Sociedad dual

Una pequeña punta de la pirámide insultantemente rica...

Una pequeña punta de la pirámide insultantemente rica…

Afronto la dualidad en el sentido de fenómenos distintos en un mismo estado de cosas y no solo distintos sino casi opuestos; dualidad en muchos de los aspectos que atañen a nuestra sociedad, a nuestras vidas. Hoy me referiré sólo a tres.

Comienzo por el más tópico: una sociedad dual entre una pequeña punta de la pirámide insultantemente rica engarzada a un menguante grupo llamado clase media, frente a una enorme y creciente masa de personas con necesidades básicas sin cubrir dignamente. No hemos de mirar hacia el continente vecino por el sur, aquí mismo, en nuestras ciudades y pueblos los sabemos a millones y cada día es más difícil la permeabilidad, el trasvase de individuos entre estas dos realidades. En la Europa de los burócratas es cada día más desalentador este horizonte carente de perspectivas estimulantes.

Una segunda dualidad social la está provocando a velocidad de vértigo la innovación tecnológica. Resulta encomiable constatar el esfuerzo que muchas personas mayores realizan para no verse desterradas al analfabetismo funcional pero aún así es tan rápido, inestable y cambiante el desarrollo tecnológico que para una gran parte de población no hay forma de seguirlo: cuando alcanzan una habilidad tras denodados aprendizajes ya les resultan inservibles: tremenda injusticia e imperdonable ingratitud para con estas personas. La cuenta de resultados de las compañías de telefonía, informática y cuantas han eliminado cuantiosos gastos laborales gracias a las nuevas herramientas que facilitan el hágaselo usted mismo, tiene prioridad ante la capacidad de adaptación de mucha gente.

...frente a una creciente masa de personas con necesidades básicas sin cubrir.

…frente a una creciente masa de personas con necesidades básicas sin cubrir.

Y la tercera es la dualidad en el mercado laboral, en el empleo, en los derechos y deberes consecuentes al puesto de trabajo. Me extenderé más en ella porque lo considero un problema capital en nuestro país, sometido a mucha demagogia, cobardía e intereses espurios.

Aceptemos que entre cinco y seis millones de personas con capacidad y disposición para trabajar no pueden hacerlo porque no hay demanda suficiente para acoger toda esta oferta. Recuerdo que en términos económicos las empresas demandan trabajo a cambio de salario, y las personas lo ofrecen a cambio de procurarse un medio de vida; la demanda de trabajo por parte de las empresas es una demanda derivada o secundaria que se producirá si ellas a su vez tienen demanda de sus productos y servicios para colocarlos en el mercado. Nos encontramos pues con un cuarto de la población capaz y deseosa de trabajar sin poder hacerlo y, además, una parte sustancial de quienes abandonan esa lamentable condición puede ser sólo temporalmente y en condiciones precarias e incluso cercanas a la esclavitud, situación en la que también se encuentran muchos trabajadores en activo. Es una cara de la moneda, un lado de la dualidad. ¿Y el otro?

El otro es el que padecen un sinfín de empresas maniatadas por empleados fijos y de significativa antigüedad que tienen la sartén por el mango y que son rémora para cualquier avance, mejora, innovación o crecimiento sostenible de la actividad económica y del empleo. La legislación laboral de nuestro país es tuitiva en exceso a favor de quien se supone la parte más débil. Las faltas están escasamente definidas en la norma y aplicadas según el criterio subjetivo de los magistrados laborales. Un mismo hecho juzgado por dos magistrados distintos puede tener una consideración y unas consecuencias totalmente opuestas. Y así no hay emprendedor, pyme o gran compañía que pueda moverse con la flexibilidad que el mercado requiere, y no me refiero ahora a los denostados mercados financieros. El absentismo, la falta de rendimiento, de implicación, de adaptación al cambio, y otras rémoras para cualquier avance empresarial son imposibles de demostrar ante la justicia, por lo que muchas empresas no pueden realizar los ajustes de recursos productivos que su situación competitiva demanda, y languidecen o mueren.

La tan criticada reforma laboral ha sido un aguijón injusto para quienes no lo merecían porque ya estaban en el lado estrecho del embudo pero se ha quedado en cuento de hadas para los que se saben instalados en el lado ancho. Y todo abuso de poder es pernicioso sea en la dirección que sea.

(Artículo publicado hoy, 14-10-13, en la edición impresa del Diario SUR)

 

1 Comentario

  1. Javier
    Oct 15, 2013

    Maravillosa exposición de tres de las grandes lacras para el buen funcionamiento de una sociedad justa

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