Reforma constitucional y otras reflexiones

En la Naturaleza apenas hay blancos y negros. ¿Y en nuestras mentes? No me tengo por socialista; tampoco por conservador. Mi ideal sobre el modelo de organización social y económica se encuentra en un intervalo inexistente, inalcanzable, y no necesariamente equidistante, entre la socialdemocracia y el liberalismo. Un espacio en el que la iniciativa privada gestione los intercambios de bienes y servicios entre los ciudadanos; y los poderes públicos, legales y legítimos, regulen el mercado para proteger a los más débiles y actúen subsidiariamente en aquellas actividades cuya rentabilidad económica deba supeditarse a la social: infraestructuras básicas, sanidad, educación, seguridad, justicia, prestaciones para situaciones previstas o sobrevenidas de penuria económica: desempleo, jubilación, incapacidad, dependencia, etc.

Aclaro todo ello para contextualizar mi punto de vista sobre la tan polémica y discutida reforma del artículo 135 de nuestra Constitución. Como se sabe, será aprobada con los votos exclusivos de los dos grandes partidos nacionales y con una fuerte y ruidosa oposición de los nacionalistas, izquierda extrema, sindicatos y diversas organizaciones de indignados. El hecho de que yo vaya a defender, sin ninguna fisura, la inclusión de esta mínima y puramente formal reforma constitucional puede hacer pensar a más de uno de los pocos seguidores de este blog, que si lo hago así está claro que se trata de una reforma de derechas. También podría yo simplificar diciendo que el mero detalle de que se opongan a ella los nacionalistas implica que es buena para el conjunto de España.

Pero hagamos un pequeño esfuerzo intelectual y no nos quedemos simplemente en aquello que refuerza y satisface nuestros prejuicios. Un subtítulo oportuno a este artículo bien podría haber sido “valentía socialista”. Porque, sin lugar a dudas, el hecho de que a menos de un trimestre de las próximas elecciones generales, en las que los pronósticos no auguran un éxito al PSOE, que este partido se haya atrevido a proponer y votar algo que sin duda le va a arañar aún más votos, quizá muchos, supone un acto de responsabilidad política y de valentía electoral. Han dado prioridad al interés general del país sobre su baza partidista, a sabiendas de que les acarrea un coste no despreciable.

Introducir en nuestra Ley máxima una mención expresa a la limitación del déficit público estructural y coyuntural, y de la deuda soberana, no va a mermar, de facto, ningún derecho fundamental de los españoles, en absoluto, reconózcanlo quienes se ofuscan con ello, pero sí va a mitigar el riesgo de intervención inmediata por parte de la Unión Europa, de la que somos un socio relevante. Si queremos ser miembros de un círculo o un club, hemos de cumplir sus estatutos, máxime cuando andamos caminando por el filo de la navaja de necesitar su cirugía: servicio no incluido en “las prestaciones básicas” del club; sólo en las de emergencia. Por tanto, apoyo públicamente este arranque de responsabilidad del Gobierno y del partido que lo sustenta.

Y paso a otras reflexiones de mayor calado. Durante los últimos… digamos veinte años, todos los destinos de fondos del Estado de Bienestar se han incrementado exponencialmente mientras que los orígenes de esos fondos sólo han crecido aritméticamente. Los pueblos desarrollados de Occidente han exigido sin pausa aumentos y mejoras en sanidad, educación, infraestructuras, seguridad, prestaciones… Hace unos diez años, un nuevo actor de enormes dimensiones ha aparecido por donde sale el sol cada día: Asia. China, India, Corea del Sur, Taiwán y otros países del Pacífico han irrumpido con fuerza en el proceso de fabricación de cuanto nosotros consumimos y lo hacen a costes sin competencia porque su sistema de protección social es aún analfabeto. Por otra parte, las administraciones públicas han crecido desmesuradamente, más para satisfacerse a sí mismas en un banquete burocrático sin fin, que para servir necesidades comunes: desde la propia Unión Europea con sus ineficaces organismos mastodónticos, hasta los estados, regiones, provincias, mancomunidades de municipios, ayuntamientos, juntas de distrito… me atrevería a decir que hasta las comunidades de vecinos.

