y lenta; debido, quizá, a la coincidencia del término de mandato presidencial en Estados Unidos, con un equipo ineficaz técnica y políticamente, la falta de unidad política en Europa con 27 reyes de Taifas que no se entienden ni parece que lo intenten, la imposibilidad de Japón para salir de su prolongado letargo y la de los países emergentes para tomar cierta iniciativa en esta situación.  

¿Cabe esperar con estos ingredientes que se cumpla la tragedia que algunos agoreros predicen? Francamente, no. Mi humilde consejo es que se mantenga la calma. Quizá para dormir más tranquilos, a quienes tengan excedentes líquidos en abundancia les recomiendo que no acumulen más de 100.000 euros por titular y Entidad en cuentas corrientes, de ahorro y depósitos; los Fondos de Inversión, de Pensiones, Letras, Bonos o Pagarés no entran en este cómputo. El Fondo de Garantía de Depósitos, en España, cubre hasta esa cantidad. No es que Bancos o Cajas de Ahorros vayan a ir a la quiebra sin rescate público o privado alguno, es que si eso se produjera pasaría un tiempo hasta que el Estado nos resarciera lo garantizado.  

¿Y si todo se pone peor? Imaginemos lo que ocurriría si se pusiera la cosa tan mal que lo “sensato” fuera guardar el dinero en casa y almacenar alimentos: la pillería a los domicilios particulares no se haría esperar y no sólo podríamos perder dinero y víveres sino la misma vida. Así que, ¿a qué preocuparse de que pueda llegar esa situación?

Yo creo que las economías van a ir recuperándose lentamente por segmentos y áreas: comenzará por el Nuevo Mundo y seguirá por la vieja Europa. Empezarán a subir las cotizaciones bursátiles, con algún susto todavía por el camino, irá recuperándose la producción en sectores industriales ya muy tocados, y de manera mucho más pausada se irá desacelerando el aumento del desempleo, tocará suelo a mediados del año próximo y tardará, éste sí, muchísimo tiempo en recuperar niveles adecuados.

La salida de la crisis será más complicada en España que en los países con los que se mide. Aquí, la burbuja inmobiliaria ha ido demasiado lejos, sobra oferta residencial en la mayoría de las ciudades y zonas del país, tanto nueva como vacía adquirida para especular, y costará años que el mercado la absorba. Por ello, el ritmo de construcción será muy escaso durante quizá una década y escasísimo será el empleo que genere. En los pasados años dorados, la política de inmigración ha sido excesivamente laxa y ahora nos encontramos con un excedente de mano de obra no cualificada, de muy difícil inserción laboral, con precaria o nula cobertura en forma de prestación o subsidio y poco dispuesta a regresar a sus lugares de origen. El problema no es pequeño.

Tenemos un sistema administrativo público caro e ineficiente, propio de países grandes y ricos cuando somos un país de tamaño y riqueza medios. Sostenemos con dinero público 18 parlamentos, consejos o juntas de gobierno, cientos de altos cargos, miles de puestos de confianza y derroche por doquier que no sólo no ha conseguido hacer más eficaz la llevanza de la cosa pública sino todo lo contrario: se producen desigualdades injustas en aspectos fundamentales en función del lugar de residencia dentro del mismo país, un marasmo de legislaciones y exigencias y una compleja burocracia que desanima a emprendedores propios y extraños. Como, además, padecemos endémicamente una bajísima productividad y, consecuentemente, una baja competitividad, tenemos dificultades para exportar nuestra producción y por lo dicho antes atraer la inversión extranjera.

Así que no va a ser fácil. Pensar, con nuestro panorama político, que pueda haber acuerdos valientes entre los Partidos, los Sindicatos, los Empresarios, los Colegios Profesionales y las Comunidades Autónomas para renunciar cada parte a algunos privilegios muy asentados con el fin de transformar España hacia un país más eficaz, moderno, con leyes y normas generales, ágil, competitivo, líder en sectores innovadores como el de las energías renovables, la agricultura ecológica y el turismo sostenible, haciendo virtud de su posición estratégica, geográfica e histórica, para ser puente entre Europa y África y entre aquella y América Latina es una utopía. Pero no están mal de vez en cuando las utopías, así que termino con ésta. Ojalá lleguemos a verla cumplida.

