Poderes y libertad

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En el año que despedimos mañana hemos padecido cuatro procesos electorales empalmando campaña tras campaña: el andaluz, el autonómico y municipal, el catalán y el nacional. Los dos últimos tienen toda la pinta de tener que repetirse durante los primeros meses de 2016. En mayo del año pasado, ya lo habremos olvidado, elegimos a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Me pregunto si estos acontecimientos que ocupan el grueso de la información que recibimos y a los que dedicamos una pate no menor de nuestro tiempo, tienen en realidad una repercusión tan sustancial en nuestra vida cotidiana. Es cierto que el color político de un gobierno puede poner el acento en lo económico, en lo social o en lo medioambiental pero a mi juicio hay otros factores diferentes a la política cercana que nos modifican de forma mucho más profunda los hábitos y el propio vivir.

El avance tecnológico es uno de ellos: en apenas 20 años, los mismos que llevo viviendo en esta bendita tierra, nuestras relaciones se han visto dramáticamente alteradas por la aparición de los teléfonos móviles y la generalización de Internet y del ordenador doméstico. Para la última generación que pisa el planeta, por tanto, sería inconcebible una vida sin esas continuaciones del propio ser humano en detrimento de habilidades que van desapareciendo como las conversaciones sin interrupción, la escritura a mano, las cartas de amor, amistad o literarias, el sosiego hogareño, el saludable aburrimiento o la visita alborozada a vetustas bibliotecas en busca de información accesible solo para los realmente interesados en ella.

El avance científico, definitivamente unido al tecnológico, también ha supuesto un cambio trascendental: en la medicina, con tratamientos e intervenciones impensables al final del siglo pasado también en detrimento de un trato más personalizado entre médicos y pacientes: hoy en día la tradicional medicina de cabecera se concreta en teclear desesperadamente en el ordenador pruebas o recetas; en los viajes, el avión ha dejado de ser para uso mayoritario de negocios convirtiéndose casi en transporte de cercanías por precio y frecuencia, también por estrecheces e incomodidades, y el tren ha recuperado su trono tras años de lenta agonía gracias a la evolución de la alta velocidad, con todos los despilfarros e ineficiencias de los que podríamos hablar sin fin.

Por último, la sofisticación de la publicidad, el desarrollo de los lobbys y la globalización de la economía, propiciando grandes corporaciones multinacionales en todos los sectores, nos induce sin apercibirnos de ello siquiera a consumir los bienes y servicios que a ellas interesa sin tener en cuenta si nos resultan salubres, necesarios o útiles. Tragamos creyendo que tenemos hambre y que elegimos el alimento (o la ropa, el coche, la televisión, el detergente, la crema, el viaje, la operación de reducción o aumento de mamas, etc.) sin realmente necesitarlo ni seleccionarlo libremente porque la publicidad subliminal reiterativa ya se ha ocupado de vencer nuestra resistencia.

De modo que Artur, Mariano, Pedro, Pablo, Albert, sé que el poder atrae fatalmente pero lo tenéis crudo. Vuestro poder es mucho menor del que pensáis, desgraciadamente el nuestro también. Pero cada cual posee la grandeza y la libertad de defenderse del poder, no es fácil pero es posible. Es cuestión de proponérselo seriamente. Feliz 2016.

Artículo emitido hoy por Onda Cero Marbella.

2 Comentarios

  1. JL
    Dic 31, 2015

    Muy buena reflexión.
    Feliz 2016.

  2. María Luisa Miranda
    Dic 30, 2015

    Que bonito Luis, bueno como todo lo que escribes. Yo también te deseó un Año 2016 lleno de esperanza, amor y paz, que buena falta nos hace……y que Dios nos proteja. Que también nos hace falta Un gran abrazo

    K

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