Más gastos, exigidos los unos por el conjunto social y engordados los otros por ese mecanismo de las burocracias que funciona igual que las células cancerosas, junto a menos ingresos porque la pirámide poblacional se ha modificado sustancialmente y porque parte de la producción de bienes y servicios se ha exportado allá donde sus costes no hacen competitivo el valor añadido local, con lo que se trunca el crecimiento y se acentúa el desequilibrio entre ocupados y parados, no son compatibles con el mantenimiento del modelo que hemos disfrutado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El problema es que nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato porque en cuanto se intenta, éste ataca con sus garras indiscriminadamente. Y ahí estamos: sabiendo todos que hay una dolencia grave que requiere un profundo cambio en los hábitos de vida del enfermo pero sin quererlo admitir, ni aceptar, ni actuar en consecuencia. En casos así, el enfermo suele morir.

Alguien me preguntará: ¿Y vas a dejar irse de rositas a “los mercados” y poderosos? No, pero los situaré en su justa medida. Es confortable atribuir a un término impreciso todos los males porque nos exime de responsabilidades. Mercados somos cuantos tenemos unas participaciones en un plan de pensiones, un fondo de inversión, unas acciones, unos bonos o un depósito a plazo fijo. No he conocido a nadie a lo largo de mi vida que procure que sus ahorros pierdan valor. El problema, en mi opinión, está en dos aspectos: uno, en haber consentido al sector bancario la ingeniería financiera; un menú interminable de productos derivados que no aportan riqueza alguna salvo a cuatro espabilados pero que han sido detonantes de la crisis cuyo tsunami comenzó a devastarnos hace cuatro años con una primera ola en forma de pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Otro gran pecado del sector mercantil y financiero ha sido el anteponer los incentivos por la gestión a corto plazo en lugar de premiar el crecimiento sostenido: prebendas escandalosas a niñatos y no tan niñatos que pensaron que el mundo entero estaba a sus pies y podían pisotearlo a discreción. Tampoco hay que pasar por alto en este pot purrí la propia naturaleza humana que cuando tiene cinco quiere tener diez: desmanes sin fin en la península arábiga y otros países del norte de África donde las diferencias sociales hacen sonrojar.

Conclusiones: 1) El modelo occidental de Estado de Bienestar está agotado y debemos sustituirlo armónicamente por otro, no necesariamente peor, en el que los ciudadanos recuperen autonomía y no se indignen por tener que pagar dos euros por una consulta médica, por ejemplo, mientras no escatiman dispendio alguno en infinitos gastos superfluos y malsanos: un Estado de “bien estar” responsable y justo. 2) La crisis financiera no está en el origen de esta necesidad de cambio de modelo pero ha venido a evidenciar su urgencia. 3) La reforma del artículo 135 de la Constitución española es una gota infinitesimal de vapor en el océano de la situación; y no nos va a cambiar absolutamente nada, -nada-, pero era conveniente hacerla ahora. Y 4) Cabe que yo sea masoquista pero me apasiona vivir este momento.

8 Comentarios

  1. jesús
    Sep 19, 2011

    Hola Luis, ya era hora que aparecieses y nos dieses pie para explayarnos.
    Poco que aportar a tu exposición, lo suscribo, pero echo en falta algo de lo que la “defensora del pueblo” ha sugerido, que se paguen los excesos políticos, que para eso se les paga, a ninguno se les ha obligado a representarnos, vamos que no se vayan de rositas.
    ¿Que si se pude hacer?, pues sí, pero me temo que las filas las tienen bien prietas y no lo veremos, de nada me sirve que se diga que las urnas serán el tamíz de sus desmanes, me niego a ello.
    Un fuerte abrazo.

  2. Ramón
    Sep 13, 2011

    Esto es lo que tiene haber estado fuera de la red más de una semana. Cuando se quiere contestar a tu nuevo y tan esperado artículo, el contenido del mismo ha sido superado por la realidad económica y social. Las discusiones sobre la reforma constitucional han dado paso a la probable suspensión de pagos griega y a su posible contaminación al eje mediterráneo europeo. Las bolsas en caída libre y mínimos históricos. Las cabeceras de todos los informativos hablando de economía, sesudos economistas intentando explicar lo inexplicable vaticinando tiempos peores, el cataclismo del euro…
    Lo dije hace tiempo en esta misma ventana: CAPITALISMO FALLIDO. Hay que inventar un nuevo sistema donde el poder de los que mueven los hilos no sea tan desmesurado. Empezando por una banca pública que haga fluir el crédito, ya que la falta de éste está ocasionando pérdidas irreparables.
    ¿Reforma constitucional? No deja de ser una ley, de rango superior, bien es cierto, pero que como todas, puede ser, y será seguramente, interpretada al antojo de quien corresponda.
    Y yo, que sí soy socialista, entiendo que Zapatero lleva tiempo a los pies de los caballos europeos, hincado de rodillas y luchando, con incierto resultado cual David contra Goliat, contra los oscuros poderes económicos. ¿Valentía socialista? Obligación, querido Luis. Obligación para su país, que es lo que se debiera esperar de TODOS los políticos. Pero claro, con la “clase” política que tenemos, es normal que este gesto llame la atención.
    Espero que recuperes tu costumbre de plasmar negro sobre blanco tus siempre discutibles percepciones de la realidad.
    Un abrazo