1 Comentario

  1. Jejical
    Mar 23, 2009

    Estoy de acuerdo con muchos de los puntos de vista en la lectura de este blog. En especial hasta que llegan los interrogantes, pero a partir de ellos la cosa cambia. No digamos cuando se hace el análisis de la situación española, entonces se me ponen los pelos de punta.
    Y no es que el autor no sea digno de confianza por su preparación, prudencia y equilibrio sino que creo que los economistas, en general, no cuentan hoy día con suficientes herramientas, con una barita mágica. No les permiten anticiparnos hasta dónde llegará esta crisis, sino recesión y a las puertas de una depresión, porque va a depender en gran medida del propio mercado, del ajuste que éste precise, de las expectativas de los inversores a los que les quede dinero que invertir y, sobre todo, de la innovadora y creativa actitud de los empresarios y emprendedores medianos y pequeños que puedan quedar después de esta crisis y situación galopante, porque se están hundiendo a montones.
    Tampoco encuentro análisis alguno de carácter anticipativo para prevenir esos desastres económicos. Todos hablan de lo mismo: medidas generales, inyección de dinero, rescates, planes de ataque, plan E, es decir, parches para ir tirando, frenar la crisis y engañar a la gente con medidas a corto plazo: lanzan plan tras plan, primero, mediante inyección masiva de dinero a los bancos; luego, refuerzo de la protección social a grupos vulnerables ; y después, apoyo a sectores en quiebra clara para evitar su colapso.
    Estos economistas que nos desgobiernan se parecen mucho a los malos profesores que esperan siempre a que fracasen sus alumnos para ver cómo los recuperan, o a esos malos médicos que recetan cuando te enfermas, sin haberse antes preocupado de tus hábitos alimenticios o de tu modo de vida. Y por si fuera poco, cuando reaccionan, lo vuelven a hacer mal y nos llevan a la ruina cultural, física o económica.
    La crisis que padece España, desde un punto de vista meramente casero tomadas de periódicos y revistas semanales, no proviene del fallo general del sistema capitalista sino del intervencionismo equivocado del poder legislativo y del poder ejecutivo con sus políticas desacertadas que han provocado un endeudamiento de empresas y particulares. Y de la falta de control del gasto porque despilfarran nuestro dinero a tontas y a locas, y no el suyo, sin pena alguna por sus desmanes.
    Se me antoja que nuestra situación se acerca cada día más a la argentinización de la economía que palpé de cerca en 1997. Todas las economías están sufriendo las consecuencias de esta recesión. Y mientras llegan o no las soluciones, los particulares, los ciudadanos de infantería, somos lo que realmente estamos sufriendo graves reveses en nuestras menguadas economías, dependiendo de la situación de cada uno.
    Y nadie nos sabe, quiere o puede orientar en la práctica sobre qué hacer con nuestros pequeños ahorros para evitar perderlos por los nubarrones que se avecinan sobre la clase media. Al menos esas orientaciones parecen estar señalando algunas referencias:
    • las afirmaciones de Corbacho al referirse a la extensión de la prestación de desempleo a cargo de las autonomías de aquéllos que pierdan las prestaciones que tienen o han tenido, me refiero a los trabajadores,
    • la importante inversión de deuda pública que ya cacarea el gobierno como método de conseguir dinero a cualquier precio, en un futuro inmediato, dada la sangría a la que han sometido a las arcas públicas, con anuencia de todos los partidos, que es lo más preocupante, sin control o prestación alguna,
    • la reciente petición de las Cajas de Ahorro para que se inyecte dinero público en entidades españolas para salvarlas, como ha ocurrido ya con la Caja de Castilla La Mancha que se va a llevar el 50% de esos fondos de reserva a los que se alude en el artículo, solo explicable por poderosas razones políticas y decisión tomada dentro del comité de algún partido político, lo que es peor, sin luz y taquígrafos, y por tanto no se sabe cuánto pueda garantizarnos el Estado, tenemos un Presidente del Gobierno poco creíble,
    • el informe Recarte, los escritos de Vidal-Quadras, de Lorenzo Abadía y otros, que avizoran un sistema financiero débil, presentado, en cambio, como fuerte por el Presidente Rodríguez, un sector financiero español endeudado por el ladrillo, el volumen creciente de impagos, la necesidad de inversión exterior, cuyas claves y soluciones están por desvelar, y eso también preocupa,
    • la alerta del FMI que ha revisado a la baja sus expectativas de crecimiento mundial con consecuencias dramáticas para España, reafirmado por el propio Presidente de la CECA,
    • la preocupación por el propio Foro Económico de Davos, recientemente celebrado, con anticipación de posibles reacciones sociales ante el desastre económico, que serán más graves entre nosotros por el altísimo número de parados, y en aumento, al que estamos avocados ante la inoperancia del gobierno,
