UN PAZO EN VALEIXE

El hórreo frente a la fachada principal del pazoSuspendí la asignatura en el verano del 94 porque pensé que Galicia estaba muy lejos de Valencia donde ese verano lo pasé trabajando. En realidad, Galicia sigue lejos de todo salvo del norte de Portugal. Volví a suspender en las primeras galletitas de Ernesto II y Sergio pero prometí que la aprobaría en la primera galletita de Coque. Y, al menos me presenté al examen.

Desde la orilla sur del Miño, en la portuguesa Melgazo, se ve un monte gallego quemado, cadenas de montañas suaves y la vía de la línea férrea Orense-Vigo. A este lado, está la espectacular reserva forestal de Monte Prado con hotel muy confortable de gente amable y ambiente de retiro espiritual.

Se saludan cordialmente los últimos días de mayo con los primeros de junio. El viernes por la noche piso por vez primera un lugar del que llevo casi 20 años oyendo hablar: Valeixe. Y conoceré, por fin, a alguien que lleva todo ese tiempo formando parte de mi familia: Pastora. Nos fundimos en un largo abrazo y me perdona no haberme acercado antes hasta aquí. Empiezan más de 24 horas de celebración sólo interrumpida para dormir unas horas.

La familia de León al completo y el "tirador de gintonics"Los chavales chapotean en la piscina. Coque tirita de frío pero se sigue lanzando una y otra vez. No conozco el consabido pazo de Meirás pero este de los Troncoso no ha de sentir envidia de ningún otro. Ernesto II me descubre los secretos de un hórreo que me llama profundamente la atención: nunca tuve un hórreo auténtico tan cerca. Todo en esta construcción ancestral está pensado con inteligencia para que el grano no se pudra por la humedad o por la falta de respiración y para que los roedores no puedan llegar hasta él. Hubo otro más antiguo abajo pero una maniobra… pelín torpe con un coche lo tumbó para siempre.

Ernesto I aparenta cierto cansancio pero lo que realmente tiene es susto: algunos traspiés recientes le han acobardado y ya no se sube a los árboles para podar ramas difíciles; participa en todo sin hacer ruido. Malena, Maestra de Anfitriones, que sabe latín, tiene su punto de candidez: se le ocurre ofrecer gintonics a los recién llegados: Jose se apunta y empieza su visita con buen pie: en cuanto Malena aparece con una bandejita de plata y un tentador vaso chispeante de ginebra de marca, tónica de marca, limón recién cortado y hielos a discreción, el agasajado lo tira al suelo embriagando al césped de primavera.

El protagonista con sus hermanos y orgullos padresLa cena se hace fuera, en la mesa bajo la pérgola de piedra. Ernesto II se ocupa de la exquisita carne al gusto de cada uno. Chanzas, bromas, recuerdos, pronósticos sobre el tiempo para el día siguiente. Alguien acertó y el sábado no sólo hubo comunión sino bautismo a lo grande porque apenas dejó de llover. Ir a una comunión y no tener que estar en la ceremonia es algo muy de agradecer. Vamos llegando los  convocados y llegan también los protagonistas: Coque, ya superados los nervios sobre si se atragantaría con la galletita, Ernesto III, Sergio y los orgullosos padres, vestidos de domingo para la ocasión.

Empezamos a pecar de gula. Empanadas de carne, bacalao y bonito vuelan de bandejas a bocas. Josema I el Santo parte jamón con habilidad descriptible sobre una mesa inestable y bajo una lluvia sin piedad. Cuando creemos que ya hemos terminado de comer, empieza realmente la comida en el comedor interior. Mesa rectangular de un par de kilómetros de larga con unas enormes bandejas llenas de algo cuya forma, olor y sabor yo tenía olvidado desde antes de la caída de las torres gemelas: cigalas y camarones. Parece que seguiremos La mesa desde el ala Estecomiendo. Nos colocamos como buitres alrededor del gran banquete. Me toca el ala oeste donde las risas alternarán entre cigala y cigala. Recordé a mi padre cuando repetía que no había nada más sabroso en este mundo que la cola de una cigala. ¡La cola, la cabeza y hasta el carné de identidad! Los camarones, excelsos. En Galicia los cochinillos no se sirven en bandejas de cerámica como en Segovia, sino en cajas de cartón alargadas como las de la muñeca Barbi. Y no se trocean con un plato sino que se destrozan a cuchillazos. El sabor no decae. El Albariño bendice bocas y esófagos y hace más sonoras las carcajadas. Pastora había preparado un brazo de gitano que a quienes tenemos retrancas racistas nos pareció muslo de payo. Las conversaciones elevan el tono. Mi hermana mayor me muestra como se muestra a los bichos raros en el zoo; va trayendo comensales a mi rincón de mesa y les dice: este es mi hermano; algunas hasta me dan cacahuetes. Mi hermana menor se ríe alternando cigalas y camarones: ¡chiquilla la cáscara no se come que hay para todos!

La mesa desde el ala OesteCarlos, de amena conversación, lleva el maletero de su coche lleno de muestras de Levitra (competidor del Viagra) y nos promete un surtido gratis, lo que nos levanta, nunca mejor dicho, el ánimo y las expectativas a los varones que perdimos lo que suele perderse con la edad; lamentablemente se fue a descansar y nunca volvió. Mari Carmen se pasó la velada luchando con el botón superior de su blusa, quizá en homenaje a ella, la Real Academia Española ha incluido en la última edición del diccionario la palabra canalillo: “Comienzo de la concavidad que separa los pechos de la mujer tal como se muestra desde el escote”. Eli se pasó el fin de semana alardeando de haber eliminado al cáncer sin tener que llegar a la tanda de penaltis. Valen no alardea de nada porque su misión es ocuparse de los demás; por eso Antonio no quiere concluir con ese estado vegetativo en el que, a buen seguro, percibe sus desvelos.

Si yo tuviera que organizar en mi casa un sarao como el que estamos viviendo este fin de semana me tendrían que administrar respiración artificial: Montse y Ernesto II lo hacen como si se tratara de un café con leche. Es verdad que cuentan con Pastora y Malena pero hacen fácil lo difícil. No muestran nerviosismo ni preocupación y eso hace que el ambiente general sea una fiesta permanente.

La esquina Este de la mesa: Valen, Eli y PastoraLa lluvia arrecia por la tarde, así que la chavalería decide jugar al fútbol: Ernesto III y Javier II, además de buena relación como primos, comparten ortodoncia. Hay seguidores del Barsa y del Madrid, de Messi y de Ronaldo. Claudia da estopa a todos los primos porque será campeona de fútbol femenino sin tardar. Josema I el Santo y Javier I el Rápido se unen al partido. Al poco tiempo todos ellos son una mezcla de cochinillo, cigala, barro, agua y heridas. Les va la marcha. Los tranquilos sacamos la tertulia al porche. Algunas lugareñas amenazan con ganarnos al Rummykub pero también queda en el olvido, como el Levitra. Pastora se siente feliz y no lo disimula: está rodeada de los suyos. A Pastora le gusta que los nietos y sus amigos correteen por toda la casa, por toda la finca. Pastora es pura vida.

Y participando feliz en toda la fiesta, el sabio espíritu sereno de Agustín, cuyo corazón decidió jubilarse hace un par de años. Intuyo que en indisimulada complicidad con el de la tía Cachicha con la que comparte confortable vecindad. Pastora, Malena, Teri, Montse, Ernesto: sólo puedo terminar este panfletillo puramente familiar con una palabra: gracias.

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