  3. Javier
    Sep 6, 2011

    Gracias por volver querido amigo.

    Es maravilloso encontrar tus sabias descripciones de este mundo en el que vivimos, conducido por unos locos con carnet.

  4. Ernesto
    Sep 6, 2011

    Estupendo análisis Luis, gracias.
    Me parece oportuno que hayas tocado el tema de las responsabilidades individuales, de las cuales los ciudadanos nos olvidamos casi siempre, ya que casi siempre preferimos echarle la culpa a los políticos corruptos, banqueros sin escrúpulos, constructores abusivos… todo con tal de no examinar nuestros propios actos. Vistos en su individualidad estos actos pueden parecer insignificantes, pero cuando se multiplican por millones las consecuencias son catastróficas.

  5. Adelaida
    Sep 5, 2011

    Querido Luis, bienvenido.
    Demasiado contenido para una sola entrada, demasiados temas para un solo texto.
    SI EN EL FONDO, NO EN LA FORMA.
    Está claro que no se puede ganar siete y gastar diez, porque luego pasan estas cosas, la cuestión es de donde quitar los tres que faltan. Los grupos de poder van a salir “a matar”.
    En este país ya se sabe que los compromisos políticos se rompen con cualquier excusa, no somo serios, por eso es necesario incluir este texto en la Constitución, para que los políticos de turno no gasten mucho mas de lo que ingresan. De acuerdo en el fondo,aunque no en la forma, a mi me hubiera gustado que se dijera todo lo que el Gobierno sabe que pasará en otoño y no se atreve a decir y que con esa información los ciudadanos eligiéramos nuestro futuro, pero en economía no hay futuro, solo presente, como consecuencia del pasado y así hay poco tiempo para preguntar al personal.
    Del estado del bien estar, mejor nos vamos olvidando, como de los contratos por tiempo indefinido, las prestaciones por desempleo, la sanidad y la educación gratuita, para los no cotizantes, etc.

  6. Jose
    Sep 5, 2011

    Magnífica y certera exposición la tuya, Luis. La toma de decisiones ante la crisis, llega tarde y algunas con gran tibieza. En este caso concreto, si no se hace por ley, parece que lo de gastar aquello que no tenemos, nadie le iba a poner freno y ha tenido que ser modifcando la ley de leyes, porque de otra manera parece que no podia ser. El desenfreno en los gastos por parte de los políticos, a veces totalmente inutil, había llegado a un extremo sin parangón. Cuanto dinero derrochado, y nosotros, los contribuyentes, tragando y consumiendo sin medida. El poder de los políticos se lo hemos otorgado, temporalmente, para que administren con juicio y mesura, sin derroches, nuestras contribuciones. Igual que en nuestras comunidades de vecinos. Ahí, seguro que nos quejamos mas.
    Los políticos, que no olviden que están a nuestro servicio. Para eso les pagamos.

  7. Antonio Francisco
    Sep 5, 2011

    El tema de la constitucion es muy simpre pertenece al pueblo y me ubiese gusto votar en referendum.
    en cuanto al estado de bien estar lo veo muy negro despues que hoy el fondo monetario ha dicho que vamos a otra recesion.Y el PP con la guadaña.
    Pero aqui en españa se podria ahorrar una barbaridad simplemente suprimiendo el senado que es tatalmente inutil.

  8. Andres Fuentes
    Sep 4, 2011

    Creo que se debería crear una macrocomisión internacional encargada de estudiar un nuevo sistema de democracia, suprimiendo los partidos politicos sin llegar a la dictatura.
    Tenemos que reconocer que los partidos politicos pierden toda credibilidad; cuando uno dice blanco, la oposicion dice negro aunque este convencida que es blanco lo mejor.
    Los partidos politicos en el poder no se atreven a tomar una decision o proponer una nueva Ley, por muy buena que sea, pensando, como me van a joder los de la oposicion.

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