    • las recientes afirmaciones del premio de economía, Paul Krugman, asesor de ZP en las últimas elecciones generales, quien aseguró que la salida de la crisis en España será “extremadamente dolorosa”, por lo que abogó por una reducción de salarios y precios, y consideró que España “necesitaría una deflación del 15%” para salir de esta situación, aunque el ejecutivo no está por éstas u otras soluciones semejantes,
    • la reciente petición de uno de los bancos más importantes, el BBVA, a través de su Presidente, para que se llegue a un pacto o acuerdo nacional para poder salir de lo que él califica como “emergencia nacional”,
    Y ante este posible futuro… qué hacer o qué pedir. ¡Virgencita del niño Jesús, que me dejen como estaba!
    De las crisis claro que se sale, y dicen además que las crisis son buenas, incluso necesarias, porque es un reflejo claro de que el organismos económico está vivo porque reacciona; pero ¿cómo saldremos de ella todos y cada uno de los elementos que constituimos el conjunto de la clase media española a la que golpean no uno sino todos los factores potencialmente dañinos? No digamos si nos referimos a las clases más humildes, las cornadas que le va a dar esta crisis van a ser terribles, mucho peor que a los demás.
    Las utopías son sin duda bellas, pero la realidad es muy cruel.
    Existen algunas posibles preguntas para todos:
    • ¿No es hora de empezar a buscar soluciones de fondo analizando y cambiando las causas que las provocan: liberalización de los mercados rígidos, del cambio de modelo energético y de la mejora del capital humano para ser competitivos? ¿Dónde está el código de buen gobierno del que tanto habló Z, dónde está la ética política?
    • ¿Por qué no se ponen de acuerdo los políticos en hacer un gran pacto nacional para abordar TODOS los problemas que tiene España?
    • ¿Dónde están los intelectuales españoles para analizar los problemas morales, sociales, culturales y escolares, de convivencia, políticos y económicos que nos devoran, y marcar objetivos?
    • ¿Es social que los partidos derrochen nuestro dinero en campañas inútiles? ¿Por qué no lo hacen con el dinero de sus afiliados? ¿Tenemos democracia o partitocracia? ¿Para cuándo las listas abiertas?
    • ¿Es lógico que los políticos perduren tanto en el poder que pudran el sistema de relaciones hasta convertirlas en puro clientelismo? ¿Debe existir una clase política que no hace otra cosa que vivir de ella?
    • ¿Es justo que existan fundaciones de toda índole, amparadas por la ley, para llevarse fondos de todos los contribuyentes, y engordar sus cuentas corrientes, sean políticas, culturales o próximas a un partido político?
    • ¿Es normal que se conserve el método del PER, producto de la crisis del 73, para mantener el voto cautivo, el paro subvencionado, personas improductivas o el PER de los señoritos que se cobra en Bruxelas, todos vagos oficiales sin paliativos?
    • ¿Es sensato que existan patronales que reciben fondos públicos para su funcionamiento?
    • ¿Es admisible que sindicatos al estilo vertical se lleven todos los años importantísimas cantidades de dinero cuando no representan en la práctica a nadie o tienen por afiliados porcentajes insignificantes de trabajadores? ¿Por qué no subsisten de sus cuotas de afiliados, por qué mantener tantos estómagos agradecidos y liberados? ¿Cuándo van a trabajar como todos los demás?
    • ¿Cuándo van a dejar los partidos de intervenir en todo y dejar que cada poder del Estado sea realmente independiente?
    • ¿Por qué en los últimos años las empresas públicas se han duplicado, hasta llegar a 2.255 actuales, y todas están endeudadas hasta las cejas?
    • ¿Cuándo van a privatizar las televisiones públicas que nos cuestan un ojo de la cara y se utilizan solo como botafumeiro del poder ejecutivo sin imparcialidad ni objetividad alguna?
    • ¿Por qué los políticos gastan innecesariamente el dinero de los contribuyentes en campañas de TV, costosísimas, sino para pagar favores a los de su cuerda, de forma impune?
    • ¿Cuándo se van a preocupar de una juventud perdida, de orientar éticamente a los padres irresponsables, para que el botellón, las borracheras, las drogas y los embarazos no deseados tengan una respuesta adecuada a los tiempos, en lugar de leyes sobre el aborto a la carta?
    • ¿Cuándo van a plantear un sistema educativo que substancie todos los problemas que tiene una economía basada en arenas movedizas, un ídolo de barro?
    • ¿Para cuándo una reforma de la Constitución que aborde los problemas generados con el sistema autonómico que es un despilfarro permanente, un motivo de tensiones constantes, una discriminación flagrante de los ciudadanos y de políticas de pactos de gobierno, de trueque económico sin disimulos que constituyen 17 autonosuyas taifales, con un caudillo en cada una, más otro Caudillo como hechicero de la tribu; o el cambio de la ley electoral, por qué se permiten los acuerdos postelectorales y no se obliga a que sean preelectorales y de esa manera cada ciudadano sabe lo que los políticos van a hacer con nuestro voto?

    • ¿Cuándo van a dejarnos a los ciudadanos ser y sentirnos LIBRES DE VERDAD, sin intervencionismos constantes en todo?

    Si las respuestas a todas estas preguntas fueran positivas tendríamos el país que nos merecemos y más que dineros, de sobra, para salir de esta crisis en un año, porque pueden suponer el 50% del gasto público.
    Y, mientras tanto, querido lector, sigue algunos consejillos para sobrevivir en tu economía casera hasta que el temporal escampe y mantenerte a resguardo, Juan Español no debe esperar a que papá estado les solucione las cosas y actúa como ellos deberían hacer:
    1. Selecciona el lugar de tus compras y adquiere marcas blancas para ahorrar, compra lo realmente necesario.
    2. No comas fuera de casa. Las reuniones de amigos en los propios hogares para los momentos de ocio.
    3. Saca la ropa y los zapatos guardados en el armario.
    4. Hazte tú mismo los arreglos en casa, practica el bricolaje.
    5. Racionaliza el consumo eléctrico.
    6. Guarda las tarjetas de crédito y paga al contado, tendrás más control de lo que gastas.
    7. Cuida los desplazamientos en coche y usa el trasporte público siempre que puedas.
    8. Dada la situación general y el aumento de los delitos más graves contra la vida, la integridad y la libertad de las personas asegura como mejor puedas las tuyas.
    9. Analiza con mimo dónde pones tus inversiones y hazlo en plazos razonables para un eventual rescate. El baile bancario va a empezar en España, lo dijo Montoro con valentía hace meses y casi nadie le creyó. El colchón especial que teníamos de un año, mal utilizado para ganar las elecciones, ha desaparecido ya, y ahora, aunque más tarde que a otros países, nos pasará también su factura.
    10 Ármate de paciencia y de prudencia y ruega mantener tu trabajo, la sangría del paro no se cura con aspirinas.
    Cuando uno ha tenido la responsabilidad de seleccionar directivos para empresa ve de manera trasparente que Z no pasaría ni la primera entrevista porque no reúne ni una sola de las características de un líder positivo, lo echarían enseguida y el seleccionador quedaría fatal, ¿qué nos pasa a los españoles?

    LOS PUEBLOS TIENEN LO QUE SE MERECEN AUNQUE LUEGO SE ARREPIENTAN, PERO SUELE SER TARDE.

    JEJICAL

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