Teléfono móvil, ese coitus interruptus

Teléfonos móviles en coitus interruptus

Teléfonos móviles en coitus interruptus

Estás amando, trabajando, pensando, escribiendo, leyendo, orinando, obrando, duchándote, conduciendo, hablando, durmiendo, comiendo, sesteando, en el cine, el teatro o una conferencia y zas, suena el móvil.

Quienes peinamos canas recordamos bien un tiempo sin teléfono; disponer de él era un lujo al alcance de las empresas y de muy pocas familias. Las llamadas fuera del municipio eran conferencias, tenían demoras de hasta un día entero y había que solicitarlas a la central de la compañía o en locutorios de la calle. Se llamaba por teléfono para cuestiones importantes, vitales, a veces trágicas. Este servicio se completaba con el telegrama, también excepcional; lo normal era escribir cartas y enviarlas por correo ordinario.

En los 80 comenzaron a aparecer los teléfonos de coche; mal augurio. La cobertura y la calidad de la comunicación eran manifiestamente mejorables y los aparatos auténticos armatostes. Se amplió su presencia fuera del vehículo pero seguían siendo grandes, pesados, caros y con cobertura precaria. Pero llegaron los finales 90 y el siglo XXI y la vida se nos hizo móvil. En casa, en la oficina, en la tienda, por la calle, en el coche, en el tren, en el bus, ya también en el avión, en el salón, la cocina, el comedor, el dormitorio, el baño, el paso cebra… Las orejas humanas van cambiando su fisonomía y tomando forma de teléfono móvil.

Se llama a cualquiera a cualquier hora para el asunto más nimio, inoportuno y absurdo. No se piensa en el otro, creemos que la persona a la que de pronto se nos ha ocurrido llamar estará sentada ante una mesa con lápiz y papel sin nada mejor que hacer que esperar nuestra llamada para atendernos gozosa y tomar nota de cualquier encargo o dato que queramos propinarle. Nos incomoda que manifieste sorpresa o despiste y no digamos nada malestar o enfado. ¡Faltaría más! Nuestra ocurrencia de llamar ha de estar por encima de cualquier actitud, actividad, compañía o estado del llamado.

Por si fuera poco aparecieron los SMS o mensajes de texto con su molesto ruidito de aviso. Y la guinda han sido los sistemas de mensajería instantánea, por demás gratuitos: el acabose. Si recibes un guasap o similar y no lo has contestado a los 5 segundos te creerán muerto, accidentado o maleducado. Insistirán con una ristra de emoticonos de sorpresa, rabia, enfado, incomprensión y malestar. “¿Cómo no me contestas si hace 10 segundos que te he guasapeado?” Hacerlo tampoco es buena solución porque puede iniciarse un rosario de frases cortas o palabras sueltas de ida y vuelta, normalmente en lenguaje críptico, rico en letras “k”, “d” y “x”.

¿Me molesta todo lo nuevo? ¿Soy un carca? No lo creo. Uso internet desde que estaba restringido al ámbito militar y universitario. Tuve una de las primeras cuentas de correo electrónico de la fenecida Teleline, único servidor en España al comienzo de esta aventura. He trabajado durante años con ordenador portátil atendiendo desde cualquier lugar del mundo asuntos de países antípodas. Habré despachado cerca de un millón de correos electrónicos en mi vida: no exagero. Tengo una verdadera oficina en el portátil con carpetas de correo organizadas por temas, destinatarios, fechas, urgencia o importancia y manejo mil contactos, gestionados en listas de distribución. El correo electrónico es silencioso, amable, no suena, se escribe cuando se puede, se lee cuando apetece, se relee, se guarda, se contesta cuando viene bien, se recupera cuando hace falta, aclara dudas y contradicciones… Lo amo y lo defiendo.

Odio la inoportunidad, el ruido, la intromisión, el atrevimiento, la interrupción, la exigencia de inmediatez, la imposibilidad de reflexión y contraste en el uso de los teléfonos móviles con todas sus majaderías anejas. Entiendo que a veces necesitamos oír una voz o hablar con alguien de tú a tú pero no a todas horas. Antes de llamar a alguien pienso si es buena hora en función de los hábitos que conozco: si madruga, se acuesta pronto, echa siesta, estará trabajando o conduciendo, en fin, me pongo en el lugar de aquella persona a la que voy a interrumpir incluso un posible coito. Por eso, me ha parecido provocador el titular de este artículo: teléfono móvil, ese coitus interruptus.

 Artículo publicado hoy (30-9-13) en la edición impresa del Diario SUR

1 Comentario

  1. Mayte Garrido
    Oct 1, 2013

    Luis querido hagas lo que hagas o digas lo que digas , siempre lo haces y dices bien : me encanta el articulo un beso con achuchon; Mayte

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