Una primera pincelada sobre locomotoras, trenes y vías

 

Una japonesa de la numerosa serie 269 en Arcos de Jalón   (Del libro “Vías de Soria” páginas 31 a 34)

No te extrañes si a lo largo de este libro hablo de las locomotoras como si tuvieran sentimientos; no creas que meros elementos metálicos ensamblados son algo sin vida: las locomotoras tienen su carácter, su ternura, fortaleza o pasividad, denuedo o pereza, incluso manías. Si no, que se lo pregunten a las parejas –maquinista y fogonero en el caso de las de vapor- que las tenían a su cargo. El que se definan  mediante series de números no les hace perder su personalidad. También los aviones los reconocemos mediante series numéricas: el 707, 737, 747, A320, MD87, etc. ¿Y no lo hacemos con los automóviles? Un 600, un 850 (¡Dios mío, qué mayor soy!), un C5, un R18… Pero las locomotoras, las más distinguidas, también tuvieron nombres; algunas nombres de familia: chocolateras, verracos, bañeras, cocodrilos; otras nombre propio exclusivo para cada serie: las Bonitas, las Mikado, las Santa Fe, las Confederación, las Atómicas.  Hablaremos un poco de ello en esta introducción, sin ánimo de aburrir, de forma sucinta y breve para que quienes nunca se pararon a averiguar qué indican esas inescrutables series de números en las máquinas de tren, adquieran un somero conocimiento y puedan comprender mejor los pasajes de contenido más ferroviario.

            En el caso de las locomotoras de vapor, las más bellas que jamás han existido, encontrarás normalmente siete cifras separadas mediante un guión entre la tercera y la cuarta. Las tres primeras informan  del tipo de rodaje. Un tipo 231 (ó 2-3-1) nos indica que dispone de dos ejes delanteros libres, tres ejes motores acoplados y un eje libre trasero, normalmente debajo de la cabina de conducción. Cuando el ténder, -el depósito para el agua y el combustible-, está incorporado a la máquina y no enganchado a ella formando un cuerpo independiente, se añade una “T” al tipo de rodaje: 131T, por ejemplo. En Estados Unidos, en lugar de al número de ejes se refieren al de ruedas, y como cada eje tiene dos ruedas, la numeración siempre multiplica por dos cada dígito; en el caso del ejemplo, a las que en Europa tipificamos como 231, allá las denominan 462.

A cada uno de estos tipos específicos de rodaje, en América se les asignaba además una denominación, que importamos los europeos. Las más comunes son Pacific para el rodaje de tipo 231, Montaña para el 241, Mikado para el 141, Consolidación para el 140, Mastodonte para el 240, Santa Fe para el 151 y Confederación para el 242. Nombres que a más de uno le sonarán de los viejos tiempos de la tracción vapor.

Los cuatro números siguientes indican la numeración de la serie decidida por la compañía ferroviaria que adquiría las locomotoras. Algunas veces, el primer dígito de esa segunda parte indicaba el número de cilindros. Como confirmación a lo caprichoso que ha sido el mundo ferroviario en nuestro país algunas series de locomotoras eran conocidas casi exclusivamente por su nombre: Mikado, Santa Fe, Montaña; y otras por su número de serie: las 400, las 2200… 

            Las locomotoras eléctricas y las de tracción diésel tenían simplemente, hasta hace casi 40 años, un número de cuatro cifras que les asignaba libremente la compañía propietaria: en el caso de locomotoras eléctricas fueron series muy numerosas en España: la 7700, armoniosas, nobles, fuertes, inglesas; 7200 y 7500 (las cocodrilos), 7400 (las bañeras), 7600 (bikini las llamaron en Cantabria), 7800 (las panchorgas) y 7900 (las japonesas). Las primeras máquinas eléctricas que surcaron el serpenteante Puerto de Pajares, entre León y Asturias, fueron las 6000 y las 6100, ¡tan de juguete! Las de tracción diésel más numerosas fueron las 1300, las 1600 y 1800 (americanas muy similares), 1900, 2100, 3300 y 4000 (las imponentes alemanas).

La adopción por parte de Renfe de la nomenclatura internacional de vehículos ferroviarios (UIC), en 1971, obligó a modificar, y a complicar como suele ocurrir con los cambios, estas numeraciones. Así, aparecieron las series de seis dígitos, separados por un guión entre el tercero y el cuarto; parecido sistema al visto para las máquinas de vapor, pero ahora con diferente significado. La primera cifra indica el tipo de tracción: 2 para las locomotoras eléctricas, 3 para las locomotoras diésel, 4 para automotores o unidades de tren con tracción eléctrica, 5 para automotores o unidades de tren con tracción diésel. Las dos siguientes se forman con los dos primeros números de la serie: por ejemplo, las 7700 pasaron a ser 277, el 2 por ser eléctrica y el 77 como identificador de la serie. Tras el guión aparece el orden de fabricación dentro de cada serie; así pueden llegar a existir 999 máquinas de una misma serie. Las locomotoras eléctricas más comunes en nuestro país, adquiridas ya en los tiempos de la nomenclatura moderna han sido las 269 (construidas en España con  licencia japonesa) 250, 251 y 252 (ya dotadas estas últimas para vías de ancho ibérico y de ancho internacional).

Primavera en la estación de Aldealpozo, en la línea Soria-castejónY ya que hablamos de estos dos tipos de ancho de vía, digamos que la elección de un ancho entre carriles diferente en España y Portugal al del resto de la mayoría de los países europeos, se produjo a mediados del siglo XIX, cuando se comenzaron a planificar las primeras líneas de ferrocarril en nuestro país. Se eligió una medida equivalente a seis pies castellanos: 1,672 m, cuando ya había sido determinado como ancho británico o universal el de 1,435 m. Tres son las teorías más difundidas sobre las razones para este aislamiento: protección militar y protección comercial respecto a los países del norte, especialmente el vecino galo; y el aprovechamiento de material obsoleto inglés procedente de las primeras líneas escocesas construidas para el mismo ancho de vía que hoy denominamos ancho ibérico. Otras justificaciones más benévolas atribuyen esta decisión a la difícil orografía española, muy montañosa, que requeriría máquinas de mayor potencia y, por ende, con una mayor superficie de caldera. 

            Todos estos datos parecen algo complicados cuando uno se enfrenta a ellos por primera vez, pero tienen su lógica y no sólo los ferroviarios profesionales, sino la mayoría de los aficionados, manejamos con soltura estas cuestiones sin necesidad de dominar las matemáticas.

1 Comentario

  1. Antuan
    Nov 29, 2009

    Hola.

    Si te interesan los trenes y te interesa Soria, mírate ésta página:

    http://www.punchinout.com/vapor3d/vallarizasoria.html

    Saludos.

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook