MAYO: FUMADORES PASIVOS

 

Esto sí que era fumar de verdad            Muchos fumadores opinan que quienes no fumamos somos unos intolerantes y unos impertinentes respecto a su inofensiva costumbre. Dado que me presento como persona políticamente incorrecta tengo la impresión de que hoy daré un poco de caña, a sabiendas de que más de uno me repudiará.

            Cuando pedimos a quienes fuman a intervalos de diez o quince minutos que se contengan un poco cuando están en espacios cerrados compartidos con no fumadores, -la casa de un no fumador, por ejemplo-, dicen que tienen el deseo de hacerlo y que por qué se van reprimir, especialmente si hay una charla amena, un trago, un café o cualquier cosa que ellos asocien con el placer de fumar. Es decir, según eso, los deseos placenteros no deben reprimirse.

            A mí me resulta placentero comer jamón ibérico pero no necesito dar cuenta de una loncha cada media hora; me gusta un buen vino tinto pero no llevo la botella colgada a la cintura para echar un trago a intervalos de quince minutos; adoro leer un buen libro o incluso un periódico pero no lo hago en medio de una conversación; creo que me gusta el buen sexo pero, en fin, ya me voy conformando con recordarlo, desde luego sería incapaz de practicarlo ni siquiera una vez al día; me quedo muy a gusto, con perdón, después de un buen eructo tras una copiosa comida o un trago de cerveza fresca pero me contengo si estoy con otras personas; lo mismo podríamos decir de los pedos cuando nuestro intestino es una borrasca en busca de salida.

            Pero parece que lo de fumar es diferente, y ¡claro que lo es! Yo puedo comer jamón, beber un buen vino tinto o leer un periódico sin tener que hacérselo comer, beber o leer a quienes están alrededor. Fumar un cigarrillo no es posible; todos participan de su pestilencia e insalubridad. Yo puedo incluso eructar o expeler una ventosidad por el ano (definición académica de pedo) sin causar daño a la salud de los acompañantes, sólo estaríamos ante la parte pestilente, y no siempre.

Mikado soltando humo por tierras de Castilla en 1972            Cuando se aprobó en nuestro país la norma por la que, aparentemente, nadie iba a tener que ser fumador pasivo, quienes no fumamos confiamos que había llegado, por fin, la civilización. Poco duró la excitación. Sigue siendo absolutamente imposible tomar un café o una cerveza sin salir del local oliendo a choto viejo tras haber inhalado nauseabundos humos salidos de dudosas chimeneas y orificios. No es fácil encontrar restaurantes en los que se pueda comer en una mesa libre de humo. Ni qué decir tiene que si a uno le gustara el baile es inimaginable poder acudir a una discoteca en la que no haya que llevar escafandra para poder ver nítidamente cómo llegar de un lugar a otro.

            Así que, además de los vicios o dependencias nocivos que cada uno pueda tener en esta vida y de la que le resulte difícil desprenderse (grasas saturadas, dulces, cuantos estimulantes del colesterol puedan imaginarse, pereza, etc.) a los que no tenemos el de fumar no nos queda otra que padecerlo por la vía pasiva.

            Parece normal que cuando se va a la casa de un fumador, últimamente mejor sería decir de una fumadora pues es mayor la proporción de mujeres que fuman que la de hombres, no es correcto pedir a quien nos acoge que se abstenga de fumar; pero, por la misma reciprocidad, propongo que cuando se acude a la casa de una familia o un individuo que no fuma no se pregunte maliciosamente: ¿te importa que fume?, porque es muy duro decir a quien se aprecia, se quiere o se respeta, que sí, que importa y mucho. Sólo si se observa que al salir a la terraza, al balcón, al porche o a la calle para fumar el anfitrión  insiste mucho en que se puede hacer en la casa, hazlo, de lo contrario, directamente no lo hagas: molesta. Y no digamos nada de la lamentable falta de educación que considero el hecho de fumar entre plato y plato o entre el último plato y el postre cuando los demás comensales aún están intentando saborear la comida: barriobajero.

            No nos engañemos; no se engañen quienes fuman: los cigarrillos contienen, además de tabaco con su nicotina y su alquitrán, cientos de substancias gravemente nocivas y fuertemente adictivas. El humo del cigarrillo es, como mínimo, desagradable para los no fumadores, a veces ciertamente pestilente. Cuando fumes ante alguien que no lo hace piensa en cómo te sentirías si a ti te echaran en la cara un buchito del trago que ese no fumador se ha metido en la boca, un eructo tras un plato generoso en ajo, o se diera la vuelta y te lanzara un pedete lúcido acercando su trasero a tu cara. ¿Repugnante verdad? Pues tendría una ventaja sobre tu humo: que no será dañino para tu salud.

            Lo siento, ya advertí de que esta reflexión no caería bien a mis queridos, muy queridos, fumadores. Otra vez será. Pero espero que para entonces se me haya pasado la indignación de ver convertidas las playas en enormes ceniceros. ¡Guarros!

2 Comentarios

  1. Michael
    Jul 20, 2009

    I think that you have to look at this from a different perspective.
    Most people who smoke have weak personalities (we might even say that are conformist), at some point in their live decided to be a part of a group where the price of admission was to be like and act like them. Because of fear of being rejected and/or perceived as someone out of ordinary they needed to prove that share common interest and foremost patterns of behaviours.
    The saddest part of it all is that (…to smokers) you not only make everyday non-smoking strangers sick but also help them die earlier. Most importantly you hurt some of the members of your own family and friends who look at you and imagine that it must give you pleasure and happiness and simply start copying your behaviour. You not only suiciding yourself everytime you rich for that “innocent tranquillizer” but also help others around you to die earlier. I’ve lost a person whom I loved dearly to this preposterous habit and am giving you advice, please smart-up and stop killing yourself, there are other more effective forms of doing it (just google it).

    to blog’s owner:
    Spanish translation most welcome Luis 🙂

  2. Adelaida Bolea
    May 13, 2009

    No puedo por menos que estar cien por cien de acuerdo contigo.
    Como te conozco bien se que eres políticamente incorrecto…… hasta cierto punto. En mi caso, cuando me preguntan si pueden fumar en mi casa les contesto que si…en la terraza. No me importa si es diciembre en la sierra o agosto en Madrid, no tengo piedad. He comprobado que reducen de forma drástica los cigarrillos que fuman y lo que es mas importante, la siguiente vez vienen muy mentalizados para lo que les espera.
    Visito poco las casas de fumadores compulsivos, pongo excusas creíbles.
    Solo es cuestión de tiempo.

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