Sistemas, conjuntos y elementos

Puedes optar por mirarte el ombligo...

Puedes optar por mirarte el ombligo…

La sangre, las arterias y las venas son elementos de nuestro sistema circulatorio. Marte, Venus, la Tierra y la Luna lo son del Sistema Solar.

La Teoría General de Sistemas, temida por los alérgicos a la Matemática, es utilísima para comprender el comportamiento humano: de hecho proviene de los primeros estudios filosóficos. Matemática y Filosofía son inseparables. No sé si este es un tema propicio para agosto pero me siento empachado de posados, robados y famosas en bikini.

Solemos juzgar a las personas por uno sólo de sus atributos, el que más convenga en cada momento a nuestro juicio. Ejemplos diversos: los catalanes son tacaños y separatistas; los andaluces, vagos y juerguistas; los economistas, errados; los políticos, corruptos; las rubias, tontas; los nacidos bajo el signo de Tauro, persistentes y decididos. Podríamos seguir. Sin embargo, no caemos en la cuenta de que el lugar de nacimiento o residencia, la profesión elegida, el sexo, el color del pelo o el planeta bajo cuya influencia nacimos, son mínimos elementos de un complejo sistema: nuestro yo completo.

Cada uno de nosotros es un elemento de múltiples sistemas: el de las personas del mismo sexo; de los residentes en un país, región o ciudad; de los que nacieron un determinado año, mes o día; de quienes portan idéntico perfil genético; de cuantos ejercen la misma profesión; de quienes comparten las mismas aficiones; en fin de todos los seres humanos que tienen un rasgo en común con nosotros. Generalizar conductas en función de un solo atributo o elemento es pues una farsa que conlleva tremendas injusticias y profundos errores.

Si en lugar de como elemento nos vemos como sistema, si giramos la mirada hacia dentro, observaremos que también estamos compuestos por una vasta gama de elementos que a su vez conforman subsistemas y sistemas: el digestivo, formado por esófago, estómago, intestino, bazo e hígado. El respiratorio por tráquea, bronquios, alveolos y pulmones. El urinario por vejiga, riñones, uréteres y uretra. El muscular, el nervioso, el sexual, el óseo, etc. En nuestro cotidiano existir podemos elegir mirarnos el ombligo y vivir obsesionados por nosotros mismos o alzar la vista hacia al espacio y agrandar nuestra alma, en el sentido de sustancia vital.

La duda es consustancial con la existencia. Considero pobre e incompleta una vida sin dudas. La Filosofía en realidad es la ciencia que estudia la duda, pues trata de dar respuestas a las grandes incógnitas del ser. La existencia de creencias atávicas en el más allá, concretado en un dios que ha sido distinto en cada época histórica y en cada espacio del planeta, ha servido de consuelo y alivio a esta incertidumbre no resuelta. En un grado menor que la duda sobre el propio sentido último de nuestras vidas, están las dudas sobre el amor, la amistad, la justicia, la fidelidad, el trabajo, la solidaridad, el dolor, la enfermedad o la rectitud de conducta.

... o elevar la mirada al espacio exterior

… o elevar la mirada al espacio exterior

Una vida enfocada obsesivamente hacia el interior suele manifestarse enfermiza, hipocondríaca y, por naturaleza, egocéntrica, pues nos observamos fuera de contexto. Una vida exclusivamente focalizada hacia lo externo también puede resultar vacía y esclava si intentamos adaptarnos sin rumiar a cuanto el entorno impone con sus potentísimos medios. ¿Qué hacer pues? Una vez más comparto aquello que me sirve: me apasiona saberme parte de un todo riquísimo, cosmológico, cambiante, ordenado, regulado por leyes no escritas ni aprehensibles, con interminables oportunidades de descubrimiento y aprendizaje, en el que nuestra minúscula gota interactúa en el inabarcable océano. Y al mismo tiempo practico una mirada hacia dentro para maravillarme por cómo ese cosmos está representado en mis 75 kilos de cuerpo físico y energía permanente, con esa meticulosidad de la que no tengo que preocuparme ni pilotar: latidos, respiraciones, secreción de hormonas, billones de neuronas que se comunican entres si a través de neurotransmisores; huesos, tendones y músculos que me sostienen y permiten moverme sin que yo deba estar pendiente de ellos.

Desde cada célula del cuerpo hasta la oscuridad del cosmos un maravilloso conjunto de elementos y sistemas hacen la vida una feliz ventura.

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